Me mato para matarte

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Por:

Mónica Garza

Pocas cosas hay en la vida tan temidas como la muerte, tan incomprendida y dolorosa para los deudos cuando ésta llega de sorpresa, y tan demoledora para los que se quedan cuando ocurre por propia mano del que se fue.

Se suicidó es la frase de las mil preguntas, de las interminables culpas, de los juicios conservadores y la justificación que encuentra su mejor salida en un diagnóstico médico de orden psiquiátrico.

Se suicidó es la sentencia que retumba en las paredes donde se menciona, que hace eco dentro y fuera de quien la pronuncia y de quien la escucha.

Impacta porque en el acto los extremos se tocan, el valor y la cobardía, la planeación y el arrebato, el amor y el odio.

Datos oficiales revelan que en México la tasa de suicidas aumentó hasta un 50 por ciento en el año 2011, por lo que se clasificó como la segunda causa de muerte.

En el año 2012 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)registro cinco mil 190 suicidios, la mayoría eran hombres que oscilaban entre los 20 y los 24 años, como edades de mayor incidencia.

“Crecer duele”, acostumbrábamos decir en un mundo donde el suicidio solía estar en el cajón de los adultos, hasta que se nos empezaron a matar los niños, y eso, mas que incomprensible como sociedad, es aniquilador.

En México, en el año 2009 el Inegi registró 70 suicidios en niños de 10 a 14 años y al día de hoy los números han ido escalando.

La estadística más reciente arroja que del año 2000 al 2010, el suicidio en niños de cinco a 14 años se incrementó un 42 por ciento, lo que se tradujo en 150 homicidios al año en ese rango de edad.

“No los tengo. Los perdí desde hace mucho. Yo no tengo nada y prácticamente no tiene sentido seguir con esto”, se lee en la carta que una niña de sólo ocho años dejó a sus padres antes de quitarse la vida en la bañera de su casa.

Esa carta forma parte de una investigación realizada por sociólogos de la UNAM, a partir de 672 expedientes de suicidas archivados en el Servicio Médico Forense.

Azteca Noticias dio cuenta de este trabajo en un reportaje que transmitió durante esta semana en tres entregas, mostrando un escenario quizá inimaginable en nuestro país y por ende sobrecogedor. El grupo de investigadores analizó durante ocho meses 121 cartas póstumas —muchas de niños—, las escenas del crimen y testimoniales de familiares.

De las conclusiones, dos fueron sin duda las más aterradoras. La primera es que cada vez son más los jóvenes o niños que llevan a cabo un suicidio en México.

La segunda es la que señala el acto del suicidio como una forma de matar simbólica o socialmente a otra persona, a una familia, hasta a una institución. “Me mato para matarte”, sería el mensaje.

Una conclusión que regresa a los conceptos básicos de una parte de la psicología moderna que hoy son discriminados, según me explicó el Dr. Jorge Salazar, médico psiquiatra especializado en psicoanálisis:

“Lo que no es nuevo en las conclusiones de la investigación es que el suicida mata vengativamente a las personas que odia con su propio suicidio”.

“Hace precisamente cien años, Sigmund Freud —a quien ya no se lee ni se cita si no es para denostarlo, tanto a él como al psicoanálisis—, concluyó que el suicidio es, cuando menos, un doble crimen”.

“La carta póstuma es, en este sentido, un doble mensaje que, en forma explícita, disculpa a los demás por los agravios que el suicida padeció, pero implícitamente los culpa por ellos”.

El Dr. Salazar asegura que el suicidio puede prevenirse porque un suicida suele comunicar sus intenciones en forma indirecta, con la expectativa de que alguien lo detenga.

Notas escritas, repetitivas y ritualistas, podrían ser la oportunidad para intervenir a tiempo, aunque señala:

“Lo que ahora ocurre, y explica el incremento de los suicidios en niños y jóvenes, es que no hay nadie que escuche”…

Esta última reflexión resulta tan cierta como lapidaria, porque cuando el foco rojo está en los niños, en nuestro pecado de omisión nuestra penitencia está anunciada.

monica.garza@razon.mx

Twitter: @monicagarzag