La Razón estrena suplemento El Cultural

Foto Amaranta Ruiz La Razón

Roberto Diego Ortega —editor, poeta, ensayista y traductor— emprende una nueva aventura editorial con Delia Juárez G. —él, director; ella, editora—: El Cultural, nuevo suplemento de La Razón, que circulará a partir de este sábado.

En entrevista, el autor del libro de poemas Nacer a cada instante (Cal y arena) conversa sobre el sentido de la difusión literaria, los lineamientos editoriales del nuevo suplemento y la propuesta para el lector.

¿Qué significa para usted emprender la aventura de un suplemento cultural en una época en la que en nuestro país han desaparecido decenas de ellos? Es una ocasión muy valiosa, en un momento por demás oportuno. Porque en efecto, no es que los suplementos culturales en México hayan desaparecido por completo, pero tal vez su oferta ha perdido interés, novedad, sentido periodístico. Hay una especie de letargo, una rutina que francamente nos interesa subvertir. Este nuevo suplemento será un espacio para ventilar nuestra cultura, reanimar el diálogo y también la discusión; establecer deslindes críticos para saber dónde estamos, cuál es el valor o el sentido de las propuestas disponibles para un público interesado en las artes, en la cultura y particularmente en la literatura.

¿Cuáles fueron los lineamientos para perfilar el primer número de El Cultural? En el editorial planteamos un hilo conductor no sólo para el número uno: es también un proyecto de largo plazo. Es como una travesía en busca de nuevas estaciones, nuevos registros del arte y la cultura. Para esto, nos proponemos abrir las puertas al periodismo cultural, la crítica y la creación en sus diversas formas. Optamos por la pluralidad, la calidad y la exigencia, y nos alimentamos de una herencia ilustre en la prensa mexicana: la tradición de los suplementos y las revistas culturales que por lo menos desde el siglo XIX han ampliado el horizonte de la cultura mexicana y han sido el espacio natural para sus expresiones, para sus desafíos, el gran laboratorio de la cultura y las letras mexicanas. De modo que nos afiliamos a esa herencia. Buscamos cultivarla, continuarla, dialogar con ella. Además de esto, rescatar o señalar la novedad y la originalidad que nos revela no sólo nuestro presente, sino también nuestro pasado: queremos establecer vasos comunicantes, distinguir, valorar sus afinidades y contrastes.

En el primer número de El Cultural abordamos un rasgo que deriva de la barbarie del poder, recorre todo el siglo XX, se extiende al siglo XXI y continúa frente a nosotros: el exilio. Ha provocado el destierro de legiones de escritores y artistas del mundo entero, que debieron abandonar sus raíces, adaptarse a culturas desconocidas e incluso apropiarse de idiomas ajenos, como Charles Simic, el gran poeta de origen serbio (destinado a ganar el Premio Nobel, si el tiempo lo permite) que publicamos en esta ocasión.

Confluyen al tema del exilio las experiencias de Hannah Arendt, figura principal del pensamiento y la filosofía alemana del siglo XX, desterrada, al igual que Simic, por la Segunda Guerra Mundial, y de la poeta Ida Vitale, a su vez obligada al exilio por la dictadura uruguaya en 1973 o 1974 (los datos varían). Desde esa trama elaboramos esta edición, titulada “Poesía / pensamiento / exilio”.

Para las tres entregas siguientes anunciamos una serie, revisión y panorama de la literatura mexicana en los quince años transcurridos del siglo XXI. La primera entrega aborda la narrativa, en particular la novela, el cuento y la crónica. Luego dedicaremos otro número a la poesía mexicana del siglo XXI, y por último una revisión del ensayo. Tres críticos perfilan un balance de la literatura mexicana reciente, un diagnóstico de sus propuestas y títulos clave, de sus retos, fortalezas y posibles debilidades.

Tendremos el rescate y la revisión de autores, que nos resultan indispensables, pero además abriremos la baraja —no sólo a las letras, sino a las artes en general— y abordaremos muchos otros ángulos de la cultura, incluso a través de fenómenos sociales, modas,

tendencias, etcétera.

¿De qué manera contrasta la edición de libros con la de un suplemento cultural? Yo he sido editor toda mi vida, he perdido la cuenta del número de revistas y libros de los que he sido responsable. Claro que la edición de una revista o de un libro implica sobre todo llevar un texto original a su mejor expresión, claridad, limpieza, tanto en su aspecto literario como en su factura o calidad editorial.

La dirección de un suplemento implica un reto de otra especie. Desde mi punto de vista, la diferencia fundamental es el interés periodístico que un suplemento demanda para poder conectar con sus lectores. Así que el gran desafío, el gran atractivo de hacer un suplemento comprende, desde luego, ser consistente con una línea editorial, pero que incluya por principio la libertad, el placer de anticipar, de imaginar cada edición, para encontrar a ese lector que de algún modo nos espera.

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