Guatemala baja los brazos

Trump contra la ciencia
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Las elecciones presidenciales en Guatemala se celebraron al centro de la crisis de migrantes centroamericanos hacia EU. En las semanas de cierre de campañas las noticias reflejaron el tenso pulso que sostenía el gobierno mexicano con la administración Trump, que amenazaba con cobrar aranceles si no se aplicaba mano dura en la frontera sur, implicando en el asunto al gobierno de Jimmy Morales.

Aunque México terminó cediendo y han aumentado las detenciones y deportaciones, además de anunciarse la llegada de 6,000 efectivos de la Guardia Nacional que custodiarán la frontera con Guatemala, los principales candidatos apenas recogieron el tema en sus discursos y propuestas. De hecho, parecería que el tema no fuera toral en la política del país centroamericano, lo cual muestra la renuncia de las autoridades a abordar un colapso económico y social en el país.

Guatemala, como Honduras, se ha vuelto un país inestable que expulsa a sus ciudadanos ante el insostenible escenario de pobreza y violencia que impera en su territorio. Un Estado fallido tomado por la corrupción y cuya economía lleva décadas colapsada ante la mirada de todos y con la participación de poderes internacionales, entre ellos, los estadounidenses. Y ahora, la consecuente migración es rechazada y criminalizada, como si la gente debiera quedarse sentada viendo cómo sus hijos mueren de hambre o son reclutados por grupos criminales a cambio de comida y protección. Es una situación insostenible, es una emergencia humanitaria que ahora es reprimida como si se tratara de una invasión criminal a tierras inocentes.

Los ganadores de la primera vuelta, Sandra Torres y Alejandro Giammattei, representan la continuidad del gobierno, inmerso en corrupción y enfrentado a organizaciones internacionales que lo denuncian. Disputarán la presidencia en agosto, con menos del 50 por ciento de las preferencias en primera ronda aún sumando sus resultados. Esto muestra el descontento, generalizado en el crecimiento de la izquierda, y también el desasosiego de una sociedad atrapada dentro de una democracia que apenas nació y ya se vio colapsada por la corrupción y la pobreza.

Así, Guatemala tendrá una presidencia que continúe la falta de rumbo de los últimos años, ignorando el principal problema que la aqueja y su consecuencia: la corrupción y la migración. Sin embargo, el presidente saliente ha aceptado la presencia de efectivos estadounidenses en territorio guatemalteco y México, por su parte, utiliza todos los eufemismos para negar la militarización de la frontera. Los guatemaltecos se alejan, al menos por un periodo más, de un cambio de rumbo que les dé esperanza. La tristeza recorre América en la mirada de cada niño migrante que no comprende tanta crueldad.