Comprar un accesorio tecnológico por unos cuantos pesos puede parecer una decisión inofensiva, especialmente cuando se trata de un cargador, unos audífonos económicos o un pequeño dispositivo para el hogar. El problema aparece cuando estos productos dejan de funcionar, pierden utilidad o son reemplazados poco después de comprarlos. Esta dinámica forma parte del fenómeno conocido como Fast Tech, una tendencia de consumo que recuerda a la moda rápida, pero trasladada al mundo de los gadgets.
El término se utiliza para describir pequeños aparatos electrónicos de bajo costo que suelen comprarse por conveniencia y utilizarse durante periodos cortos. Entre ellos están los adaptadores USB, las luces decorativas, los miniventiladores, los juguetes electrónicos, las baterías portátiles y algunas computadoras.
El precio es uno de los principales factores detrás de esta tendencia. Cuando un producto cuesta poco, reemplazarlo puede parecer más sencillo que repararlo, especialmente si conseguir una pieza o encontrar un servicio resulta complicado.
A esto se suma la facilidad para adquirir gadgets en plataformas digitales, donde existe una amplia variedad de accesorios y novedades. La combinación de precios bajos, compras impulsivas y expectativas de duración reducidas favorecen un ciclo de adquisición y reemplazo constante.
El bajo precio de un accesorio no significa que su producción carezca de impacto ambiental. Fabricar dispositivos electrónicos requiere materiales, energía y procesos industriales; además, muchos incorporan componentes que necesitan un tratamiento especializado al terminar su vida útil.
El problema se agrava cuando los productos se guardan indefinidamente en cajones o terminan en la basura doméstica. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2022 se generaron alrededor de 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo, pero solamente 22.3% quedó documentado como recolectado y reciclado formalmente.