EL CORRIDO DEL ETERNO RETORNO

Confieso que he esnifado (libros de música)

Dj Guagüis y ex guitarrista de Las Ultrasónicas.
Dj Guagüis y ex guitarrista de Las Ultrasónicas. Foto: Cortesía de Ali Gardoqui

T

eo me da la bienvenida. Sí, fue bautizado así por Teo Macero, el productor de Miles Davis. Sobre la mesa yace un ejemplar de Caminar por aguas cristalinas en una piscina pintada de negro, de Cookie Mueller. Me encuentro en el depa de Ali Gua Gua. En uno de los rincones menos fresa posibles del Centro. A unos pasos del metro y junto a unos tacos de carnitas de fama mundial. “Me mama vivir aquí”, me confiesa Ali en chanclas. El edificio es más bien modesto. Nada que ver con la guarida de una estrella de rock. Pero no me la imagino en la Roma o la Condesa, con portero y clave de acceso. Eso es muy poco ultrasónico.

Teo tiene quince años. Los mismos que el gato de Ali recién fallecido. De ahí que se hayan adoptado uno al otro por estos días. El motivo de mi visita es para platicar de una obsesión que nos aqueja a Ali y a mí: los libros de música. Meses atrás, en La Caña, el bar LGBT que regentea en la Spin Doctors, me había confesado que ya no leía literatura. Que estaba muy clavada en las biografías rockeras. Como me ocurre lo mismo, me invitó a su depa a conocer su colección. Son las cinco de la tarde. Destapa unas Coronas y brindamos por los panteones que en ocasiones son los benditos libros.

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AMBOS COINCIDIMOS EN UNA COSA: que la madre detodas las biografías de rock es la de Ozzy Osbourne. “Es mi libro de cabecera”. Después han venido otras también chingonas, sin embargo, esa sigue estando en la cima. En el número uno. Raro, pero Ali arranca la conversación expresando su admiración por los ghost writers. “A mí me parecen una maravilla, como los músicos de estudio.” Conocidos en nuestro país como negros literarios. Cuya habilidad es tomar todo material vivencial y convertirlo en una historia coherente. Coincido, me viene a la mente el nombre de Neil Strauss. Sin él, la biografía de Mötley Crüe no sería la misma.

“Me gusta que la biografía musical se expanda”, dice Ali a propósito de la proliferación de los libros sobre música en las mesas de novedades. “Me dio gusto cuando a Bob Dylan le dieron el Nobel, porque la canción también es un formato muy específico, primo hermano de la poesía, y nadie lo había tomado en cuenta”. Los libros de Ali están desperdigados por todo su departamento. En la entrada hay un librero retacado. Evidencia de su prolongada vida lectora. Otros cuantos descansan en su habitación. Cada tanto hace viajes a su cuarto para traer títulos y comentarlosen la charla. Pero su colección sobre libros de música mora en una habitación que más que una biblioteca asemeja un laboratorio. Es como ingresar en un banco de sangre. Un librero de viniles ocupa una zona bastante amplia. Además de guitarrista, Ali es dj. Y lo que tengo ante mis ojos es nada menos que el acervo personal y de trabajo de Dj Guagüis. Suelo husmear en las colecciones de discos a la primera oportunidad, pero esta vez me abstuve. Por temor a clavarme y desviarme de mi cometido. Pero estoy seguro de que da para otra columna. Es Ali quien saca un disco y lo pone en su torna: Superficies de placer de Virus. En una de las paredes hay un mueble empotrado con discos compactos.

“ME DIO GUSTO CUANDO A BOB DYLAN LE DIERON EL NOBEL, PORQUE LA CANCIÓN TAMBIÉN ES UN FORMATO MUY ESPECÍFICO, PRIMO

HERMANO DE LA POESÍA.

ALI NACIÓ EN VERACRUZ. Por supuesto que uno de sus intereses es el son jarocho. Tiene varios libros sobre el tema. “Tenía muchos fanzines, pero los doné”, confiesa mientras revisa los títulos a la mano, “leí muchas revistas de rock, antes no llegaban tantos libros”. Uno de los que descansan sobre la repisa y que no podía faltar en el corazón de Ali es Please Kill Me de Legs McNeil y Gillian McCain, considerado por muchos de nosotros como una biblia punk. “Lo leí hace mucho. En los 90 una amiga se lo trajo de Nueva York, y fue como un pilar para mí, porque sí sabía del movimiento, pero fue como una escuela, es the school of rock del punk de Nueva York.”

Justo me termino la tercer chela y le pido a Ali chance para ir a su baño. Es una fanática de los patitos de juguete. En la ventana arriba de su váter descansa un arsenal de patitos de plástico. Vestidos de marineritos, de colores, con mohawks, etc. “Este también es muy importante para mí”, me dice cuando regreso: “El último de los hippies de Penny Rimbaud, el cantante de los Crass. Es un manifiesto. Él fue el fundador del anarcopunk y odia a The Clash, a los Sex Pistols, por vendidos. La primera vez que fui a Inglaterra estuve en su casa. Ellos tienen una cultura de casa abierta, los Crass. Cuando anduve en Reino Unido fui y le toqué la puerta y me recibió.”

Otros indispensables para Ali son los escritos por mujeres punks. Girls to the Front de Sara Marcus. “La historia del Riot Grrrl”. Ali es admiradora de Kathleen Hanna, la líder de Bikini Kill, y su biografía Rebel Girl, recién editada en español por Luburuak, es uno de los libros que presume haber disfrutado más en los últimos tiempos. Lo mismo que La chica de la banda de Kim Gordon, la ex Sonic Youth. “Lo pude leer en inglés. Tiene una parte muy cabrona, está muy ardida con el Thurston Moore”. Y a La venganza de las punks de Vivien Goldman también lo considera una lectura obligada. “No sé si la traducción me encanta, pero sí tiene unas referencias femeninas chidas.”

LE PREGUNTO POR ESE VICIO DELICIOSO, las memorias de Kid Congo Powers, y de inmediato salta: “Es buenísimo, está increíble. No habla de dinero nunca”. Sobre Cantar hacia atrás y llorar, la bio de Mark Lanegan: “Muy triste, pero escribe bonito el güey”. Observo detenidamente la puerta de su clóset. Está tapizada de stickers. Unos superpuestos encima de otros. Es una especie de mapa. Lo estudio mientras dudo en si preguntarle o no por Fe, esperanza y carnicería de Nick Cave. Un libro que no soporté, tuve que abandonarlo a la mitad, me presentó a un Nick que siento que no deseaba conocer.

Ali también está de acuerdo en que la figura pseudomesiánica en que se ha convertido Nick Cave es gratuitamente conservadora. “Me parece muy guapo pero es muy pesado y muy narcisista. Me lo regalaron. Pero la neta no me divertí”.

Y así transcurre el resto de la tarde. Escuchando a Ali hablar de cómo se ha esnifado y esnifado libros de música. Algo que jura no se le ha hecho vicio y que puede dejar cuando quiera. En la torna gira un disco de Sumo y yo le doy otro trago a mi chela mientras Teo se pasea embarrándose en mis piernas. Afuera comienza a oscurecer pero aquí dentro la luz que emiten los libros de música nos ilumina.