La muestra de Delacroix más grande en América

Foto: larazondemexico

En Nueva York, EU

¿Qué más se puede decir de Eugène Delacroix que no hayan señalado ya grandes como Cézanne o Picasso? El primero lo dijo de manera simple y llana: “nos puedes hallar a todos nosotros… en Delacroix”; el segundo fue más directo: “ese bastardo es realmente bueno”.

Incluso en el primer piso del Museo Louvre de París, en la sala Mollien, una de sus obras capta la atención de los visitantes que recorren la galería dedicada al romanticismo francés. Es la segunda más fotografiada después de la Mona Lisa, de Leonardo Da Vinci. Se trata de La Libertad guiando al pueblo, la más icónica de las pinturas del artista, uno de los más importantes en la historia y cuya influencia se puede apreciar, como bien lo apuntó Cézanne, en todos los impresionistas, desde Monet y Gauguin hasta Van Gogh.

[caption id="attachment_848534" align="alignleft" width="277"] Autorretrato con chaleco verdeCa. 1837Óleo sobre tela65 x 54.5 cmMusée de Louvre, París[/caption]

Sin embargo esta pintura, que lo mismo aparece en portadas de libros que en pósters, ha tendido un velo de oscuridad sobre el propio artista, cuyo nombre es reconocido, pero no así su obra, la cual sigue siendo desconocida y hasta incomprendida, considera Asher Miller, el curador de la exposición Delacroix, que desde el otoño pasado se exhibe en el Museo Metropolitano de Nueva York, luego de cuatro años de trabajo.

“En el Louvre sólo hay una obra directamente relacionada con la política, que es La Libertad guiando al pueblo. Él no estaba desinteresado de la política, pero vivió durante una era de turbulencia. Esta pintura es, en muchos sentidos, la más singular de sus obras porque no es un tema que haya abordado antes o después en su carrera. Hay mucho más qué ver. Es la oportunidad de ver todos las aristas de un gran pintor y un gran filósofo”, dijo en entrevista para La Razón.

Esta enorme y prolífica carrera de un pintor que a menudo es calificado de genio queda claramente representada en la exhibición del Met, que reúne la mayor cantidad de obras de Eugène Delacroix desde 1963, cuando engalanó las galerías del Louvre en la primera gran retrospectiva del autor en el siglo XX.

Con más de 157 piezas entre pinturas de gran formato, manuscritos y bocetos, muchos de los cuales jamás habían sido  exhibidos en este continente, Delacroix es la primera y más exhaustiva muestra en América dedicada al artista melómano, que prefería la amistad de escritores como Stendhal y Baudelaire y de músicos como Chopin, Pagannini y Schubert, antes que la de pintores.

“Se trata de un artista cuyo nombre es bien conocido, sin embargo no hay un entendimiento de su obra por parte del público en general e incluso de académicos”, comentó Asher Miller.

“Él es una figura compleja y profundamente reflexiva. Su reputación se basa principalmente en un número pequeño de sus pinturas en gran formato, que están en el Louvre, pero su carrera se extiende a lo largo de cuatro décadas, en las cuales fue tremendamente prolífico. Su obra no es muy conocida entre el público”.

En este sentido, el curador del Met destacó la la importancia de ampliar la visión que se tiene del artista, por lo que invitó al público a mirar a Delacroix con detalle, es decir, conociendo los elementos de los cuales se valía el francés en sus obras.

“Una de las cosas que hemos hecho es que hemos integrado pinturas, dibujos, impresiones, así como manuscritos del artista para dar una idea de cómo era su proceso creativo”, explicó Miller.

[caption id="attachment_848529" align="alignleft" width="279"] Mujeres de Argelen sus habitaciones1834Óleo sobre tela180 x 229 cmMusée du Louvre, París[/caption]

“Parte de lo que se revela con el solo hecho de tener su obra en las galerías es la conversación que tienen las pinturas entre sí. Lo que realmente buscamos es que la gente no sólo conozca la evolución del artista, sino que realmente observe su obra. No son ilustraciones en un libro, son sus pinturas, y es muy raro verlas, pues muchas no han sido exhibidas en décadas. La oportunidad de tenerlas reunidas en un solo lugar es verdaderamente impactante”.

Divida en los tres periodos creativos del artista, que al principio de su carrera llevaba un diario, el cual interrumpió por casi 30 años, la exhibición se presenta de manera cronológica y temática, concepto curatorial que permite apreciar su evolución.

También queda latente la importancia temprana que le dio al retrato, al principio con imágenes de familiares y amigos e incluso autorretratos.

Como parte de su primer periodo, conocido como La Docena, que abarca de 1822 a 1834, la exhibición reúne retratos en los que utilizó a modelos reales, como los que elaboró de su primo, Léon Reisener y Retrato de Aspasie, pintura que el autor conservó en su propio estudio casi hasta el final de su carrera y en la que utilizó a una modelo mestiza que muestra parcialmente un seno, obra que conjunta elementos de un estudio y de un retrato, además de claroscuros.

[caption id="attachment_848530" align="alignright" width="226"] Grecia en las ruinas de Missolonghi1826Óleo sobre tela213 x 142 cmMusée des Beaux-Arts, Burdeos[/caption]

A este mismo periodo pertenece otra de las joyas de la exhibición: Grecia en las ruinas de Missolonghi, obra en la que Delacroix retoma iconografía cristiana, como la bata blanca y el albornoz azul, comúnmente asociados a María Inmaculada y que el autor utiliza para representar a una Grecia que abre las manos en señal de impotencia y tristeza.

La obra está inspirada por el sitio de Missolonghi a manos de fuerzas otomanas en 1825, que culminó con la masacre de la población griega al intentar romper el cerco para escapar de la hambruna y las enfermedades.

Desde esta temprana época, Eugène Delacroix subrayó la importancia del color en su obra.

Con este tipo de pinturas, además de sus lienzos monumentales, que se conservan en el Louvre, el autor buscaba la fama, la novedad y la libertad; objetivos que tuvo durante esos 12 años en los que se encumbró, al grado de que el director de los Museos Reales, Auguste de Forbin, se aseguró de que el Estado francés comprara la obra del artista.

[caption id="attachment_848528" align="alignleft" width="237"] Retrato de AspasieCa. 1824Óleo sobre tela81 X 65 cmMusée Frabre, Montpellier[/caption]

Pero los eventos históricos no fueron la mayor fuente de inspiración de Eugène Delacroix, apunta Asher Miller. El artista reinterpretó y buscó inspiración en textos de novelistas como Lord Byron y Walter Scott, quienes escribieron épicas ideales para que el artista les imprimiera acción y movimiento.

“Delacroix sostenía que los temas que él elegía eran dignos de un gran arte equivalente a las obras de los grandes maestros, cuyas pinturas vio en el Louvre, donde él se inspiraba”, señaló Miller.

Delacroix, quien ocasionalmente recurría a la provocación, pues tenía claro que la opinión pública era determinante para construir la fama y reputación, retrata la orgía y la sangre de La muerte de Sardanápalo, inspirada en una historia del novelista inglés Lord Byron, y en la que elige el exoticismo descrito puntualmente con claroscuros y detalles de telas y alhajas en una escena brutal.

La obra, una de las más importantes de Delacroix, es un ejemplo de la creación del artista en el periodo de 1835 a 1855, el cual estuvo marcado por sus murales y un diálogo con la tradición, como en sus recreaciones de La Batalla de Nancy o La Batalla de Poitiers, obras que están en la muestra.

[caption id="attachment_848531" align="alignright" width="241"] Cristo en la cruz1846Óleo sobre tela80 x 64.1 cmThe Walters Art Museum, Baltimore[/caption]

En cuanto al papel que la literatura jugaba como inspiración, la exhibición muestra aguafuertes que el artista realizó sobre Fausto, de Goethe, y al Hamlet, de Shakespeare, en óleos de mediano formato.

En una de las salas de Delacroix, los estudios sobre tigres y caballos dejan ver el interés del pintor por otras culturas, en particular su atracción por la África del Norte, fuente de inspiración para una de sus pinturas más famosas, Mujeres de Argel en sus habitaciones, donde una vez más se refleja el manejo osado que tenía de los pinceles y del color.

Hacia el final de su carrera artística, periodo que abarca inmediatamente después de su gran retrospectiva de 1855 hasta su muerte, en 1863, el pintor retoma su diario y comienza a interesarse más en los paisajes y en el papel creativo que juega la memoria.

A esta etapa pertenecen flores y naturalezas muertas.

En general, la muestra permite al visitante conocer la obra de este pintor, cuyos objetivos siempre fueron la búsqueda de la singularidad y el poder expresivo de la pintura.

“Delacroix es uno de los grandes genios en la historia del arte”, concluyó Miller.