Homero en IMAX. De cuando ardieron Troya e Ítaca

Alejandro Toledo reseña la película Odisea y afirma que Christopher Nolan logró llevar la literatura de los grandes clásicos a la pantalla grande manteniendo intacta su fuerza narrativa. A través de la deslumbrante adaptación de la obra de Homero en formato IMAX, el autor explora cómo el cine en ese formato puede aliarse a la fidelidad épica para transformar el texto mitológico en una experiencia inolvidable.

En el Canto XIX de la Odisea, la nodriza Euriclea descubre la cicatriz de Odiseo al lavarle los pies, mientras Penélope permanece pensativa. Foto: Cortesía del autor

Háblame, Musa, en formato máximo (IMAX), de aquel varón de multiforme ingenio que después de destruir la sacra ciudad de Troya anduvo peregrinando larguísimo tiempo… Me hice acompañar al cine, en esta experiencia extrema, de un tomito de Aguilar, empastado, impreso en 1964 para la Colección Crisol, con la versión directa y literal del griego de Luis Segalá y Estalella, la que muestra, como acompañamiento de la portadilla, una pintura en un vaso con figuras rojas (perteneciente al Museo Cívico “La Città Sotterranea” en Chiusi, Italia) en la que Ulises es reconocido por su nodriza, escena que tiene un lugar significativo en el filme de Christopher Nolan.

Veo esa imagen y recuerdo ese momento en la cinta, como si la pintura se activara o cobrara vida. Voy al libro y leo:

Euriclea se acercó a su señor, comenzó a lavarlo y pronto reconoció la cicatriz de la herida que le había hecho un jabalí con su blanco diente, con ocasión de haber ido aquel al Parnaso a ver a Autólico y sus hijos,

y recuerda ella a detalle la anécdota de la herida.

Entonces, páginas más adelante:

Al tocar la vieja con la palma de la mano esta cicatriz reconocióla y soltó el pie de Odiseo; dio la pierna contra el caldero, resonó el bronce, inclinóse la vasija hacia atrás y el agua se derramó en tierra. El gozo y el dolor invadieron simultáneamente el corazón de Euriclea, se le arrasaron los ojos de lágrimas y la voz sonora se le cortó.

EN LA PELÍCULA LA VASIJA SE INCLINA, el agua se derrama y resuena el bronce. Reconocemos dolor y gozo en el rostro de Euriclea. Esa es la calidad del guionista que tuvo Nolan, un tal Homero, y el entendimiento por parte del cineasta de que en el ejercicio de llevar ese relato a la pantalla bastaba, en cierta forma, con seguir esas acotaciones.

Era hasta cierto punto entendible ir con prejuicios a la sala cinematográfica. Por el reparto, parecía una mezcla extrañade El diablo viste a la moda y Dunas con Batman y Spiderman, que son los trabajos habituales de algunos de los actores… Hitchcock alguna vez dijo (y muchos lo tomaron como un insulto) que los actores eran como el ganado, que iban a donde el director quería. Mas son al fin profesionales, saben hacer bien su trabajo. Y pueden figurar en cintas muy comerciales o participar con alta calidad interpretativa en este experimento extremo de llevar un gran libro, uno de los grandes referentes culturales, con fidelidad extrema, a la pantalla.

Una pantalla extendida hacia los lados y arriba, con una pista sonora que da también fuerza notable a lo que acontece. Aún siento el retumbar de los tambores, escucho el choque de las espadas, el zumbido de las lanzas… Desde la fila F, donde la vi, uno queda inmerso en la historia y la vive, la siente, la escucha con intensidad durante tres cortas horas, sea por los paisajes marinos, las batallas recreadas o los diálogos bien dichos, cual si se estuviera en una pieza teatral vista micro o macroscópicamente.

No es poca cosa: el cine logró, por fin, adaptar dignamente una enorme pieza literaria. Le encontró apenas, luego de variados intentos, su mejor forma cinematográfica. Y esto no se debe sólo a la evolución del medio, sino además, o sobre todo, a la decisión del director de ser fiel al relato y respetuoso de su guionista o colaborador, digamos.

EL CINE LOGRÓ ADAPTAR DIGNAMENTE UNA ENORME PIEZA LITERARIA.LE ENCONTRÓ APENAS, LUEGODE VARIADOS INTENTOS, SU MEJOR FORMA CINEMATOGRÁFICA

CONSIDERABA SALVADOR ELIZONDO que la novela había cumplido un ciclo entre la aparición de la Odisea de Homero y la publicación a comienzos del siglo XX del Ulises de James Joyce. La misma historia puesta primero en sus circunstancias épicas, y después a modo de parodia. Imaginé, al ver el filme de Christopher Nolan, eso otro que hizo Joyce recreado con estas nuevas herramientas. ¿Cómo sería el Ulysses en formato IMAX? Joyce llevó la narrativa también a una forma extrema, en un libro en el que la ciudad es la gran protagonista, y donde se escuchan voces exteriores e interiores, hay una amplia gama de colores y la urbe está en movimiento constante, en una notable inmersión técnica realizada sólo con palabras.

Pensé entonces algo que puede ser una locura: ya que hizo la Odisea, ahora que Christopher Nolan haga el Ulises. Para cerrar el círculo y llevar el cine un poco más allá, hasta ese punto en que Joyce llevó la literatura.

Quizá exagero, pero eso que se estrenó ahora es realmente importante. Por la cinta en sí misma, y por el referente que es una base cultural que había servido, hasta ahora, como pretexto para cintas que recreaban de forma curiosa pasajes del libro, como un simple cine de aventuras, pero que no estaban a la altura de la obra original.

YA SE SABE: son difíciles las adaptaciones. Rara vez se logra algo equivalente a la pieza literaria. Y no es cuestión técnica, sino de sensibilidad. Por lo común la película ilustra pasajes del libro, da una idea general, pero no se logra con la imagen en movimiento algo cercano a la profundidad artística a la que arribó el autor con su frágil pero efectivo instrumento.

La de Christopher Nolan es, sin duda, una gran Odisea. Y es muy buen cine… y no suele haberlo. No en estos niveles. El cine suele ser recreación, no arte.


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