AL MARGEN

Por un corredor cultural Moneda

Por un corredor cultural Moneda
Por un corredor cultural Moneda Foto: Fuente > Colección Eduardo Zárate

LA CALLE DE MONEDAtiene la singular capacidad de coronarse como la Primera Calle de la Ciudad de México en más de un aspecto: fue ahí donde se instaló la primera imprenta, la primera universidad, y la primera casa de moneda, las tres del continente americano; en esta última se fundó también el primer museo de México; además, por si fuera poco, la calle remata (del lado opuesto al Zócalo) con la primera academia de arte de Latinoamérica. No es exagerado afirmar que no hay ninguna calle en la capital que concentre tanta oferta cultural —en tan sólo dos cuadras. Recorrerla nos evoca a José E. Iturriaga, quien alguna vez, y elocuentemente, recordó que “cuando en México ya existía la primera universidad de América y la primera Casa de Moneda, en la isla de Manhattan todavía pastaban los búfalos”.

Para nuestra fortuna, todos los edificios que antaño resguardaron a estas instituciones perviven, y en un sentido doblemente relevante: no sólo es que se conserven, sino que siguen vivos. Son museos, centros culturales, y escuelas; su historia, además de pertenecer al pasado, habita en el presente a la espera de que nos la apropiemos. Su vocación pública es igualmente doble: por un lado, sus puertas están abiertas a todo público, por el otro, pertenecen a instituciones culturales y universitarias del Estado.

CON ESTOS ANTECEDENTES, se propuso la creación de un Corredor Cultural Moneda. Pocas cosas parecían más obvias, si hay un espacio de la ciudad que es idóneo para ello —más aún, que lo merece— es éste. Sin embargo, un año después los resultados son limitados. A pesar del impulso de los diversos espacios que lo integran (Museo UNAM Hoy, Museo de Arte de la SHCP, Casa de la Primera Imprenta de México, Ex Teresa Arte Actual, Museo de las Culturas del Mundo, Academia de San Carlos) y de las instituciones a las que pertenecen (UNAM, INAH, INBA, Secretaría de Hacienda, UAM), la iniciativa ha tenido poco eco entre las autoridades de la capital.

Una propuesta nodal era realizar más actividades conjuntas, pero las buenas intenciones han sido truncadas por las problemáticas desatendidas.

Se trata de una realidad compleja que va más allá del comercio informal al que a menudo se le atribuye la mayor carga; el gran reto es la accesibilidad limitada debido a las vallas de la entrada, pues sus implicaciones abarcan desde una baja convocatoria a las actividades, hasta preocupaciones de protección civil frente a una posible emergencia. Si bien se debe reconocer la importancia de Palacio Nacional para la vida política del país y las necesidades de seguridad apremiantes que requiere un espacio de esa naturaleza, tampoco parece haber mucho interés por encontrar un punto medio que nos permita el disfrute pleno de un patrimonio cultural que es nuestro.

El potencial que ofrece el corredor Moneda para la cultura y el turismo debería ser prioritario, sobre todo de cara a la Copa del Mundo, por lo que sorprende la nula atención que el Gobierno de la Ciudad de México y la Autoridad del Centro Histórico le han brindado.