Foto Especial
Una llama por cada nación participante en Londres 2012 y siete jóvenes promesas del deporte de Gran Bretaña encendieron el fuego olímpico que arderá los próximos 16 días. Los británicos sorprendieron en la ceremonia de apertura, se salieron del guión histórico y con un
inusual acontecimiento, apelaron a la sangre nueva para inaugurar la trigésima edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna.
Doscientas cuatro flamas, que se erigieron en el centro del estadio olímpico de Londres ,que representan la unión de los países contendientes, formaron un inmenso y peculiar pebetero.
Revolución Industrial. La Reina Isabel II. James Bond. Harry Potter y J. K Rowling. Peter Pan. Mary Poppins. Beatles, The Rolling Stones, Queen, The Who, Sex Pistols. El símbolo del amor y la paz. Humor británico, estelarizado por Rowan Atkinson (Mister Bean). Tim Berners-Lee, padre de Internet… La cultura, historia y costumbres que definen al Reino Unido es lo que el cineasta británico, Danny Boyle, intentó y logró plasmar en el estadio olímpico de Londres, con una puesta en escena que impactó al planeta.
Los 554 millones de pesos que costó la ceremonia de inauguración fueron bien invertidos. Boyle, reconocido por producciones como Trainspoiting y ¿Quién quiere ser millonario?, no defraudó y se encargó de convertir el inmueble londinense en un set de filmación.
Bradley Wiggins, primer campeón británico de la tour de Francia, fue el encargado de dar la campanada que abrió el evento. Fue la evolución histórica de la Gran Bretaña rural a la industrial lo primero que el cineasta quiso evocar. El actor Kenneth Branagh, caracterizado como el ingeniero Isambard Kingdom Brunel, personaje fundamental en la Revolución Industrial, apareció para recitar un fragmento de la obra de Shakespeare, La Tempestad, y así tocar el tema familiar, y el de la reconciliación.
La corona, encabezada por Isabel II, no podía excluirse de la apertura. La participación de la soberana británica fue uno de los momentos más especiales del evento, pues destrozó los protocolos y estigmas que existen en torno a la familia real.
La Reina se prestó a un montaje en el que, acompañada de Daniel Craig, en el rol del agente 007, James Bond, arribó al recinto olímpico en helicóptero, culminando el momento con un salto en paracaídas que arrancó los gritos de júbilo de las 80 mil personas que estuvieron en el estadio.
La música, la literatura y el cine británicos también recibieron un homenaje. La Orquesta Sinfónica de Londres entonó el tema Chariots of Fire, de Vangelis, pero tuvo un ingrediente curioso, pues Mr. Bean (Rowan Atkinson) apareció tocando el piano, en uno de los más divertidos momentos de la inauguración.
El punto solemne de la noche llegó cuando los presidentes del comité organizador, Sebastian Coe, y del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, destacaron los valores del olimpismo. Rogge cedió la palabra a la Reina Isabel II quien se encargó de declarar la inauguración de los JO.
Luego el fuego cruzó el río Támesis custodiado por David Beckham, quien lo entregó al seis veces medallista olímpico Steve Redgrave y lo llevó hasta una escolta de siete deportistas, lo cual aumentó la expectación de los presentes.
No fue una figura del deporte británico encomendada a encender el pebetero. Ante la mirada de aficionados, deportistas y voluntarios, los noveles atletas se acercaron al centro del estadio y pusierone el fuego en pebetros instalados en una estructura que parecía una flor.
Sir Paul MacCartney aderezó el emotivo instante al cantar uno de sus icónicos temas: Hey Jude... Y ahora es turno de los 10 mil 500 deportistas que dejarán su alma en la búsqueda de la gloria olímpica.
