En la investigación del feminicidio de Carolina Flores Gómez, ocurrido en Polanco, la situación jurídica de su esposo, Alejandro, ha cambiado de ser víctima a convertirse en un sujeto clave bajo investigación.
Al ser hijo de la presunta agresora, Erika “N”, y pareja de la fallecida, las autoridades analizan detalladamente su comportamiento antes, durante y después del crimen.
Alejandro, dedicado a la actividad empresarial en Baja California, residía con Carolina en un departamento de la calle Edgar Allan Poe. Actualmente, su testimonio es fundamental para la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.

La relación entre Carolina y Alejandro comenzó hace dos años. Aunque la madre de la víctima describió la relación entre su hija y su suegra como de “problemas comunes”, la evidencia sugiere una obsesión posesiva por parte de Erika “N” que culminó en el ataque.
De acuerdo con el video del caso, él se encontraba en otra habitación y salió con su bebé de ocho meses en brazos al escuchar los disparos. En la grabación se percibe una confrontación directa con su madre.
A pesar de haber presenciado las consecuencias del ataque, los reportes señalan que Alejandro permitió que su madre saliera del edificio sin intentar detenerla ni dar aviso inmediato a las autoridades.
Tres aspectos generan dudas sobre la actuación de Alejandro, el reporte tardío, pues denunció el crimen ante la policía con un abogado 24 horas después de ocurrido.
La comunicación fue deficiente con la familia, ya que avisó a la madre de la víctima un día después y se negó a entregarle a cuidar a su hijo. Además de la posible manipulación de la escena, al haber tardado tanto en denunciar.
Aunque Alejandro acusó directamente a su madre de disparar contra la joven, la Fiscalía mantiene una línea de investigación en su contra. El objetivo es determinar si hubo omisión, encubrimiento o algún grado de participación en el evento.


