El camaleón de montaña (Phrynosoma orbiculare), también conocido como tapayaxin, llora sangre o sapo cornudo, que habita en los pastizales y matorrales del volcán Tetlalmanche, en la Sierra de Santa Catarina, entre las alcaldías de Iztapalapa y Tláhuac, está en riesgo por el tráfico ilegal de especies y una infestación de un parásito.
El investigador del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México y especialista en reptiles y ecología, Fausto Méndez de la Cruz, destacó las cualidades de esta especie endémica de lagartija, emblema de la conservación ambiental en el oriente de la Ciudad de México.
“Es una de las lagartijas más carismáticas. De forma aplanada y redonda y con cuernos. Son vivíparos y les llaman llora sangre, porque si se estresan eventualmente pueden brotar chorros de sangre por los ojos”, dijo a La Razón.

- El Dato: Expertos consideran que es poco probable que humanos se infesten con los ácaros, por lo que recomiendan no entrar en contacto con ellos y de ser así, basta con lavarse.
Aunque el reptil tiene apenas 15 centímetros de largo, es fácil reconocer por una corona de cuernos en su cabeza, que en realidad son huesos modificados del cráneo, además, de acuerdo con el investigador de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Juan Manuel Díaz García, está vinculado al ciclo agrícola del maíz.
“Se cuenta que las personas deben acudir al monte a buscar una de estas lagartijas, ya que su tamaño corporal indica el tamaño de la bola de masa para elaborar la tortilla.
“Una vez que se libera a la lagartija, la dirección que tome (derecha o izquierda) indica hacia donde se debe echar la tortilla en el comal”, explicó el herpetólogo.
Por su carisma y belleza, el camaleón de montaña es considerado como una especie bandera, es decir, un baluarte de la conservación en Iztapalapa.
- 106 larvas parasitarias recolectaron los científicos en cuatro reptiles de este tipo
Sin embargo, el animal está amenazado, de acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2010, debido al tráfico ilegal.
“Hay a quienes les gusta tenerlos como mascotas, pero es un error, porque es muy difícil mantenerlos vivos así, sobre todo por la alimentación. No duran con vida más de un par de meses”, apuntó Méndez de la Cruz.
A esta problemática que vive el tapayaxin se suma la infestación de un parásito, el cual, revela un artículo científico, puede transmitir enfermedades a los seres humanos. Esto, indican investigadores, tendría implicaciones de salud pública, así como ecológicas.
De acuerdo con el estudio “Registro de infestación de Eutrombicula alfredduges en Phrynosoma orbiculare en la Sierra de Santa Catarina, Ciudad de México”, publicado por investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa (UAM-I), en marzo pasado, una especie de ácaro (Eutrombicula alfreddugesi) ahora parasita a las lagartijas de la región.
De un color rojo a naranja y una forma redonda, este parásito mide, a lo mucho, un milímetro, equivalente a un grano de arena, por eso este ácaro es mejor conocido como tlazahuatli, que significa “Sarna de la Tierra” en náhuatl. Imágenes muestran cómo están plantados en los ejemplares de reptil estudiados por los científicos de la UAM.
El tlazahuatli, presente en el camaleón de montaña, es de importancia médica, porque puede causar trombidiasis o tlazahuatiasis, una forma de dermatitis asociada a la exposición a larvas del ácaro.
“Genera hinchazón y comezón por picaduras de los ácaros que buscan lugares para depositar sus huevecillos. No causa graves consecuencias en la salud humana, pero pueden transmitir bacterias y generar infecciones, como salmonella, sobre todo en comunidades rurales”, comentó Díaz García.
Por esta relación lagartija-parásito, el tapayaxin también puede ser un vector de hantavirus, tifus o la enfermedad del Lyme, “pero en esta zona del planeta no ha pasado, afortunadamente”, aclaró el biólogo Fausto Méndez.
Pese a ser un Área Natural Protegida, la Sierra de Santa Catarina tiene mucho contacto humano, por ser un punto de senderismo y estar rodeada por múltiples colonias de Iztapalapa y Tláhuac. Esto, indica el estudio de la UAM-Iztapalapa, podría favorecer al contacto accidental con las larvas y aumentar el riesgo de trombidiasis.
“Lo recomendable es no alarmarse. Si bien no se debe minimizar el reporte de infección parasitaria, debe investigarse más. Por ahora, el camaleón de montaña, por sí solo no representa ningún peligro para la sociedad.
“Hay que cuidar dónde colocamos nuestras pertenencias cuando asistimos al monte, si vemos cualquier tipo de animal silvestre no debemos tocarlo ni llevarlo a casa. En caso de presentar tlazahuatiasis, hay que seguir las recomendaciones de un médico”, dijo Díaz García, quien resaltó la importancia de cuidar al camaleón de montaña en Iztapalapa.
Para llegar a este hallazgo, las y los investigadores de la UAM-I capturaron cuatro ejemplares del reptil en la zona, dos machos y dos hembras, y todos estaban parasitados. Encontraron, en promedio, 27 larvas del ácaro por ejemplar, principalmente en cuello, párpados y oídos, “lo que refleja un nivel elevado de parasitación”.
Esta interacción del tapayaxin con el tlazahuatli ya había sido registrada en Tlalpan, Magdalena Contreras y Miguel Hidalgo, pero no había sido documentada en la región oriente de la capital.
Este diario buscó a las secretarías del Medio Ambiente y Salud para saber qué harán para proteger al tapayaxin y a la población capitalina, pero al cierre de edición no hubo respuesta.


