Domingo 20.09.2020 - 21:18

A 100 años de su nacimiento

Idea Vilariño, la poeta que deletreó la muerte, la soledad y el amor

Labró una lírica sin antecedentes en la literatura uruguaya del siglo XX; se caracteriza por un lenguaje directo, punzante, incisivo, angustiante y, a veces, irracional

Idea Vilariño
Idea VilariñoFoto: Especial
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Idea Vilariño (Montevideo, Uruguay, 18 de agosto, 1920–ídem., 28 de abril, 2009) escribió: “Sola / sola bajo el agua que cae y que cae. / Los ruidos se agrisan, termina la tarde, / y siento que añoro o deseo algo, / quizás una lágrima que rueda y que cae. / [...] / Sola, / sola y triste, lejos de todas las almas, / de todo lo tierno, de todo lo suave. / Silencio, tristeza, la muerte más cerca / en el marco triste y sin luz de la tarde”. Tenía 17 años de edad: ya transitaba en desnudez total, distante y sigilosa, por los atajos más arriesgados de la poesía uruguaya.

Poeta, crítica literaria, compositora de canciones, docente y traductora: Idea Vilariño hoy, martes 18 de agosto de este aciago 2020, cumple 100 años. Figura destacada de la llamada Generación del 45 (Ida Vitale, Juan Carlos Onetti, Emir Rodríguez Monegal, Alfredo Gravina, Ángel Rama, Mario Benedetti, Amanda Berenguer...), labró una lírica sin antecedentes en la literatura uruguaya del siglo XX.

El amor, la soledad, el quebranto, la muerte, el dolor, el silencio, la ausencia, el recuerdo, los desequilibrios/consonancias de la vida y los embates del tiempo, entre otros argumentos afines, marchan por los folios de los Primeros textos (1937–1944) y los diez cuadernos que tienen ‘iniciación editorial’ con La suplicante (1945) y continuación con Cielo Cielo (1947, Paraíso perdido (1949), Por aire sucio (1951), Nocturnos (1955), Poemas de amor (1957 /1984), Pobre mundo (1966), Poetas (1971), No (1980) y Canciones (1993).

Gráfico

Estrofas carentes de efectismos y tretas lingüísticas: el flujo del lenguaje directo, preciso, punzante, incisivo, árido, angustiante y, a veces, irracional se hace patente desde una gradación anímica que es un cifrado de la consciencia del ser vencido, extenuado, inerme y expatriado en el desconsuelo. Hay indiscutiblemente retumbos de Camus, Sartre y sobre todo de su compañero de Generación el narrador Juan Carlos Onetti. “Este dolor raíz esencia de este / pobre cuerpo que habito / que soy / que me hace ser / este dolor sin ecos / de pétalos arrancados /que a veces totalmente se vacía en mi forma / que es como una ventana cerrada al infinito / este dolor oscuro rasgado delirante”.

Soledad, angustia y dolor: tres ángulos de un cartabón en que las circunstancias de la vida se humedecen de un transcurrir de sucesivos gestos (“Qué fue la vida / qué / qué podrida manzana”), los cuales invocan a la muerte: liberación y también clamor. “Ven muerte que espero / si fuera un dios voraz / alguien que oyera alguien / que comprendiera / toda esta noche toda / estaría clamando / rompiendo el aire el techo el cielo / con mi voz”. Vilariño, reflejo de una poética desgarrada del yo.

El ritmo, elemento constructivo que empalma el argumento y la fonética en la indagación de una oralidad que deriva en cualidad de decir. A la autora de Por aire sucio (1951) le interesa el ‘movimiento de sentido’ en el poema por encima de la ‘unidad de sentido’: fluctuación del habla en la escritura del yo. Idea Vilariño escribe no como una imitación de lo verbal, sino como una construcción sustentada en los vaivenes del lenguaje escrito.

Material biográfico poetizado: lo que se ha vivido y asimismo, lo que se ha consentido; lo íntimo y lo visible en las demarcaciones de sus múltiples significaciones. Montaje en que las reiteraciones, disociaciones, insinuaciones intermitentes de un mismo significado, interrogaciones y encabalgamientos en la estructura de la estrofa derivan en un coloquialismo (decir ‘respiratorio’ de un contenido) muy exclusivo: “Soy mi padre y mi madre / soy mis hijos / y soy el mundo / soy la vida / y no soy nada / nadie...” (Del poema “Una vez”/ Nocturnos, 1955).

Poeta de la ira sigilosa, de la nostalgia susurrada, del ardor recóndito, del sufrimiento calmoso, del desaliento agrietado y de la angustia ondulante, quien suscribió con intensidad emocional gestualidades que brotan del significante para puntualizar el significado: ausencia de puntuación, cortes desiguales, brevedad, acentuación, contrapuntos, asincronías, expresividad deliberada y privativa concepción textual: axiomáticos aportes de Vilariño a la poesía hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX (Ida Vitale, Blanca Valera, Alejandra Pizarnik, Rafael Cadena, Olga Orozco, Eugenio Montejo, Cristina Peri Rosi, José Emilio Pacheco, Juan Gustavo Cobo Borda, Enriqueta Ochoa, Coral Bracho, David Huerta...).

Cien años del nacimiento de una mujer acorralada por un espiritual apremio, que se debatió entre la muerte y los derroches de la vida sin importarle las súplicas simuladas de la pasión: “Qué me importa el amor, lo que pedía era tu ser entero para mí, en mi vida”, escribió poco antes de morir.

Algunas acotaciones:

“Era una mujer tan reprimida que por eso la pasión hizo de ella los estragos que hizo. Sus poemas fueron la tabla de salvación para no suicidarse. No fuimos amigas, nos respetábamos. Ella no era nada comunicativa, era muy solitaria, fría distante y reservada. Algo en ella me hacía pensar que no era muy dada a los sentimientos: siempre ponía una distancia como para protegerse. Rompió con la tradición de la poesía modernista en Uruguay atiborrada de adornos y metáforas. Imprimió una intensidad, que es paralela a su despojamiento. Su vigor viene de la emoción directa, de ese enfrentamiento, despojado con sus sentimientos”, ha dicho su compatriota, la escritora Cristina Peri Rossi.

Asmática y enfermiza desde niña, padecía de un extraño padecimiento cutáneo que le provocaba dolorosas erupciones (eccemas), las cuales le hacían perder la piel en partes sensibles de su cuerpo. / Locamente enamorada del narrador Juan Carlos Onetti (1909–1994), con quien vivió una relación sentimental marcada por la vacilación, le dedicó varios poemas punzantes y desgarrados. El libro Poemas de amor (1957/1984) está consagrado al autor de Tan triste como ella.

“Con qué escribía Idea Vilariño: con un cuchillo afilado, con la sangre que brota del cuchillo afilado, con la carne abierta del cuchillo afilado. Ese cuchillo quiebra la vida, y con el gesto prende la mecha del poema: poemas en torno a la muerte, a la soledad y al vacío, tejidos con el silencio y la palabra exacta, siempre en tensión con el amor y el deseo; versos, en resumen, sobre la forma en la que nos relacionamos con nosotros y con los demás, sobre la forma en la que nos construimos. Ahí late ‘Ya no’, su poema más célebre: esa letanía de experiencias con las que se contaban pero que jamás se vivirán, y en la que Vilariño se despide de una relación y se despide –al mismo tiempo– de la cotidianidad que esa relación le habría deparado. O ‘Cuando compre un espejo para el baño’, ese poema sencillo y brevísimo, con un extraño tono humorístico, en torno a la idea que uno mismo erige sobre sí”, suscribe la poeta española Elena Medel.

Compositora de algunos textos de canciones populares de Uruguay, destacan: A una paloma (musicalizada por Daniel Viglietti), La canción y el poema (musicalizada por Alfredo Zitarrosa), Los orientales y Ya me voy pa' la guerrilla (musicalizadas por Los Olimareños).

Poemas

Por Idea Vilariño

Ya no será...

Ya no será,

ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa, no te tendré de noche

no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui

por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca

ni si era de verdad lo que dijiste que era,

ni quién fuiste, ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido vivir juntos,

querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú

Ya no serás para mí más que tú.

Ya no estás en un día futuro

no sabré dónde vives, con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche, nunca.

No volveré a tocarte. No te veré morir.

Si muriera esta noche...

Si muriera esta noche

si pudiera morir

si me muriera

si este coito feroz

interminable

peleado y sin clemencia

abrazo sin piedad

beso sin tregua

alcanzara su colmo y se aflojara

si ahora mismo

si ahora

entornando los ojos me muriera

sintiera que ya está

que ya el afán cesó

y la luz ya no fuera un haz de espadas

y el aire ya no fuera un haz de espadas

y el dolor de los otros y el amor y vivir

y todo ya no fuera un haz de espadas

y acabara conmigo

para mí

para siempre

y que ya no doliera

y que ya no doliera.

Desnudez total

Ya en desnudez total

extraña ausencia

de procesos y fórmulas y métodos

flor a flor,

ser a ser,

aún con ciencia

y un caer en silencio y sin objeto.

La angustia ha devenido

apenas un sabor,

el dolor ya no cabe,

la tristeza no alcanza.

Una forma durando sin sentido,

un color,

un estar por estar

y una espera insensata.

Ya en desnudez total

sabiduría

definitiva, única y helada.

Luz a luz

ser a ser,

casi en amiba,

forma, sed, duración,

luz rechazada.