Conocí “Oh Well” durante los ochenta con la versión de los Rockets, el grupo de rock y blues de Detroit que la grabó en Live Rockets. En el estudio les quedó tan matona y ponzoñosa que la canción me enganchó por la rocanrolez de sus guitarras, los riffs y los requintos. Encima, la voz y la lengua raspan, se desenrollan como un blues / rap viperino. Siempre me ha parecido un rolón irresistible, maligno y desfachatado, que se habla de tú a tú con Dios en la segunda estrofa. Entonces no lo sabía por ser un chamaco, pero tenía la intuición de que era una gran canción, superior a todo el repertorio de los Rockets.
Años después lo entendí todo. La vida me puso entre las bocinas la canción original “Oh Well” de Fleetwood Mac, contenida en Then Play On de 1969, y confirmé lo que sospechaba: era enorme. Más de lo que imaginaba. Porque la versión que yo conocía era la Parte 1, el blues salvaje electroacústico que dura 2:20. Entonces descubrí la Parte 2, la progresiva, que se va y se va hasta los 9:06 en un concierto para guitarra clásica y flauta. No había límites. Estamos hablando del Fleetwood Mac macizo, el de Peter Green cantando como vicioso y tocando la guitarra como virtuoso.
ASÍ EMPECÉ A PERSEGUIR LA CANCIÓN, como he perseguido otras con la misma intuición. Fleetwood Mac la siguió tocando sin Peter Green porque inició su horrible gira de la esquizofrenia por clínicas mentales, Lindsay Buckingham cumplió a secas. Después, Tom Petty y los Heartbreakers despacharon su versión en vivo, aparece en la serie de conciertos llamada Runnin’ Down A Dream. Petty toca las maracas y canta como un chamán, Mike Campbell en la guitarra la hace sonar más densa que el osmio. Una canción de este calibre no es para cualquier jalacuerdas. En 2021 encontré la de Billy Gibbons de ZZ Top con Steven Tyler de Aerosmith y Mick Fleetwood en el canal Great Performances del PBS. Ésta es la que más me late por el colmillo y la garra que le meten los involucrados, además Fleetwood fue el cocreador que le puso el acento del cencerro y las maracas.
Hace unos meses Carlos Velázquez me recomendó Orgy of the Damned, un disco del guitarrista Slash de Guns & Roses (Velvet Revolver, Snakepit) con una serie de notables cantantes y guitarristas que ejecutan canciones clásicas de blues. De pronto sonó “Oh Well”, con el cantautor y guitarrista de country Chris Stapleton. Aunque hubiera sido excitante una versión a pelo de caballo, el cóver que hacen es rocanrolerísimo, poderoso y apegado al sonido electroacústico. Slash es un violero muy efectivo y Stapelton es quien más le llega al tono / estilo místico / gandalla de Green. El disco viene cargado con piedras apiladas como los mojones al lado del Mississippi: “Crossroads” con Gary Clark Jr., “Awful Dream” con Iggy Pop, “Hoochie Coochie Man” con Billy Gibbons, “Killing Floor” con Brian Johnson, “Born Under a Bad Sign” con Paul Rodgers y “Papa Was A Rolling Stone” con Demi Lobato, entre otras. Pero mi piedra iniciática del blues a los 14 años siempre será “Oh Well”.

Cien veces perra

