“Una paleta de cinco colores en la escultura mexica: ocre, rojo, azul, blanco y negro, podría aludir no sólo a cuestiones prácticas sino al simbolismo asociado a los puntos cardinales”, afirmó el arqueólogo Leonardo López Luján, del Instituto Nacional de Antropología e Historia durante la jornada inaugural del Coloquio Internacional “Color Tlapalli. El cromatismo en el arte grecorromano y mexica”, que hasta este miércoles 18 de enero tendrá lugar en El Colegio Nacional.
López Lujan, director del Proyecto Templo Mayor, inauguró el ciclo de pláticas del encuentro, dedicado a la investigación en campos de escultura policroma, pintura mural y códices de esas antiguas civilizaciones.
El experto dio a conocer datos de paletas pictóricas utilizadas por la cultura mexica, las que dividió en dos tipos: una de ellas es la impresa en los códices, que abarca una veintena de colores, y otra reducida a cinco tonos, que dio vida a la pintura mural y a la escultura de gran formato, vinculada con el simbolismo de los puntos cardinales y el centro.
Explicó que el reducido uso de colores en los murales y las esculturas mexicas puede deberse a una estrategia para resistir los efectos del clima, lo que requería pigmentos más fuertes, de ahí que sean de carácter inorgánico.
La mezcla con la que se conseguían los colores era básica para la resistencia de la pieza; el azul se lograba con arcilla y planta del índigo, el blanco de la calcita, el negro del carbón vegetal, el rojo de hematita y el rojo vino provenía de una mezcla de hematita y titanomagnetita, todos fijados posiblemente con mucílago de orquídea.
“El color imprime vida, naturalismo y realismo en las esculturas; pero también sirve al espectador para que logre una mejor legibilidad de la obra; así como a transmitir códigos y significados muy específicos sobre las mismas”, agregó.

