EL CORRIDO DEL ETERNO RETORNO

Retrato del artista obsolescente

Retrato del artista obsolescente Foto: Cortesía del autor

¿Cuál es la función del artista una vez que su arte ha dejado de resultar trascendente?

Comencé a preguntármelo a raíz de escuchar el disco Cousin de Wilco. He seguido la carrera del grupo desde sus inicios. Una época fue mi banda favorita. Sin embargo, su música nueva ya no me emociona. No he podido conectar con sus últimos discos.

Hace unos años viajé a Dallas y conocí a Jeff Tweedy. Conocer es un supuesto, ya que el encuentro se redujo a un autógrafo, una foto y una pregunta.

Mi impresión fue negativa. No tanto por él como por su manager. Quien se empeñó en meter el autobús de la gira en una callejuela del barrio de Bishop. Lo que originó una situación bastante incomprensible. Y retrasó la logística del evento por un empecinamiento sin sentido. Además de desatar varios interrogantes. Por qué no vinieron en Uber, la librería habría corrido con el gasto. Por qué no podía Jeff caminar veinte metros hasta la puerta trasera de The Wild Detectives. Y la más importante, por qué no se rebeló Tweedy contra los deseos del manager.

Cuando terminó de firmar, el manager sacó a Tweedy por la parte de atrás con histérico recelo, como si transportara a la Monalisa y no al cantante de “Misunderstood”. Su conducta no era tan incomprensible. Los fans somos una pesadilla. Si no los haces a un lado te avasallan. Sin embargo, la maniobra era un tanto exagerada. Tweedy, por su parte, se comportaba como un bebé en manos del manager. ¿Era el mismo tipo que presume en el libro que se pasó la mitad de su vida viajando en una van desvencijada y durmiendo en el piso de los departamentos que le salían al paso durante las giras?

DESPUÉS DE ESCUCHAR COUSIN, hice un ejercicio de recapitulación. Cuáles habían sido las últimas canciones de Wilco que me habían calado hasta los huesos. La exploración en mi bóveda sentimental arrojó dos: “I love my label” y “Message from Mid-Bar”. Son lados b de The Whole Love. Si bien no es un disco que se ubique en un top cinco de la banda, contiene muchos momentos sublimes.

En su biografía Tweedy enfatiza: “Wilco en este momento es realmente un colectivo artístico”. Lo cual es un tanto mentira. Sin ir más lejos, habría que preguntarle a Nels Cline qué opina de que sus aportaciones hayan menguado. Cuando todos sabemos que él es Wilco. Que en su sonido recae la identidad de la banda. Tuve la oportunidad de decírselo en Guadalajara en 2023. Afuera del Teatro Diana, mientras Tweedy escuchaba a unos metros montado en el transporte que lo llevaría a su hotel. Nels lo negó, pero la verdad es que sin él Wilco en vivo no sería Wilco.

En 2020 tuve la oportunidad de convivir con Tweedy una vez más. Presentó su biografía en español en la cafetería Freïms. Además, Wilco actuaría en el Teatro Metropolitan como parte de la gira de Ode to joy, otro disco en el que Nels Cline es un fantasma. Resulta interesante que en los encuentros de Tweedy con la prensa nunca intervenga otro miembro de la banda. Los periodistas, y no sólo ellos, también ciertos fans, están deseosos de interpelar a los músicos. Tweedy no lo permite. No quiero decir que sea un tirano, como mencioné antes, es su grupo. Y está claro que, a pesar de asegurar lo contrario, no le gusta compartir la atención.

A pesar de contar con uno de los discos canónicos del indie rock, Yankee Hotel Foxtrot, Wilco no es Pearl Jam, ni le hace falta. Sin embargo, Tweedy, quien se describe a sí mismo como un “misántropo borderline, cincuentón, con incursiones en la fatalidad, entusiasta de las siestas”, nunca fue una figura con el resplandor del primer Corgan o de Cobain. Pero se comporta como tal. En los escasos minutos que compartí con él la segunda ocasión su autosuficiencia disfrazada de incapacidad para socializar se antoja a ratos impostada. Todos somos despistados, todos somos olvidadizos, pero él tiene más derecho por componer “Jesus, etc”. No se ofrenda como genio, pero hace todo lo posible porque reconozcas su genialidad a través de su actitud ambivalente.

En 2016 me tatué el nombre de Wilco en el antebrazo izquierdo. Aunque sus últimos discos ya no me producen escalofríos, es un recordatorio de lo significativa que fue la banda para mí durante una época definitoria de mi vida.

DURANTE LAS SESIONES DE GRABACIÓN DE A GHOST IS BORN, TWEEDY SUFRÍA UN ATAQUE DE PÁNICO AL DÍA

DURANTE LAS SESIONES DE GRABACIÓN de a ghost is born, Tweedy sufría un ataque de pánico al día. Relata cómo entre dolores de cabeza, episodios de ansiedad, la depresión y los atracones de pastillas, entraba al estudio. El resultado de esa lucha puede palparse en los diez minutos cuarenta y dos segundos de guitarreo sin tregua en “Spiders (Kidsmoke)”. Lo que a su vez me llevó a la vieja y bizantina discusión sobre el artista y su relación con el dolor.

En Let’s Go (So We Can Get Back), publicado en español como Vámonos (para poder volver). Acordes y discordias con Wilco, etc., Tweedy dice: “No creo que el sufrimiento sea necesario para crear un arte que valga la pena”. Sin embargo, sin la condición de Tweedy al momento de grabar a ghost is born es probable que los resultados hubieran sido distintos. Y no necesariamente para bien. La premura por terminar el disco, para que pudiera irse a internar a una clínica, dotaron al proceso de una adrenalina que no se hubiera conseguido con toda la calma del universo a su disposición. Tweedy defiende a capa y espada la idea de crear sin dolor. “Porque creo que los artistas crean a pesar del sufrimiento, no a causa del sufrimiento.” Pero la realidad nos dice otra cosa.

Tiene razón en cuanto a que los artistas no pueden esperar a despojarse del dolor para comenzar a crear. Pero asomarse al abismo, por mucho que nos asuste, tiene sus recompensas. Y Tweedy hace mucho que no mira hacia el abismo.

Volviendo a la pregunta inicial. Qué hacer con el artista obsolescente. Dónde colocarlo. Siempre me he preguntado qué dirección habría tomado Kurt Cobain si hubiera seguido haciendo música. Pero ¿y si hubiera convertido a Nirvana en Wilco? O peor, ¿en los Red Hot Chili Peppers post Californication? ¿O en los insufribles Smashing Pumpkins del presente?

La discografía de Wilco del A.M. a The Whole Love es casi impecable. Lo que viene después ni siquiera araña la grandeza obtenida en el pasado. Lo preocupante acá es que la lista de discos irregulares se está abultando demasiado. Llegará el momento en que sea más numerosa que la de los grandes discos.

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