LOS IMPRESENTABLES

Un héroe en la hoguera: Guillén De Lampart

Un héroe en la hoguera: Guillén De Lampart Foto: Cortesía del autor

LA VICTORIA ALADA que domina el entronque de Paseo de la Reforma con las calles de Florencia y Río Tíber fue inaugurada el 16 de septiembre de 1910 por el gobierno de Porfirio Díaz. Su diseño corrió a cargo del ingeniero y arquitecto Antonio Rivas Mercado. La base superior de la columna es custodiada por las estatuas, esculpidas en Carrara, de los héroes patrios Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Francisco Javier Mina y Nicolás Bravo.

Debajo de ellos, en las esquinas de la base inferior, apenas unos metros por encima del pedestal escalonado, cuatro mujeres ungidas en tronos personifican el sueño porfiriano: la Ley, la Justicia, la Guerra y la Paz. Al centro de la base se incluyó un enorme león guiado por un niño, alegoría del pueblo: “fuerte en la guerra y dócil en la paz”, en palabras de Rivas Mercado. La bestia y su guía cuidan la entrada a la cripta donde yacen los restos mortales de los próceres.

Pero de todas las efigies, diseñadas por el escultor Enrique Alciati, una quedó oculta a la vista del público. Dentro de la tumba solemne, un migrante irlandés llegado a la Nueva España en el siglo XVII, custodia en la sombra las puertas de la “Gloria”. Se trata de Guillén De Lampart. Corsario, poeta místico, soldado y conspirador, este personaje olvidado por los anales de la historia encontró refugio en el corazón mismo de la capital. El escritor y académico mexicano Mauricio Tenorio Trillo se refiere así a la vida y obra del héroe impresentable:

De Lampart […] llegó a la conclusión de que España no tenía derechos soberanos sobre la Nueva España a través de una extravagante lectura de la Biblia; así, tramó un movimiento independentista en el s. XVII. En fin, una vida de novela. Tras años de persecuciones y varias exoneraciones, finalmente fue quemado por la Inquisición en 1650.

Su vida de novela era en definitiva un capítulo problemático para la reconstrucción porfirista del pasado del país. “Para los liberales jacobinos, anticlericales, De Lampart representaba la oportunidad de incluir en el monumento a la Independencia una heroica víctima de la oscuridad y la crueldad de la Iglesia.” El hereje irlandés ardió en el Quemadero de la Santa Inquisición, en la plaza principal de la más importante colonia española. Lo acusaron de hechicería y pactos con el diablo, pero la verdadera causa de su muerte fueron los escritos incautados por los inquisidores: la Propuesta al Rey Felipe IV para la liberación de Irlanda y la Proclama insurreccional para la Nueva España.

No por todos olvidado, el irlandés llamó la atención de dos grandes intelectuales. Vicente Riva Palacio se centró en su vida para una de sus novelas históricas Memorias de un impostor, publicada en 1872; y, en 1908, el cronista mayor Luis González Obregón escribió Don Guillén de Lampart: La Inquisición y la independencia en el siglo XVII.

En la más suntuosa de las caverna, la estatua a De Lampart lo representa en el cadalso, atado a un poste de madera, momentos antes de arder.