El free solo, el tipo de escalada más extremo y con riesgo mortal, que consiste en trepar sin cuerdas, arneses o protección alguna, tomó relevancia a principios de 2026 a través de Alex Honnold. Él protagonizó una transmisión en vivo por Netflix al subir el rascacielos Taipei 101 en Taiwán; la plataforma de streaming dio a conocer que lo logró en una hora y treinta y un minutos. Ver las imágenes y la forma en que ascendía con la punta de los dedos y una agilidad de superhéroe —sin mostrar nervios o muecas de dolor— hizo que clavara las uñas en mi sillón con cada movimiento técnico. Pero antes del boom de Honnold, y de que las redes sociales se llenaran de publicaciones que aseguraban que escaló escuchando a Tool y que su cerebro procesa el miedo diferente porque su amígdala requiere de mayor estimulación, Dean Potter (1972-2015) fue el número uno.
Su historia quedó retratada en The Dark Wizard, una docuserie de los cineastas Peter Mortimer y Nick Rosen. Según señala HBO Max, “retrata las hazañas de [...] uno de los escaladores más influyentes y controversiales del mundo”. Si Honnold me sorprendió conquistando el rascacielos, Potter me atrajo más y lo hizo de una forma introspectiva: abrazando sus emociones a través de sus propios demonios, guiado por una filosofía de vida que lo convirtió en un misterioso outsider y mediante hazañas que rebasaron los límites del free solo.
EL “MAGO OSCURO”, como llamaban a Dean sus amigos, revolucionó su disciplina con el free BASE: escalar muros rocosos imposibles sin cuerdas, pero con un paracaídas a la espalda en caso de caída para burlar a la muerte. También lo hizo en el highline, un derivado del slackline que consiste en caminar sobre una cinta a miles de metros de altura, con o sin arnés. De hecho, innovó en el salto BASE con el uso de un traje de alas, buscando la libertad a través del vuelo humano.
EL ‘MAGO OSCURO’, REVOLUCIONÓSU DISCIPLINA CON EL FREE BASE: ESCALAR MUROS ROCOSOS IMPOSIBLES SIN CUERDAS, PERO CON UN PARACAÍDASA LA ESPALDA EN CASO DE CAÍDA
No creo que Dean practicara deportes extremos, sino que más bien convirtió la escalada en un rito espiritual y de sanación. Ya fuera desafiando a la ley al subir a lo más alto del Delicate Arch, en Utah, con el fin de lograr unas imágenes imponentes —acción que le costó el patrocinio de la marca Patagonia— o realizando retos mortales a cambio de grandes cantidades de dinero. Esto último no era su estilo, pero había que comer. Por ello, en 2012 cruzó descalzo una cuerda de cuarenta metros de largo a mil ochocientos metros de altura en el Gran Cañón de Enshi; una osadía que fue televisada en vivo.
En un día vi los cuatro episodios del documental y me percaté de que enfrentarse a la naturaleza —aun cuando se está aterrado— puede traer felicidad a un hombre descrito como “extraño” y “raro” debido a problemas personales que terminaron por afectar su salud mental. Esto provocó que se distanciara de sus seres queridos y se convirtiera en una especie de “vagabundo del Dharma” —haciendo alusión al libro de Jack Kerouac— pero del Parque Nacional Yosemite en California, Estados Unidos, considerado la meca de la escalada en roca.
Sin embargo, conforme avanza The Dark Wizard surge un Potter poseído por el egocentrismo que lucha ascenso tras ascenso, con un joven Honnold que se parece a Dewey de Malcolm. Él, de igual forma, termina seducido por el ego y por la satisfacción de la gloria de ser el mejor; en pocas palabras, es el villano del proyecto documental que rinde homenaje a uno de los escaladores más trascendentales.
THE DARK WIZARD, además, se convierte en una obra maestra cuando Dean encuentra paz y estabilidad gracias a la conexión con su perrita Whisper, su pareja Jen Rapp y los hijos de ella. De esta forma, la docuserie se transforma en una historia de renacimiento a medida que él abre su corazón y revela el sueño —¿o pesadilla?— recurrente que tenía desde niño: una caída al vacío de la que despertaba antes de estrellarse.
Al mismo tiempo, entre espectros y paisajes esplendorosos, desarrolló una conexión mística con los cuervos. Estas aves, además de inteligentes e intimidantes, le fueron fieles hasta el final: a los 43 años murió al estrellarse haciendo salto BASE en un estrecho desfiladero rocoso en Taft Point, dentro de Yosemite.
Cuando desperté al otro día de ver The Dark Wizard, seguía con la adrenalina a tope, pero no me surgieron ganas de comenzar a escalar. Tampoco me sentí atraído por llevar un estilo de vida similar al de Potter, a pesar de que me di cuenta de que él era más true que ciertos personajes contraculturales. Lo que sí hice fue investigar, y el Mago Oscuro —el verdadero Hombre Cuervo— me hizo dar con otros documentales como Valley Uprising, donde se muestra el lado rebelde de la escalada en Yosemite desde la década de 1960: una comunidad marcada por los estragos de la posguerra, más bohemia que deportiva, gozosa de la marihuana, influida por los beatniks y que vivía al límite. También fue inevitable llegar a Free Solo, descrito por National Geographic Documentary Films como “un retrato impactante, íntimo e impecable”. En él, Honnold —siempre admiró a Dean y lo vio como un visionario— cumple su sueño en 2017: escalar en solitario, a la perfección y sin temer caer al vacío, la imponente pared de El Capitán en Yosemite de más de novecientos metros de altura, considerada una de las estructuras más famosas del mundo.
Oda a una camiseta azul y otros poemas
