La pausa de hidratación (con Rush)

La pausa de hidratación (con Rush) Foto: Cortesía del autor

Existen bandas que se te traspapelan. Grupos que un gran sector de melómanos adora. Que incluso tienen su lugar bien ganado en la historia del rock. A quienes muchos consideran una escuela. Y, sin embargo, tú no has logrado conectar con ellos. Lo hayas intentado o no. Por alguna razón no del todo específica, te han pasado de noche. No es desdén, tampoco indiferencia. Simplemente no se ha producido ese milagro que hace que una persona se apasione por un sonido. En mi caso, a mí me ha ocurrido eso con Rush.

Como alguien que trabajó una década en una tienda de discos, he visto más portadas de discos que granos de arena en la playa. Sé bien cuál fue la primera vez que vi una de Rush. Y ustedes se preguntarán, si es que no me gusta la banda cómo puedo acordarme. Pues porque se trataba de la de All The World’s Stage. La culpa es mía, de acuerdo, por el pentagrama asumí que se trataba de un disco de metal. En mi cabeza, eran una banda heavy. La primera vez que los escuché, pensé que la voz no encajaba dentro de los parámetros del género. Pero como he oído de todo en el mundo del rock, no me sorprendí. Lo que sí es que esa voz me repelió. No me resultó tolerable. Y me olvidé del asunto.

DESPUÉS DE ESA PRIMERA PORTADA vi muchas más de la banda. En una salía un búho, en otra unos números, unas piedras, etc. Y lo único que conseguí fue confundirme más. Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que Rush es una banda de rock progresivo. Un punto menos a mi favor, porque dejé de oír progre hace muchísimo pero muchísimo tiempo. Las razones son sencillas. Fue por los mismos motivos que me clavé en la inmediatez del punk. Porque el onanismo del rock virtuoso me aburre horrores. Los solos de batería y de bajo me resultan insoportables. Incluso a mí, que soy partidario de los excesos, los abusos cometidos por los músicos de dicho género me parecen un crimen en contra de la humanidad.

A pesar de lo distanciado que me siento de Rush, debo confesar que Geddy Lee me cae poca madre. Sí, a pesar de su voz. Me chuté la miniserie de cuatro capítulos Are Bass Players Human Too? de Paramount+. Carajo, cómo no adorarlo. Al verlo expresar su amor por la música. Y mostrar su admiración por grandes bajistas como Les Claypool y Krist Novoselic. Es una lástima que sólo exista esa primera temporada. Ojalá la retomen. Por mí, que Geddy se dedique lo que le resta de vida a conducir ese programa en lugar de hacer música con Rush. Sería un documento invaluable para la historia de su instrumento.

EL ONANISMO DEL ROCK VIRTUOSO ME ABURRE HORRORES. LOS SOLOS DE BATERÍA Y DE BAJO ME RESULTAN

INSOPORTABLES

CUANDO RUSH ANUNCIÓ que su gira de celebración de 50 años de carrera pisaría México no me emocioné. Ni me apresuré a romper el cochinito. Un amigo se armó unos boletos. Y conforme avanzaron los meses, por culpa de la programación del mundial, se percató de que no podría acudir al concierto. Así que me ofreció los boletos por una módica cantidad. Se los compré por una poderosísima causa. Mi plan era invitar a mi compa Polluelo, un fan acérrimo de Rush. Y ustedes dirán, pero si no te gusta Rush, ¿tan buen samaritano eres? No es que me fuera a sacrificar, pero no negaré que me causaba cierta curiosidad. Cuántos de nosotros no se han interesado por un grupo después de verlo en vivo. Y no es que esperara que me pateara la epifanía, pero con todo lo que mencioné que me ha distanciado de Rush a lo largo de los años, de algo estoy consciente: ya no existirán bandas así. El rock, tal y como lo conocí, está muriendo. Y antes de que se extinga el último de los dinosaurios, hay que aprovechar lo más que se pueda para ver a esas bandas monolíticas.

Pero el Polluelo no pudo venir a Ciudad Godínez. Así que el destino no quería que yo viera a Rush. Porque, lo acepto, antes de mí, hay miles de fans que merecerían tener un boleto en sus manos. Pero así es la vida. Y como mi hija no me permitió que revendiera los boletos, al final no me pude salvar. Ella tampoco conocía la música de Rush, pero eso no la desestimó. Que una fan de Taylor Swift sintiera cosquillas por ver a Rush era todo el aliciente que necesitaba. Lo primero que hice al llegar al Palacio de los Deportes fue comprarle un par de playeras de la banda caricaturizada como personajes de Charles Schulz.

El concierto comenzó con un videoclip que se me hizo un tanto largo e innecesario, aunque los fans opinarán lo contrario. Pero después de eso, las cosas fluyeron hasta otro momento largo e innecesario. Una pausa de hidratación de casi media hora en el que la banda se ausentó del escenario. Para descansar, crear suspenso, llamar a sus familias o lo que fuera. Lo que alargó el show más allá de lo deseado. Pero, en resumen, Rush dio un gran espectáculo. Musicalmente, rescato al menos tres momentos de gran compenetración entre los tres músicos. Esa complicidad que sólo es posible entre aquellos que han tocado juntos durante décadas. Aunque la baterista es de reciente incorporación. Pero a pesar de ello, lució bastante. Algo de agradecer es que no se pusiera a imitar a Neil Peart y tocara con la sobriedad que exigían las piezas.

PARA MÍ, LA RECOMPENSA más grande de la noche, no fueron las llamaradas de fuego que sobresalieron del escenario, sino ver tantas caras sonriendo de felicidad. Finalmente, esa es la misión más importante de la música. Y qué le hace que por momentos Rush parezca rock cristiano, ver esos rostros con expresión gratificante no tiene precio. Porque, como ya lo dije, que para mí la banda no sea lo máximo, muchos de los allí presentes estaban viviendo un momento irrepetible en sus vidas. Y eso merece todo el respeto del mundo. Aunque los fans de Rush no sean la audiencia más eufórica. Y, sin embargo, hubo momentos en que respondieron al llamado y levantaron el puño al unísono.

Lo más cagado fue obvio, el momento en que aparecen los personajes de South Park como intro a “Tom Sawyer”. Que ya nunca la puedo escuchar sin pensar en ese reel del ruco cantándola en la primera cita.

Seré derecho, al acabar el concierto no salí con ganas de comprarme un disco de Rush. No me volveré fan. Ese tren ya partió hace mucho tiempo para mí. Acepto que no es una banda para mí. Así como las bandas que a mí me gustan tampoco les agradan a algunos de mis amigos. Pero no me arrepiento de nada. En mi mente voy a almacenar este bello recuerdo: hice que una fan de Taylor Swift se chutara dos horas y media de música de Rush. Ñaca ñaca.

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