Fotos mv.vatican.va
Hoy hace 500 años se presentaron al público los frescos realizados por Miguel Ángel, Rafael y Boticelli en la Capilla Sixtina. No obstante, en el marco de la celebración, el encargado de los museos solicita que se reduzca el número de visitantes, para proteger las pinturas del polvo y el calor corporal.
La sala donde Miguel Ángel pintó El juicio universal o El juicio final, recibe cada año cinco millones de personas, una cifra muy elevada, de acuerdo con el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, quien declaró a La Repubblica que existe alarma sobre la conservación de la Capilla Sixtina.
“Si no se interviene de inmediato con la instalación de un nuevo sistema de climatización habrá que rebajar el número de visitas para no dañar el patrimonio”, declaró. Pero él no fue el primero, hace un mes, el crítico literario Pietro Citati, escribió en el diario italiano Il Corriere della Sera Citati una invitación al Vaticano a tomar en serio el sistema de climatización, para evitar que se limite la entrada de los turistas y para salvar los frescos.
“Cinco millones de visitantes al año constituyen un arduo problema. La presión del polvo, con la humedad que los cuerpos traen consigo, con el anhídrido carbónico producido por la transpiración, genera incomodidad a los visitantes y, a largo plazo, posibles daños para las pinturas.
“Podríamos reducir el acceso, introducir el número cerrado. Lo haremos si la presión turística aumentase más allá de los límites de una razonable tolerancia y si no lográsemos combatir con una adecuada eficacia el problema”, añadió Paolucci.
“¡No foto!”, “¡No foto!”, “¡no foto!”, gritan los guardias de museo a los turistas japoneses, alemanes, franceses, estadounidenses y brasileños, que intentan tomar fotografías. Esas personas suman hasta 20 mil en un día, lo que permite que en medio de la aglomeración, muchos turistas capturen alguna imagen al perderse entre la gente, o en su caso sean detenidos por los guardias que no paran de gritar “¡no foto!”.
La Capilla Sixtina fue construida a finales del siglo XV en el corazón del Palacio Apostólico de Roma; por su arquitectura, pintura y ubicación, el templo se convirtió en una joya del Renacimiento, principalmente tras el encargo de Julio II a Miguel Angel Buonarroti de decorar la bóveda por cuatro años, de 1508 a 1512.
Mientras tanto, esta noche, el Papa Benedicto XVI realizará un acto inaugural similar al realizado por el papa Julio II el 31 de octubre de 1512, cuando presentó al mundo los murales más impresionantes que, incluso ahora, se hayan visto en otro lugar.
