DJ MAGO PALATINO
Y a es otoño de nuevo y las hojas de los escasos árboles que logran sostenerse de pie en Ciudad Cerveza se parten como si el sol y el tiempo las cristalizaran.
Soy DJ Mago Palatino y pienso que con los nombres lo mejor es irse cuidadosamente por los caminos de la vida, sobre todo porque llamarse de una manera o de otra no es responsabilidad de los hijos. Llamarse así no oculta una clave secreta. No aspiro a ser protagonista de este diario ni la pista para encontrar el hilo de los acontecimientos. La escritura no me obliga a ser fiel a nada. Ni siquiera a la verdad.

Plas Johnson. Una muerte rosa
Mi vida, a un paso de extinguirse, no tiene nada de extraordinaria. Dirán, y con razón: ¿para qué contar la historia de una vida que se extingue y que no tiene nada de extraordinaria? No entraré en detalles. Al menos no ahora.
Lo que el lector tiene en sus manos es un andar a pie por la muerte de un padre, la vida de un auto, el temperamento subversivo de La Luna en Pantalones, los ocios de mi conejo Veneno, los bultos arrojados a los canales de desagüe, las piñatas humanas que se balancean en los puentes todas las estaciones del año, casi siempre al amanecer.
Si algo vale la vida de DJ Mago Palatino, como lo podrán comprobar a lo largo de esta historia, es por lo que traen en su mochila personajes como el enano Margarito, el Doctor Bulbo Raquídeo con sus excentricidades, y el detective panzudo que no atrapa ni a un espantapájaros, y a quien, para los fines de este relato llamaremos Pedo Flamígero.
La obsesión tiene niveles. La muerte sabe a vinagre. Los asesinos de mi padre huyen de sí mismos y de bestias más peligrosas que yo: los animales de la noche. Me habría gustado dedicar más líneas al sol que un día soñé freírle a mi hijo. Pero los días son cada vez más cortos y, lamentablemente para mí, el tiempo se agota. Ahora mismo, mientras escribo estas páginas y la luna se balancea desde la ventana como si fuera a desplomarse a causa de su propio peso, tengo la sensación de que la vida es un gotero al que se le extingue el líquido de a poco. Cuando eso suceda, habremos llegado al punto definitivo y la palabra FIN aparecerá en un telón oscuro con música de fondo.
He contraído una enfermedad. Los médicos me dan, a lo mucho, seis meses de vida. Debo concluir el diario antes de que declinen mis días, pues desde la escritura del primer párrafo hasta este otoño los relojes han enloquecido y giran como si a las horas les hubiera pasado lo mismo.
La Nube en Pantalones dice que olvide a médicos y hospitales. Tiene razón. Pero alguien que también tiene razón es La Putilla del Rubor Helado, quien a fin de cuentas es la responsable de proyectar, cuando así lo decida, en un letrero espectacular con letras doradas, la palabra FIN.
Trazos, colores y pensamiento son mi semilla y mi fruto. Si no hay semilla, y si no llueve, no tendré nada que dibujar ni qué decir. El alimento escaseará en mis notas.
Las notas que aquí se muestran van apareciendo conforme el manuscrito crece. Muchas páginas han tenido que ser borradas, supongo que el destino de una obra es nacer y morir. Recurro a la síntesis porque lo más probable es que el médico tenga razón: muy pronto la enfermedad desactivará mis signos vitales. Ahora mismo, mientras escribo, siento que el movimiento de mi mano izquierda es más lento que el de la derecha, las palabras no se dejan atrapar con facilidad, las historias se repiten y el sol parece caer a pedazos. Incluso las cosas pierden visibilidad y color, tacto y gusto, y dejan de ser amables para convertirse en una trampa en la que todo lo que diga o dibuje puede volverse en mi contra.
La historia comienza en el momento en que un teléfono suena con insistencia. A partir de ahí los acontecimientos se precipitan como si los días los empujaran a la reconstrucción de sucesos que nadie recuerda con precisión, porque han sido triturados ya por las aspas del tiempo. A veces me olvido de la pluma y tomo el pincel, pienso erróneamente que al pintar los acontecimientos mi testimonio será más fiel, pero en la vida real las cosas transcurren de otro modo.
TRAZOS, COLORES Y PENSAMIENTO SON MI SEMILLA Y MI FRUTO. SI NO HAY SEMILLA, Y SI NO LLUEVE, NO TENDRÉ NADA QUE DIBUJAR NI QUÉ DECIR. EL ALIMENTO ESCASEARÁ EN MIS NOTAS
Dirán, por qué, si le queda una nada de vida, gasta energía en escribir un diario y en borrar unos lienzos para empezar otro, y no en prepararse para la batalla final. Les digo: no se sabe si lo escrito es verdad tal y como se cuenta o si yo mismo soy un engaño de la memoria. Insisto: lo que en verdad importa son los hilos que se despliegan hasta convertirse en redes en las que tarde o temprano quedarán atrapados los personajes de este mapa mental.
Hoy es un día especial: amanecieron sólo tres piñatas humanas colgando de un puente a la entrada de Ciudad Cerveza y ni un solo bulto flotando en los canales de desagüe. Si bien el hallazgo no deja de ser macabro, me parece que nos acostumbramos a ese performance mudo y el calor que nos exprime hace que olvidemos al instante lo que sucede a nuestro alrededor.
Líneas arriba escribí las palabras batalla final. Leí que el arte se hace con metáforas. No hay tal batalla. Cuando la Putilla del Rubor Helado decide que ha llegado el momento de actuar, no hay guerra campal ni defensa propia que valga. Resistirse es inútil. Huir, imposible. Por lo tanto, no hay batalla final.

Chaz Bojórquez y la vida loca del graffiti

