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n día parecido a éstos, pero de hace cien años, apareció Reflejos (Cvltvra, 1926), el libro de poemas de Xavier Villaurrutia. Él cumplía apenas 23 años, a finales de marzo, y era propiamente dicho su primer libro, el que daba a conocer como algo ya con su voz, no aquella voz prestada de otros poetas que influyeron en sus primeros poemas. Ahora con Reflejos estaba en sintonía con lo que se escribía en otras partes del mundo, ya era un tú a tú con otros poetas, entre pares, además fue un libro que lo reconoció de inmediato como uno de los mejores poetas de su generación, la de Contemporáneos. Releído cien años después, destaco algunos puntos que en su momento y ahora han hecho que este libro sea capital en la poesía mexicana del siglo XX.
Para empezar, son poemas plásticos, es decir, que evocan una pintura, que tratan de pintar con palabras lo queotro vería en un cuadro, pues a Villaurrutia siempre le interesó la pintura: de niño tomó clases de dibujo con German Gedovius (quien era maestro en la Academia de San Carlos), luego trazó muchos dibujos hoy poco conocidos influidos por el surrealismo y fue un certero crítico de arte, incluso le sugirió a Salvador Novo incluir una obra acompañada de un breve texto crítico en el Boletín Mensual Carta Blanca, uno de los primeros proyectos de Novo como publicista. Así que en sus poemas de Reflejos es frecuente encontrar una imagen como si fuera de un cuadro: un rostro delimitado por un espejo de acero, una mujer enmarcada por una ventana, otra mujer desde un cuadro mira al poeta…
REPARO EN UN DETALLE que confirma todo lo anterior: los títulos son de una palabra, sin mayor descripción o evocación sobre su contenido, “Cuadro”, “Interior”, “Cezanne”, “Jardín”, etcétera… Creo que eso es intencional, para reiterar el sentido plástico o la idea de una pintura, como he dicho, pero también para exprimir el poema a su estado más esencial. Lo cual me lleva al siguiente punto a destacar y que hace 100 años fue el más controvertido, el que se sustenta en la estética de la “poesía pura”, es decir, una poesía desprovista de anécdota y de sentimiento, que se proponía llevar al poema a su nivel más depurado.
Así, apartándose de sus primeras influencias, empieza a escribir bajo la teoría de moda que según Gilberto Owen viene de Poe, Baudelaire y Juan Ramón Jiménez, la cual surge “eliminando a la sensación para quedarse con la abstracción”. ¿Y qué son los poemas plásticos de Reflejos si no abstracción del arte? Owen también la llama “la ley Cuesta”, en referencia a Jorge Cuesta, el más cerebral de sus amigos, según la cual “nos exige ordenar la emoción, reprimirla hasta el grado en que parezca haber sido suprimida, simular que no existe, disimular su presencia inevitable”. Justo eso hizo Villaurrutia para estar en sintonía con otros poetas del mundo. Y es por eso que en Reflejos no se encontrará ningún poema de amor, no hay poesía íntima ni confesional, todo es abstracción plástica.
SON POEMAS PLÁSTICOS, ES DECIR, QUE EVOCAN UNA PINTURA, QUE TRATAN DE PINTAR CON PALABRAS LO QUE OTRO VERÍA EN UN CUADRO, PUES A VILLAURRUTIA SIEMPRE LE INTERESÓ LA PINTURA
Por otro lado, el sueño y la noche ya están presentes pero todavía no son el sueño de inspiración surrealista ni la noche del sonámbulo y los ángeles, en los poemas de Reflejos el sueño incluso es colorido: “En el sueño rodábamos / como en un prado fresco”, escribe en el poema llamado justamente “Sueño”. Y la noche es la noche para dormir, para soñar, no para desvelarse en imágenes sucesivas e inconexas que dicta el subconsciente.
EN LA EDICIÓN DE LAS OBRAS (FCE, 1966) villaurrutianas que he consultado, el poema “Poesía” aparece al principio del libro, aunque fue escrito y publicado después. Eso obedeciendo una declaración del mismo Villaurrutia quien dijo que de haber escrito ese poema a tiempo lo pondría al frente de sus Reflejos. Según veo, así lo cumplieron en su momento sus compiladores, Alí Chumacero, Miguel Capistrán y Luis Mario Schneider, pero coincido con Octavio Paz quien atinadamente observa que las imágenes de este preciso poema ya son surrealistas, lejos de la poesía pura y más cercanas a sus primeros Nocturnos (1933). Hay algunas imágenes que anuncian lo que serán sus nocturnos, pero no es la esencia de todo el poema: “y del tanque de sueño en que me ahogo / libre hasta despertar”.
El primer libro de poesía de Xavier Villaurrutia coincide con la aparición también de los primeros libros de sus amigos, sus compañeros de generación: un año antes, Salvador Novo había publicado XX Poemas (Cvltvra, 1925), José Gorostiza dio a conocer Canciones para cantar en las barcas (Cvltvra, 1925) y Jaime Torres Bodet Biombo (Cvltvra, 1925), además Gilberto Owen publicó La llama fría (El Universal Ilustrado, 1925), la primera novela poética de Contemporáneos; Xavier publicará la suya tres años después: Dama de Corazones (Ediciones de Ulises, 1928). Y junto con Villaurrutia, Enrique González Rojo publicará en 1926, Espacio. Cuesta fue el único del grupo que nunca publicó un libro en vida, toda su obra la publicaron póstumamente Capistrán y Schneider. A lo largo de los 33 poemas que componen el librito hay poemas dedicados a algunos de ellos, incluido Carlos Pellicer y Diego Rivera. La generación, en fin, que entró dando portazo con su modernidad.