Chaz Bojórquez y la vida loca del graffiti

De las calles de Los Ángeles a una de las salas del Palacio de Bellas Artes, el arte del aerosol ha recorrido un camino de resistencia y maestría. En este texto, Javier Ibarra retrata la trayectoria de Chaz Bojórquez, leyenda del graffiti que fusionó la caligrafía chola con la disciplina oriental. Su legado trasciende fronteras y galerías para consolidar la identidad chicana como un fenómeno global.

Chaz Bojórquez y la vida loca del graffiti
Chaz Bojórquez y la vida loca del graffiti Foto: Especial

Como lo explicó el artista mexicano Said Dokins durante el Primer Encuentro de Arte Chicano en el Palacio de Bellas Artes, el graffiti es una historia que se escribe y se reescribe. Y en un lugar como la CDMX y su periferia, a partir de los años 80, pero sobre todo en los 90, jóvenes comenzaron a interesarse en dicha expresión urbana y en la caligrafía, gracias a personajes clave del movimiento como Chaz Bojórquez (Los Ángeles, Estados Unidos, 1949), cuyo trabajo solía circular en revistas independientes del submundo grafitero.

Antes de que Chaz hablara sobre su arte en el recinto cultural más importante de México, ya había visitado las tierras de sus antepasados, sin saber que aquí era considerado un icono del graffiti. Su trascendencia entre varias generaciones se debe a sus impecables trazos y a su tipografía, que ha sido tema de análisis. Pero no sólo destaca por ser una gran influencia para quienes pintan paredes de forma ilegal; también para quienes tatúan, hacen murales o se sumergen en el lettering, considerado la técnica precisa para dibujar letras con un estilo propio.

Bojórquez creció en la zona este angelina, dentro de una familia chicana de tercera generación donde se hablaba inglés. Comenzó su carrera en 1969, expresándose con pinceles, esténciles y latas de aerosol. Sostiene que el arte chicano, que se desarrolló a principios de los 60 bajo el impulso del movimiento por los derechos civiles, ya no pertenece únicamente a Los Ángeles, hogar de una de las mayores poblaciones de origen mexicano en Estados Unidos. En cambio, afirma que se ha convertido en un arte universal que continúa hablando de familia y migración.

Sobre su estilo en el graffiti, Chaz señala que tomó elementos de la caligrafía chola que existía desde la década de 1940 y que es heredera de la letra gótica. A ésta le añadió la elegante caligrafía asiática: mezcló la tradición oriental con su entorno pandillero para hacerse notar en Los Ángeles. Pero a través de imágenes emblemáticas de la identidad chicana, como el esténcil de su calavera Señor Suerte, creada tras vivir en carne propia el Día de Muertos en Tijuana, inició una nueva especie de comunicación que, además, se convirtió en parte del paisaje californiano.

YA TIENE UN ESPACIO EN EL AMBIENTE ARTÍSTICO, PERO CUANDO EMPEZÓ Y QUERÍA DAR A CONOCER SUS PIEZAS, MUSEOS Y CURADORES DE LOS ÁNGELES SE AFERRABAN A DECIRLE QUE EL ARTE NO EXISTÍA EN LAS CALLES, QUE LAS OBRAS NO SE PLASMABAN EN CALLEJONES

Cuando la creatividad de Chaz lo lleva a recorrer el mundo, menciona que siente orgullo de ser una mezcla de México y Estados Unidos. En sus viajes se da cuenta de cómo son aceptadas sus letras y de cómo ha ido quedando atrás la asociación de su trabajo con la violencia, con el gangland. Con más de 75 años de edad, de hecho, se considera un adicto al graffiti.

Ya tiene un espacio en el ambiente artístico, pero cuando empezó y quería dar a conocer sus piezas, museos y curadores de Los Ángeles se aferraban a decirle que el arte no existía en las calles, que las obras no se plasmaban en callejones. Por ello, Chaz hace memoria y asegura que era imposible convencer a los galeristas de la época, quienes eran antichicanos y no conectaban ni entendían la mezcla de culturas.

Así como la visita de Bojórquez a Bellas Artes es una muestra de que las expresiones urbanas bajo una identidad son cada vez más valoradas, el artista destaca que sus trazos han pasado a ser de alcance internacional, como si en el ambiente donde se comunican a base de la pintura no existieran fronteras. Tan es así que ya no le parece nada extraño conocer a cholos que caminan muy rudos en Camboya, Brasil, Italia o Japón. Al contrario, dice que en todos lados encuentra hermanos.

Chaz también considera que en distintas partes del planeta hay un mayor interés en la cultura chicana porque ya es una tendencia que ha logrado entrar a las instituciones. Entre generaciones más recientes, los mexican americans, diría el dúo cómico Cheech & Chong, se han transformado en un fenómeno de lucha en tiempos difíciles del ICE y en algo pop gracias a películas de culto como Sangre por sangre, la literatura vivencial de escritores como Luis J. Rodríguez, la música chicano soul de agrupaciones como Thee Sinseers o plataformas como Foos Gone Wild, que a través de las redes sociales difunde cierta identidad y cierto núcleo de donde proviene este pionero del arte callejero.

No resulta extraño que el chicanismo de Chaz en algún momento haya terminado siendo un homenaje a Kobe Bryant (1978-2020): en 2012 realizó un diseño con el apodo de “Black Mamba”, pues el basquetbolista es una de las figuras más emblemáticas de los Lakers, equipo de Los Ángeles. También, su arte quedó plasmado en el concepto gráfico de la famosa película The Warriors de 1979, incorporó al Señor Suerte a unos tenis clásicos Chuck Taylor de Converse y diseñó el arte de la portada del álbum de 2023 Soul Assassins 3: Death Valley, de DJ Muggs, productor y uno de los fundadores de Cypress Hill, conjunto que ha hecho su tarea para difundir lo chicano.

Queda claro que, por décadas, Bojórquez no solamente ha sido un referente del arte urbano. Dice que quiere vivir otros 20 años para ver cómo será el mundo; su idea es seguir ampliando el panorama del graffiti. Es un loco de la vida y sigue llevando una vida loca. ¡Órale, homes!


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