Jueves 28.05.2020 - 06:14

En la cima de la decadencia moral

La política del coronavirus
Por:

El consenso es casi absoluto: la respuesta de Trump a la crisis económica, en palabras del líder de la Reserva Federal de Estados Unidos, es insuficiente y llevará al país (y al planeta) a una larga recesión. Parece inverosímil que el país más rico del mundo sea incapaz de sustentar a su población en tiempos de crisis. Aún más inverosímil es que el partido en el poder no esté dispuesto, ya no a ayudar a las clases medias, sino a salvar a la economía que controla.

Trump, no obstante, es sólo un síntoma de la decadencia moral del Partido Republicano, que comenzara hace ya varios años. ¿Cómo llegamos a esto? Si bien no hay un solo momento que haya desencadenado la rampante corrupción en el sistema político estadounidense, la decisión “Citizens United” de la Suprema Corte (controlada por los conservadores) en 2008 fue la gota que derramó el vaso.

En esta controvertida decisión, la Corte declaró legales las contribuciones de empresas a campañas políticas a través de Super Pacs (fondos “a favor” de los candidatos, independientes de las campañas oficiales). De esta manera, las corporaciones lograron burlar la prohibición de inmiscuirse en política a través de donaciones a candidatos. El resultado fue la entrada de cientos de millones de dólares a la política estadounidense.

Empresas financian desde esta fecha casi toda campaña política del Partido Republicano (y muchas del demócrata), influyendo así directamente, y no sólo a través de lobistas, en las decisiones de política pública en todos los niveles de gobierno. Es así como el Partido Republicano (no que no lo fuera antes, aunque ahora en mayor medida) se convirtió en el portavoz ya no de sus electores conservadores, sino de unas pocas empresas.

Por años, el Partido Republicano, como herencia del reganismo, pregonó que la reducción de impuestos a las grandes empresas y los cortes a los programas sociales son el secreto para el crecimiento; la crisis de 2009 mostró las claras fallas de este modelo. No obstante, a pensar de que la evidencia y el consenso económico apuntan hacia otra dirección, el partido sigue utilizando estas banderas para conseguir lo que es ahora su verdadero objetivo; no el bienestar de la población, sino el de unos cuantos; gastar lo menos posible en las clases medias y bajas, perdonar deudas y reducir impuestos a los más ricos, y evitar endeudarse (a menos de que sea para salvar a sus amigos, que pagaron por sus campañas).

Mitch McConnell, el líder del partido en el Senado, se ha negado a configurar o aceptar un plan económico verdadero por “miedo a la crisis que podría causar en unos años el incremento de la deuda”. ¿La crisis que podría causar? ¿Y qué hay de la enorme crisis que recorre el país y que ha resultado ya en más de 80 mil muertes y casi 20 por ciento de desempleo? No importa, sus compadres están a salvo.