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La escultura “El violinista”, del connotado artista español Pablo Gargallo, quien empleó madera forrada de plancha de plomo para crearla, está siendo reparada, informó el Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC), propietario de la obra de arte.
El artista, considerado uno de los grandes escultores del siglo XX, es el único que utilizó estos materiales en una escultura y la degradación de sus partes podría acabar con esta pieza única.
Pablo Gargallo (1881-1934) nació el 5 de enero de 1881 en Maella, Zaragoza. Su padre poseía una herrería, donde aprendió la técnica de la forja.
A la corta edad de siete años, por razones económicas, su familia emigró a Barcelona, lugar en que inició su formación artística con los escultores Eusebio Arnau (1864–1933) y Venancio Vallmitjana (1826-1919) en la Escuela de Bellas Artes de La Lonja.
En esta ciudad donde se desarrollaba el Modernismo, Gargallo frecuentó las tertulias de Els Quatre Gats y mantuvo contactos con jóvenes artistas como el precursor del movimiento cubista Pablo Picasso (1881-1973).
Entre sus primeras obras enmarcadas en el modernismo, destacan “Pequeño desnudo” y la decoración de edificios barceloneses que realizó en colaboración con el arquitecto Doménech I Montaner, como son el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo y el Palau de la Música catalana.
En 1903 obtuvo una beca que le permitió ir a París, Francia, a concluir sus estudios, pese a que su viaje no duró mucho, desde entonces y hasta 1923 se instaló definitivamente en la capital francesa.
En esta ciudad encontró las formulaciones estéticas del cubismo, asimiló sus sistemas expresivos y buscó el esquematismo y la esencialidad de figuras y objetos, tratando de encontrar la auténtica expresión tridimensional de los postulados cubistas.
Tiempo después comenzó a usar los materiales metálicos como la chapa, el cobre o el hierro. De 1911 a 1912 realizó sus primeras máscaras, piezas de gran simplificación, elaboradas con chapas recortadas, ligadas a la estética cubista.
Con las chapas metálicas empezó a sugerir volúmenes y exaltar los huecos, los vacíos, mediante la penetración de la luz en los interiores, ejemplo de ello es “El violinista”, “La toilette” y “El hombre de la pipa”.
En 1920 fue nombrado profesor de Escultura de la Escuela Técnica de Oficios Artísticos de la Mancomunidad de Cataluña. Sin embargo, en 1923 fue destituido por razones políticas al proclamarse la dictadura de Primo de Rivera.
A partir de este momento Gargallo se instaló de manera definitiva en París con su mujer y su hija, y su estilo adquirió una dimensión muy personal, derivada de la interpretación del cubismo.
Misma que se basó en la búsqueda de una síntesis formal de la figura en planos geométricos siempre fluidos y en la valoración de los huecos y los macizos.
En esta época sustituyó los materiales convencionales como el mármol o el bronce por las láminas de hierro forjado y creó un nuevo lenguaje escultórico introduciendo el vacío como volumen y dotando a sus figuras de gran dramatismo expresivo.
Entres sus obras más representativas figuran “Aguadoras”, “El joven de la Margarita”, “El Arlequín” y “El Profeta”, en esta última el artista español intentó esculpir el vacío, el hueco, al contrario de lo que sucedía en la escultura tradicional que se intentaba dar forma al volumen.
La aportación de Gargallo a la escultura contemporánea ha sido considerada la introducción del nuevo concepto de espacio escultórico, pues sugiere la materia en su ausencia, completa la obra en el espacio mediante la adecuación de los contrarios, el vacío y el lleno.
Cuentan sus biógrafos que en 1931 la familia Gargallo Tartanson se trasladó de nuevo a otra residencia, esta vez casi de lujo, en el número 3 de la calle Parque Montsouris, donde tenía como vecinos a Pierre Courthion, viejo amigo suya, y al pintor Amedée Ozenfant, pero Gargallo estaba inquieto y poco adaptado en aquel ambiente excesivamente confortable respecto a sus anteriores experiencias.
En diciembre de 1932 participó en la exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos, que tuvo lugar en la galería Flechtheim de Berlín.
Entonces encontró una casa de tres plantas, con jardín y dos estudios, que les pareció más adecuada, en el número 195 de la calle Vaugirard, a donde se trasladó con su familia a comienzos de 1933.
Allí trabajó alegre, con ilusionado entusiasmo, preparando una exposición para Nueva York y otra para Barcelona. Intentó fundir en bronce “El gran profeta”, al que incorpora, como en “Urano”, el decisivo y revolucionario recurso del vacío total, que no había utilizado antes.
Completó así un admirable ciclo de investigación expresiva del que habían derivado revolucionarias innovaciones en el ámbito de la representación plástica, pero no consiguió ayuda financiera.
La exposición en la galería Brummer de Nueva York, en febrero-marzo-abril de 1934, constituyó un acontecimiento extraordinario, tanto de crítica como de público, lo que no fue suficiente para evitar que Gargallo temiese la opinión, el juicio sobre sus obras, de los amigos de juventud que más estimaba.
La siguiente exposición en la sala Parés de Barcelona supuso un éxito sin precedentes y pronto se habló de llevarla a Madrid. Se le homenajeó con una comida en el hotel Colón, el día 18 de diciembre, pero estaba cansado, cansado de muerte, según escribe a su amigo Soler Casabón.
Viajó, luego, con dos terceras partes de su exposición barcelonesa, hasta Reus, donde el Centro de Lectura le preparó un homenaje; antes pidió a su mujer y a su hija que se reunieran con él.
Agotado, contrajo una bronconeumonía que acabó rápidamente con su vida, falleciendo el 28 de diciembre de 1934, en una habitación del hotel Londres de Reus, tres días después de inaugurada la exposición que le había llevado allí, justo cuando comenzaba a consagrarse como un maestro indiscutible de la escultura contemporánea universal.

