Sébastien Lapaque. Jaque mate en el paraíso

Los escritores Stefan Zweig (1881-1942) y Georges Bernanos (1888-1948) se encontraron en Brasil en los albores de la segunda Guerra Mundial. Ambos decidieron partir al mundo nuevo para escapar de la terrible nube fascista que estaba por cubrir gran parte de Europa. Ambos eran personajes reconocidos (sobre todo Zweig, célebre por sus biografías de personajes históricos). Ambos se encontraron con el exilio y su inevitable melancolía. Zweig no salió indemne. Se suicidó junto con su pareja poco antes de que terminara el conflicto bélico. Este diálogo no forma parte de un documento histórico, es una conversación imaginada por Sébastien Lapaque, escritor francés nacido en Tübingen en 1971, publicada en su novela Échec et mat au paradis (Actes Sud, 2024). (G. de la M.)

Stefan Zweig (c.1931). Sus biografías, estudios históricos y novelas se centraban ante todo en los sentimientos. Foto: Fuente > Especial

GEORGES BERNANOS

Esta música me encantaba cuando la escuché por primera vez en los cafés y en la calle a mi llegada a Brasil en 1938. Parecen cantos de aves sobre los árboles. Me duró poco el gusto. Apenas encontré un poco de paz aquí y me enteré de los eventos en Múnich que me hicieron entender que las democracias solamente ofrecerían un oportunismo estéril contra el realismo de las dictaduras. Ahora estas melodías melosas son incapaces de disipar mi tristeza. El carnaval siempre las trae de vuelta. Es imposible reclamarle al pueblo brasileño su alegría infantil.

STEFAN ZWEIG

(En voz baja) Una alegría infantil, en efecto, tiene usted razón.

GEORGES BERNANOS

A este pueblo no le gusta la guerra.

STEFAN ZWEIG

Es verdad. Los brasileños son pacíficos. Su temperamento es suave y los niños risueños. Las mujeres son bellas y los hombres son cálidos entre ellos. No creo haber encontrado en el mundo otro pueblo más alejado del fanatismo. Sin embargo, esto no tiene importancia… Ya no escucho ni la música, ni el júbilo, ni nada. Hace largos meses que ya no escucho nada. Incluso las tonadas que tanto gozaba se han borrado de mí, han desaparecido junto con todo lo demás.

GEORGES BERNANOS

(En tono paterno) No diga “definitivamente”.

STEFAN ZWEIG

(Solemne) Definitivamente, se los prometo.

GEORGES BERNANOS

¿Incluso la música de Schubert y de Mahler?

STEFAN ZWEIG

Algunas noches la escucho en sueños.

GEORGES BERNANOS

Puede venir aquí a gozarlas. En Barbacena, nuestra encantadora ciudad, tenemos una pequeña orquesta que toca los domingos por la tarde algunas melodías europeas en el quiosco central. No es posible pedirles una sinfonía completa, pero sin duda podemos encontrar una sonata de su agrado. Por ejemplo, algo de Schubert o de Mahler, que usted aprecia. Ya verá cómo se mezclan con los cantos de los pájaros y el resultado es encantador. Ya reservaremos los valses de Strauss para otra ocasión. Con ellos bailaremos el día de la victoria.

STEFAN ZWEIG

(Para sí) Wer spricht von Siegen? Überstehen ist alles. 1

GEORGES BERNANOS

¿Qué dice usted?

STEFAN ZWEIG

Discúlpeme. Se trata de unos versos de Rilke. Me llegaron de golpe… Me han acompañado a lo largo de mi vida. A la luz de los acontecimientos mundiales, toman un nuevo lugar en mi destino. ¡Habrá que vencer sin duda! Nos enfrentamos a métodos de destrucción cada vez más eficaces. La aceptación servil de la violencia sería una fatalidad… Usted lo comprenderá, siendo un católico errante, prohibido en Europa por la mentira y habiendo encontrado refugio en Brasil un día antes de los horribles acontecimientos de Múnich, cuando los ingleses y franceses solaparon a Hitler […] Con él no puede llegarse a ningún acuerdo. La reorganización de Europa según la tendencia nazi no dejaría nada indemne, lo mancharía todo.

STEFAN ZWEIG

(Después de un silencio largo) ¿Usted cree posible la victoria?

GEORGES BERNANOS

No solamente eso, sino que ha sido mi apuesta desde el inicio.

STEFAN ZWEIG

Es una apuesta entonces.

GEORGES BERNANOS

Así es. Para decirlo con otras palabras, he apostado por la derrota del totalitarismo sabiendo que Pétain y sus secuaces harían lo contrario.

STEFAN ZWEIG

(Con tristeza) Pétain.

GEORGES BERNANOS

Ese viejo traidor.

STEFAN ZWEIG

(Se sienta sobre una silla acomodada al final de la mesa. En la esquina opuesta de la recámara, Georges Bernanos permanece de pie, con las manos apoyadas en sus bastones, dándole la espalda al muro.)

Lo envidio caballero…

GEORGES BERNANOS

De ninguna manera, mi pobre país no me lo permite… Estoy muy contento de recibirlo en mi casa. ¿Cuántos kilómetros nos separan?

STEFAN ZWEIG

Alrededor de ciento cincuenta, eso me dijeron al llegar a Barbacena. Es poco, en términos de geografía europea y casi nada en relación con la brasileña.

GEORGES BERNANOS

La próxima vez lo visitaré yo en Petrópolis. Me gusta mucho esa ciudad. No solamente por los recuerdos que conserva tan piadosamente de los emperadores de Brasil. La he visitado en algunas ocasiones. Tengo algunos amigos de la familia imperial que me hacen el honor de recibirme, lo cual crea también cierta animadversión entre algunos escritores brasileños, que me juzgan de monarquista reaccionario. Me tiene sin cuidado.

STEFAN ZWEIG

A mí me han tratado de apóstol retrógrado de la cultura europea y de los valores burgueses en una revista de vanguardia de São Paulo.

GEORGES BERNANOS

Ignore las revistas de vanguardia… Aquellas que conocí en París en la ambigua atmósfera que algunos ingenuos llamaron “Los años locos” no son mejores. Nunca llegué a São Paulo… Los intelectuales comunistas, siendo la mayor parte de ellos hijos de latifundistas cafetaleros, me han reservado una bienvenida escandalosa a la cual he preferido rehuir. Me ven como una suerte de Don Quijote, un caballero triste en tiempos de la electricidad. El recibimiento en Minas Gerais fue, sin duda alguna, menos civilizado, pero me acomoda mucho mejor. Aquí las personas saben lo que es un corazón francés. No confunden a Corneille con Cervantes. Aquí hay muchos poetas, los mejores del país. Me gustan estas canciones y literatura popular que evocan sin cesar las batallas entre el cielo y el infierno. Los poetas más delicados son tan humildes como cultos. Hay fe en sus obras, desfachatez en sus imágenes… Los brasileños tienen el corazón de niño que late en la obra de sus escritores. Observando la vida de los campesinos de Minas Gerais podemos comprender intuitivamente a sus poetas. Me gustan también los jóvenes novelistas que me arrancan de mi ensueño de leer textos abstractos e inquietantes, me obligan a recordar que en cada encuentro se pone en juego la condena o la salvación. Solamente puedo darles ánimos y felicitarlos. Hace ya tiempo que no me siento como un hombre de letras. Me siento más cómodo ordeñando vacas. Desde que vivo en Brasil, he tomado la costumbre de considerar a un hombre por la manera en cómo hierra un caballo y no por la cantidad de mentiras que sea capaz de escribir en una página. Fui invitado a São Paulo, pero no he ido. Incluso me negué a regresar a Buenos Aires, ciudad en la que estuve de paso en 1938 y de la cual guardo un recuerdo muy grato.

“HAY FE EN SUS OBRAS, DESFACHATEZ EN SUS IMÁGENES... LOS BRASILEÑOS TIENEN EL CORAZÓN DE NIÑO QUE LATE EN LA OBRA DE SUS ESCRITORES. OBSERVANDO LA VIDA DE LOS CAMPESINOS DE MINAS GERAIS PODEMOS COMPRENDER INTUITIVAMENTE A SUS POETAS.

STEFAN ZWEIG

Yo fui recibido dos veces en São Paulo. Es una ciudad que se transforma cada hora. Todos los días se construye un nuevo edificio. En Europa no tenemos idea de la experiencia humana que se vive allí. Es una ciudad impaciente, que crece sin planificación y en todas direcciones. Un día será la ciudad más grande de Brasil, la más importante de América. Los habitantes de São Paulo son pragmáticos, no comprenden el ocio de los habitantes de Río de Janeiro, donde las personas pasan horas en cafés hablando de cualquier cosa.

GEORGES BERNANOS

Déjelos que juzguen lo anodino… Yo entendí el gusto por la conversación informal en los cafés españoles. Y antes de España, en una taberna de Tolón que convertí en mi oficina. Puedo asegurarle que la conversación de un pescador de dorado o de un intendente naval es más interesante que la de un notario o un arzobispo. Es incluso apasionante. En Río, me gustan mucho los cafés de la avenida Río Branco… Incluso cuando tuve la desventura de que un oscuro escritor se sentara en mi mesa para celebrar mi parecido con Victor Hugo… Ese viejo Totor y sus trabajadores marinos.. Me falta la melena y la barba blanca que lo hacía verse como una margarita… Conocí a personas que lo frecuentaban y podían imitar su voz... Es idolatrado en Brasil, incluso algunos críticos inventaron la palabra hugonismo… Se refiere a un gran hombre del pueblo, de los pobres, cuya obra ofrecía una redención del Brasil colonial. Junto con Los Miserables, él encarnó a los condenados en las barricadas de 1848. Con Las contemplaciones, revisitó al negro humillado y al esclavo desnudo del manto de la poesía… Hugo, ese padre viejo… Le debemos tanto… Usted sabe lo que pienso del evangelio y la democracia, del proyecto popular de juzgar la miseria con la ciencia y el progreso sin tomar en cuenta el perdón y la piedad… Sin embargo, con sus cientos de miles de alejandrinos, encarna la historia de Francia. No hay francés que haya leído sus obras de cabo a rabo, ya que a nadie le importa… Incluso usted, que conoce tantos libros...

STEFAN ZWEIG

(Interrumpiendo) Yo los he leído integralmente.

GEORGES BERNANOS

¡Pero usted lo ha leído todo! Por mi parte, nunca me he subido a la torre Eiffel, la mae Eiffel, como le llaman aquí, como si se tratara de una divinidad tutelar, y yo abandoné Noventaitrés después de una centena de páginas… Permítame preferir Los Chuanes de Balzac… Nuestras leyendas llevan una vida dura… Y la leyenda francesa ha cautivado la imaginación de los pueblos, los ha defendido, protegido, en ocasiones salvado… Me hubiera gustado no ser francés para poder decir que he escogido a Francia en su martirio…

STEFAN ZWEIG

(Interrumpiendo, con los ojos llenos de alegría) ¡Yo te proclamo, el cadáver que devora el buitre, mi patria y mi gloria… (dudando un poco) y mi único amor!

GEORGES BERNANOS

Podría parecer una bagatela, pero estos versos inscritos en plata me son imposibles de olvidar… Ignoro sin embargo por qué los brasileños quieren que me parezca tanto al viejo Hugo… Hay algo de sentimental en su relación con Francia. He visto en Río a brasileños convencidos que El Francés ideal reencarna en cada uno de nosotros. Este tipo de infortunio no correría el riesgo de suceder en São Paulo. Allí, los comunistas ya me pintaron los bigotes del señor Hitler.

STEFAN ZWEIG

No entiendo nada… El solo hecho de haber vivido algunos meses en Nueva York ha hecho de mí un agente del imperialismo yanqui ante la mirada de los hijos de la oligarquía paulista. He leído hace poco, en una revista modernista, que yo era el hombre pasado, de un tiempo pasado, que escribe además libros fáciles y mediocres. Una poeta iluminada incluso ha distribuido un pasquín a la salida de un teatro donde aseguraba que no le sería desagradable la idea de lanzar una bomba en un cónclave donde estuvieran reunidos Getúlio Vargas, el cardenal de Río, y un triste servidor.

GEORGE BERNANOS

Déjelos decir lo que quieran… Algunos brasileños no entienden lo que pasa en Europa. En circunstancias absurdas, he podido ver como aquí el nazismo puede ser solamente un tema de chascarrillo. Desgraciadamente incluso me han tomado por un hombre violento y apasionado al denunciarlo. Dios quiera que podamos hablar con los brasileños una lengua verdadera, una lengua que toque el corazón y les permita comprender que es una libertad fundamental la que está en juego, y que pronto puede ser la suya propia.

[…] Me da mucho gusto verlo aquí. Agradezco a nuestros amigos Hubert Studenic y Afonso Arinos de Melo Franco el que hayan procurado organizar nuestro encuentro.

STEFAN ZWEIG

(Dudando) Hubert Studenic, como usted lo llama, para mí será siempre Hugo Simon… Es una desgracia tener que ocultar su nombre. Lo conocí en Berlín en los años 20. Él vivía el cenit de su vida, a pesar de que sus ideas le valieron muchos enemigos bajo el imperio. Socialdemócrata y pacifista, era una figura brillante del mundo político, financiero e intelectual de la República de Weimar, cercano a Walther Rathenau. En los años 1900, creó una granja modelo en la frontera con Polonia, confiscada por los prusianos reaccionarios de Berlín. Más tarde allí fundó un banco, vivía en el barrio de Zehlendorf, en la calle Drake, con su mujer Gertrud. Me es imposible evocar esa época sin conmoverme.

GEORGES BERNANOS

Hágame el favor de hacerlo, se lo suplico.

STEFAN ZWEIG

El salón social que tenían Hugo y Gertrud Simon era uno de los más importantes de la capital. En 1919, Hugo Simon fue brevemente ministro de finanzas en el Rat der Volksbeauftragten creado en Berlín después de la caída del imperio… Podría traducirse algo así como el Consejo municipal del pueblo.

GEORGES BERNANOS

(Interrumpiendo) Gracias por traducir. Mi alemán es más bien escaso, sin embargo, usted podrá encontrar en mi biblioteca, a su izquierda, un librito escrito en su lengua, el cual algunos amigos alemanes me ayudan en ocasiones a descifrar. Le hablaré de este libro más detalladamente en un momento. También tengo una edición traducida al francés.

Bernanos (c. 1920). El autor francés divulgaba en sus obras la lucha contra el bien y el mal que padece un hombre elegido para la santidad. ı Foto: Fuente > Especial

STEFAN ZWEIG

(Sorprendido por el modesto tamaño de la biblioteca) ¿Estos son todos sus libros?

GEORGES BERNANOS

¡Son todos! Atravesé el Atlántico con un baúl de libros, pero ya están diseminados por todo Brasil. Antes de asentarme aquí, en Barbacena, en las tierras altas de Minas Gerais cuya sobria belleza conviene tanto a mis humores, mi mujer y mis hijos nos hemos paseado un poco… (riendo). Vivimos en Itaipava, en Juiz de Fora, en Vassouras, en Pirapora… En cada ocasión, dejé una parte de mi alma y algunos libros tras de mí. ¡En Vassouras, recuerdo que olvidé algunos de ellos en la bañera! (Riendo de nuevo)

STEFAN ZWEIG

Tiene usted suerte de poderse reír de estas tragedias. A mí, el hecho de no poder tener los Ensayos de Montaigne al alcance de la mano me atormenta y me deja en un estado de desasosiego que usted no puede imaginar. Afortunadamente nuestro amigo Afonso Arinos de Melo Franco me pudo prestar los tres volúmenes de la edición francesa. Pero necesitaría muchos más para poder salir de esta angustia.

IENE USTED SUERTE DE PODERSE REÍR DE ESTAS TRAGEDIAS. A MÍ, EL HECHO DE NO PODER TENER LOS ENSAYOS DE MONTAIGNE AL ALCANCE DE LA MANO ME ATORMENTA Y ME DEJA EN UN ESTADO DE DESASOSIEGO QUE USTED NO PUEDE IMAGINAR

GEORGES BERNANOS

¡Oh! No crea que me encuentro menos angustiado que usted. Sin embargo, al parecer Dios me permite la gracia de encontrar paz en la angustia misma. Para ello solamente pienso en Jesucristo en el Monte de los Olivos… Y me río pensando que nuestros sucesores en Va-ssouras hubieran podido pensar que la tribu Bernanos nunca se bañaba al descubrir los libros en la ducha… Aunque todo esto carece de cualquier importancia… Dejé esos libros allí sin ningún tipo de arrepentimiento. ¿De qué me sirve abultar mis maletas? No soy librero ni bibliotecario. Ni siquiera tengo la ridícula pretensión de nombrarme escritor, menos aún un hombre de letras, como aquellos pequeños tartufos que pueblan las academias, tanto en Brasil como en toda Europa. Solamente soy un pobre tipo que no tiene vergüenza de sufrir, ni de esperar la victoria de su país, ni de esperar la derrota del Moloch totalitario… Mis pretensiones son en el fondo simples. Mi única ambición es la de servir al honor francés. Me esfuerzo en hacer escuchar su voz en el concierto de las propagandas crepusculares. Y luego (baja la rapidez de su habla, en tono burlón) esos libros no se perdieron. Suelo pensar que le pueden inculcar el gusto por la lengua francesa a algún jovencito o chica que los encuentre por casualidad. ¿Quién sabe? Tal vez un joven brasileño que todavía no ha nacido y que los descubrirá mucho tiempo después de mi muerte, cuando mis libros y yo mismo hayamos sido olvidados y el nombre de mi tumba se haya borrado. ¡Es posible que los suyos puedan despertar el amor por la lengua alemana!

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1 En alemán: “¿Quién habla de victoria? Sobrevivir es lo importante.” (N del T.)


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