Diversa Cultural

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FELICIDAD Y DOLOR EN LA ESCRITURA
FELICIDAD Y DOLOR EN LA ESCRITURA ı Foto: Especial

FELICIDAD Y DOLOR EN LA ESCRITURA

Nuestra felicidad o infelicidad personal, nuestra condición terrenal tiene una gran importancia en relación con lo que escribimos […] en el momento que uno escribe, se siente milagrosamente impulsado a ignorar las circunstancias presentes de su propia vida. Sin duda es así. Pero ser felices o infelices nos lleva a escribir de un modo o de otro. Cuando somos felices, nuestra fantasía tiene más fuerza; cuando somos infelices, nuestra memoria actúa con más brío. El sufrimiento hace que la fantasía se vuelva débil y perezosa; funciona, pero con desgana y languidez, con los movimientos débiles de los enfermos, con el cansancio y la cautela de los miembros doloridos y febriles; nos cuesta apartar la vista de nuestra vida y de nuestra alma, de la sed y de la inquietud que nos embarga. En las cosas que escribimos afloran, entonces, continuamente, recuerdos de nuestro pasado, nuestra propia voz resuena de continuo y no conseguimos imponerle silencio. Entre nosotros y los personajes que inventamos entonces, que nuestra fantasía languideciente consigue, no obstante, inventar, nace una relación particular, tierna y como materna, una relación cálida y húmeda de lágrimas, de una intimidad carnal y asfixiante. Tenemos raíces profundas y doliente en cada ser y en cada cosa del mundo, del mundo que se ha poblado de ecos, de estremecimientos y sombras, y una piedad devota y apasionada nos une a ellas. Nos arriesgamos entonces a naufragar en un lago oscuro de agua muerta y estancada, y arrastrar con nosotros las criaturas de nuestro pensamiento, dejarlas perecer con nosotros en el remolino tibio y oscuro, entre ratas muertas y putrefactas. Hay un peligro en el dolor, así como hay un peligro en la felicidad, respecto a las cosas que escribimos. Porque la belleza poética es un conjunto de crueldad, de ironía, de ternura carnal, de fantasía y de memoria, de claridad y oscuridad, y si no conseguimos obtener todo esto junto, nuestro resultado es pobre, precario y escasamente vital.

Natalia Ginzburg, “Mi oficio”, Las pequeñas virtudes, trad. del italiano Cecilia Filipetto, Acantilado, 2026.

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PRISIONEROS

Al director de The Times

12 de octubre de 1942

10A, Mortimer Crescent

NW 6

Estimado Señor:

¿Me permite hacer una o dos reflexiones sobre la decisión del gobierno británico de tomar represalias contra los prisioneros alemanes, que hasta el momento parece haber suscitado poquísimas quejas?

Al encadenar a los prisioneros alemanes en respuesta a un acto similar por parte de los alemanes nos rebajamos, al menos ante un observador normal, al nivel de nuestros enemigos. Es indiscutible, si se considera la historia de los últimos diez años, que hay una profunda diferencia moral entre la democracia y el fascismo, pero si empezamos a regirnos por el principio de ojo por ojo y diente por diente, conseguiremos que se olvide dicha diferencia. Además, en cuestión de crueldad, difícilmente podremos competir con nuestros enemigos. Tal como acaba de proclamar la radio italiana, el principio de los fascistas es dos ojos por un ojo y la dentadura completa por un diente. Antes o después, la opinión pública rechazará las implicaciones de esa afirmación, y no es difícil prever lo que ocurrirá. Como resultado de nuestra acción, los alemanes encadenarán más prisioneros británicos y nos veremos obligados a encadenar a más prisioneros del Eje, y así seguiremos hasta que, lógicamente, todos los prisioneros de ambos bandos estén cubiertos de cadenas. Por supuesto, en la práctica, el proceso nos asqueará a nosotros primero, y anunciaremos la interrupción de su uso, con el resultado de que habrá más prisioneros británicos encadenados que del Eje. Habremos actuado de forma bárbara y débil y habremos dañado nuestro buen nombre sin lograr aterrizar al enemigo. [...]

Atentamente,

George Orwell*

*La carta no se publicó [nota de los editores].

George Orwell, La BBC y la guerra. Correspondencia y diarios, 1941-1943, pres. Peter Davison, prol. Miquel Berga, trad. Miguel Temprano García, Debate, 2014.

PRISIONEROS
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OBJETO SAGRADO
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OBJETO SAGRADO

El espejo es uno de los símbolos más frecuentes del sintoísmo. El espejo puede constituir en sí mismo el objeto sagrado de culto. El espejo refleja todo tal y como es. Simboliza la mente inmaculada del kami y, al mismo tiempo, encarna la representación sagrada y simbólica de la fidelidad del creyente hacia el kami. En la mitología, el espejo se considera un objeto misterioso. En las sociedades antiguas era un objeto ceremonial con un significado religioso; no se consideraba un objeto de uso diario. Cuenta la leyenda que se empleó un espejo para capturar el espíritu de la diosa del Sol, que se había escondido en una cueva. La diosa ordenó a Ninigi-no-mikoto “honrar y venerar el espejo” como si fuera “su espíritu”.

Las lecturas sobre el significado varían. Chikafusa Kitabatake afirma en Jinnō Shōtōki (1339) que:

El espejo no esconde nada. Brilla sin egoísmo. Todo lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto se refleja en él sin trampa. El espejo es la fuente de la honestidad porque tiene la virtud de responder según la forma de los objetos. Encarna la ecuanimidad y la imparcialidad de la voluntad divina.

Sokyo Ono, Sintoísmo. La vía de los kami, trad. Marián Bango, dibujos de Sadao Sakamoto, Satori, 2024.

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DOS PINOS

Esta es la leyenda de los pinos gemelos en el antiguo Fudoki de Hitachi: Érase una vez en Hitachi un joven sensible llamado Nasé, y una bella muchacha llamada Azé. Los dos eran famosos por su hermosura, que hacía que los demás habitantes del lugar les admirasen y envidiasen a la vez. Los dos jóvenes se enamoraron uno del otro y, una noche, con ocasión de la asamblea anual de los habitantes del poblado para el intercambio de poemas, Nasé y Azé intercambiaron versos que expresaban su amor. Luego, dejaron a los demás y se adentraron por un bosque próximo a la costa. Allí hablaron de su amor toda la noche. Nadie más estaba cerca, pero los pinos interpretaron dulces melodías con sus agujas murmuradoras, y la pareja pasó la noche como en un dulce sueño.

Cuando el día empezó a alborear sobre el océano y el crepúsculo matutino penetró en el pinar, los amantes se dieron cuenta por primera vez de que estaban muy lejos de sus hogares respectivos. Temieron volver al pueblo a causa de las insinuaciones de los demás jóvenes y la censura de los mayores a los que tendrían que enfrentarse. Así, desearon quedarse para siempre apartados del mundo. Se abrazaron y lloraron, y fueron metamorfoseados en dos pinos, entrelazados y rodeados por los otros árboles.

Masaharu Anesaki, Mitología japonesa: Leyendas, mitos y folclore del Japón Antiguo, trad. Miguel Macera, Amazonia, 2015.

Dos pinos
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INVENTOR DE MÚSICA

Vivimos en un tiempo en el que la condición humana sufre hondas conmociones. El hombre moderno va camino de perder el conocimiento de los valores y el sentido de las relaciones. [...] En el orden musical, las consecuencias son las siguientes: de un lado se tiende a apartar el espíritu de lo que yo llamaría la alta matemática musical para rebajar la música a aplicaciones serviles y vulgarizarla acomodándola a las exigencias de un utilitarismo elemental […]

Tenemos un deber para con la música, y es el de “inventar”. Recuerdo que, en una ocasión, durante la guerra, al pasar la frontera francesa, un gendarme me preguntó cuál era mi profesión. Yo le respondí con toda naturalidad que era inventor de música. El gendarme verificó entonces mi pasaporte y me preguntó por qué figuraba allí como compositor. Le respondí que la expresión “inventor de música” me parecía cuadrar mejor con el oficio que ejerzo que aquella que se me atribuye en los documentos que me autorizan a pasar las fronteras.

La invención supone la imaginación, pero no debe ser confundida con ella, porque el hecho de inventar implica la necesidad de un descubrimiento y de una realización.

Ígor Stravinski, Poética musical, trad. Eduardo Grau, Acantilado, 2006.


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