Allen Ginsberg fue un joven inseguro, depresivo, que cargaba, por un lado, con el atavismo de la religión, por ser de una familia judía de New Jersey y, por el otro, con el fantasma de la madre enferma con esquizofrenia. Sufrió mucho para aceptar su homosexualidad, como los homosexuales pasamos por muchas etapas para asumirla plenamente, desde la negación, la búsqueda de una cura y en casos extremos hasta el suicidio. En aquellos años, la homosexualidad estaba considerada como enfermedad mental, por eso Ginsberg pensó que podría curarse en un hospital psiquiátrico. Allí estuvo ocho meses, donde no se curó, claro, pero conoció a Carl Solomon, un poeta tutelar a quien canta en Aullido. Incluso llegó a acostarse con mujeres para tratar de sanar. Por eso William Burroughs lo regaña en una carta: “Por el amor de Dios, ¿de verdad crees que acostarse con una mujer lo vuelve a uno heterosexual? […] acostarme con una o mil mujeres lo único que me demuestra es el hecho que lo no que quiero es una mujer”.
Otra forma de reprimir su sexualidad, o al menos camuflarla, fue acudir a las drogas ya fueran bencedrina o mariguana. Así encontraba una forma de evadirla o culparla de sus devaneos al andar siempre ido, pacheco, on the road que es también el viaje que producen lasdrogas (en aquellos primeros años aún no las usaba como un medio para buscar la espiritualidad). En la versión cinematográfica de En el camino dirigida por Walter Salles en 2012, el director brasileño ubica a Ginsberg y Kerouac en el momento en que se conocen y arman una pandilla en Nueva York, y allí aparece un Ginsbergsiempre drogado, algo infantilizado pues era el más joven de ellos, pero también que usaba ese aspecto de genio precoz y excéntrico como disfraz para ocultar su sexualidad.
Él quería “curarse” pero tenía un obstáculo, o mejor dicho dos: sus amigos Jack Kerouac y Neal Cassady, dos machos, dos sementales con la libido tan alta que agarraban parejo. Allen no sólo los admiraba, estaba enamorado de Jack y de Neal, este último “el secreto héroe de estos poemas”, y ellos a su vez lo sabían por eso lo complacían y lo tentaban. Cuenta Diane di Prima en sus memorias sexuales, Memorias de una beatnik (Matadero, 2020), que una noche llegaron Allen y Kerouac a su departamento en Nueva York a fumar mariguana, acomodaron dos sillones en forma de cama, rodeada de plantas y velas, y armaron una orgía con otros dos amigos (un tercero se fue antes). Luego de un descanso, Diane y Jack empezaron de nuevo, en ese momento, cuenta Di Prima, Jack se dio vuelta y le dijo: “Mira, Allen”. Ese libertinaje sexual, esos tríos u orgías, el vouyerismo / exhibicionismo luego Ginsberg los registró en su obra, como en “Poema de amor sobre un tema de Whitman”.
ALLEN GINSBERG LLEGÓ A MÉXICO de la mano de su amigo Lucien Carr en agosto de 1951. Querían caerle de sorpresa a William Burroughs, quien había huido de Estados Unidos por el juicio que se le avecinaba acusado de tráfico de drogas, así que viajó a México y se instaló en la colonia Roma. Tocaron a la puerta del departamento 8 en el número 210 de la calle Orizaba pero Burroughs no estaba, había partido a Sudamérica en busca de la preciada ayahuasca con su amante gringo, Lewis Marker. Les abrió Joan Vollmer, quien se había quedado sola con sus dos hijos en el departamento; aunque Burroughs era homosexual, él y Joan mantenían una extraña relación más que sentimental o sexual, quizás intelectual o espiritual. Allen y Lucien encontraron a Joan demacrada, enganchada a una botella de tequila.
Uno de esos días, Joan les contó que en Guadalajara había un díler quevendía una mota muy buena y se subieron al coche de Carr, con Allen y los niños, Julie y Billy. Joan y Carr iban borrachos, él manejaba torpemente, los niños lloraban de miedo y Allen le rogaba que condujera mejor. Un desastre, ni siquiera consiguieron la mariguana. De regreso, hicieron escala en el recién nacido Paricutín, que debió de parecerles un mensaje de la tierra sobre el renacimiento físico y espiritual. Ginsberg fue una de las últimas personas que vio viva a Joan, pues a los pocos días Borroughs la mataría por querer imitar a Guillermo Tell. Unos años después, Allen la soñaría y contaría esa aparición en el poema “Sueño recordado, 8 de junio de 1955”. Ginsberg también aparece en Queer, la novela mexicana de Burroughs que hace apenas un par de años Luca Guadagnino adaptó al cine. Allí vemos a un Ginsberg como un gringo loco, incoherente, que cuenta torpemente sus ligues mexicanos.
MÉXICO FUE SU PRIMERA SALIDA AL MUNDOY REGRESARÍA VARIAS VECES MÁS, SEGÚN SUS PALABRAS, PARA TENER ‘LA OPORTUNIDAD DE VIVIR EN EL NACIMIENTO DE UNA CIVILIZACIÓN IDA QUE ME ACERCA A LA ETERNIDAD’.
México fue su primera salida al mundo y regresaría varias veces más, no sólo a la capital sino a Mérida y Chiapas, según sus palabras, para tener “la oportunidad de vivir en el nacimiento de una civilización ida que me acerca a la eternidad”. Mientras en Estados Unidos veía una sociedad cada vez más consumista y frívola, en México conectó con el pasado ancestral indígena, con sus ruinas y sus ritos que de alguna forma le ayudaron en la búsqueda espiritual que ya empezaba a experimentar. En Palenque, por ejemplo, escribió el largo poema (traducción personal) “Siesta en Xibalba”:
Estoy en un cuarto de concreto
sobre el laberinto
abandonado de Palenque
midiendo mi destino,
vagando solo en la selva
—con la mente fija
en una idea sombría—
hasta que exhausta
de su acción y contemplación
mi alma puede hacerse pedazos
en un momento primordial
la sensación del vasto
movimiento de la divinidad.
A Cassady, Kerouac y Burroughs, les dedica Aullido, ellos y otros cófrades son “las mejores mentes de mi generación”. Aullido es en poesía lo que En el camino es en la novela: aunque el libro de Kerouac se escribió primero, se publicó después del poema, en 1956. Ginsberg dio una lectura pública de su poema el 7 de octubre de 1955 en la Six Gallery de San Francisco, del también poeta Kenneth Rexroth. Poco después la edición fue incautada y llevada a los tribunales calificada como “obscena”. Rebelados contra una sociedad puritana y un gobierno conservador y censor (el macartismo), eligieron ser nómadas porque querían conocer el mundo antes de morir jóvenes, pues algunos eran veteranos de guerra, es decir, se habían salvado de morir en el frente y creían que la vida había que vivirla con euforia, viajando, drogándose, cogiendo, antes de que la muerte los tomara por sorpresa. Algunos sí murieron jóvenes, como Neal Cassady y otros de su generación, como James Dean.
AULLIDO Y EN EL CAMINO funcionan como un reflejo, en uno y otra se cuenta la historia de esa hermandad que formaron y que llevaron a todas partes, se registran las aventuras de esos amigos en Nueva York, en Denver, en San Francisco, en México… donde encuentran a personajes disímbolos y descubren un mundo lleno de mensajes para sus ojos ávidos: “que desaparecieron en los volcanes de México dejando atrás nada sino la sombra de jeans y la lava y la ceniza de la poesía esparcida en la chimenea Chicago” y “que se retiraron a México a cultivar un hábito o a Rocky Mount hacia el tierno Buda o a Tánger en busca de muchachos…” (versión de Rodrigo Olavarría, Anagrama, 2006).
OTRA FORMA DE LLEGAR y permanecer en México fue a través de las traducciones de su obra. La mayoría de las ediciones han sido publicadas en España o Argentina. Aquí circulan algunas traducciones (de Alberto Blanco, Rubén Medina y quizá haya alguna de Sergio Mondragón), incluida una antología a cargo de José Vicente Anaya, quien fuera uno de los infrarrealistas. Sin embargo, no es mala, ni malísima, es pésima, diría yo, la versión que hizo Anaya de Aullido y otros poemas (Universidad del Estado de México, 1981; Laberinto ediciones, 2006), pues tal parece que tradujo con diccionario, es decir, sin entender el sentido de las palabras o las frases ni el ritmo de los versículos. Y para demostrarlo, un par de ejemplos. El famoso inicio de Aullido, Anaya lo traduce de esta manera: “Yo vi las mejores mentes de mi generación destruidas por locura sufriendo fríos hambres histéricas desnudas / dragándose en calles negras por la aurora buscando un furioso arreglo”.
El original de Ginsberg reza así: "I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving hysterical naked / dragging themselfs through the negro streets at dawn looking for an angry fix“.
GINSBERG, COMO BUEN HOMOSEXUAL, EN SU LARGO POEMA INCLUYE ALGUNAS IMÁGENES HOMOERÓTICAS, EN PARTICULAR, RELACIONANDO A LOS HOMOSEXUALES CON LA FIGURA DE LOS MARINEROS, UN FETICHE DE LOS GAYS DE ESA ÉPOCA
¿De dónde saca Anaya “sufriendo fríos”? Tengo una edición en inglés que hicieron por el 50 aniversario del poema, Howl (ed. Barry Miles, Harper, New York, 2006), que incluye los facsímiles de todas las versiones y variantes que Ginsberg hizo antes de publicar la edición definitiva, y en ninguna de ellas escribió “sufriendo fríos” o “colds” o algo parecido. No sé cuál haya sido la edición a partir de la cual Anaya tradujo, pues en su breve nota introductoria no la registra. La única corrección notoria en ese primer verso es que en las primeras versiones el poeta beat escribió “mystical” que luego cambió por “hysterical”.
ANAYA TRADUCE literalmente “I saw” como “Yo vi”: En inglés los verbos llevan el sujeto para saber quién hizo qué, pero en español se puede evitar el pronombre pues según la conjunción del verbo se deduce quién lo hizo, de manera que simplemente pudo traducir: “Vi las mejores…” Luego, traduce “locura” sin artículo (“la”) y “starving” lo traduce como “hambres”, es decir, como sustantivo lo que en realidad es un adjetivo, “hambrientas”: esas mentes están hambrientas, histéricas y desnudas; ojo, Ginsberg no le pone comas a los tres adjetivos para que se lean sin pausa, marcando desde el inicio el ritmo rápido del poema.
Luego viene lo peor, en el siguiente verso: Anaya no entiende lo que Ginsberg quiere decir, pues básicamente lo que escribe el poeta es queesas mentes se arrastran al amanecer hasta las calles de los negros (donde se vende droga), para encontrar un arponazo que los reviva. ¿Por qué Anaya traduce literalmente “dragándose” en lugar de “arrastrándose”: “dragging themselfs”? Y enseguida, ¿por qué traduce como “calles negras”, lo que en realidad es “las calles de los negros”? Leído así el versículo no tiene sentido. Y para rematar “fix”, cualquier diccionario lo registra ciertamente como “arreglo”, pero lo que Ginsberg dice en slang es que esas mentes van en busca de un arponazo o inyección de droga cuyo efecto de la dosis los va a levantar, a resucitar, después de uno de esos “bailes interminables” (endless balls). Por eso, el verso debe de leerse más o menos así: “arrastrándose hasta las calles de los negros al amanecer en busca de un arponazo furioso” (Olavarría traduce: “pinchazo colérico”, pero él sí entiende). Anaya no entiende ese sentido y por eso digo que tradujo con diccionario.
Finalmente, Ginsberg, como buen homosexual, en su largo poema incluye algunas imágenes homoeróticas, en particular, relacionando a los homosexuales con la figura de los marineros, un fetiche de los gays de esa época: los uniformados, como ahora pueden ser los bomberos, policías o militares. Escribe Ginsberg: “Who blew and were blown by those human seraphim, the sailors, caresses of Atlantic and Caribbean love“.
Anaya no entiende ese versículo y traduce literalmente: “quienes inflaron y fueron inflados por esos serafines humanos, los marineros, caricias del Atlántico y amor del Caribe”.
INSISTO EN QUE ANAYA tradujo con diccionario pues no capta el sentido, el slang homosexual que usaba elpoeta beat: el diccionario diría que “blow” es soplar, inflar, pero Ginsberg escribe un modismo, el “blow job”, quese refiere al sexo oral. De manera que a los marineros ni los “inflaron”, ni les “soplaron”, sino que mamaron vergas y se las mamaron; el verso debe de leerse como lo traduce Olavarría: “que mamaron y fueron mamados por esos serafines humanos, los marineros, caricias de amor atlántico y caribeño”. Anaya no era gay, y eso se nota al no captar el sentido sexual de la frase. Por palabras e imágenes como esas es que Ginsberg y su editor en City Lights, Lawrence Ferlin-ghetti, fueron llevados a juicio para determinar si el poema era obsceno e inmoral o si realmente era literatura.
Alguna vez platiqué con José Vicente Anaya y le hice ver estos detalles, él se defendió argumentando que el propio Ginsberg había leído su versión y que no le había hecho reparos, así lo cuenta también en su breve nota previa. Como en aquel momento, todavía ahora me pregunto qué tan bueno habrá sido el español de Ginsberg y cuánto detenimiento habrá puesto en revisar a detalle la traducción de Anaya, tengo la impresión de que sólo fue un comentario amable, un gesto generoso para agradecer la traducción y nada más.
Nélida Piñón. Hay que garantizar la ilusión
