OJOS DE PERRA AZUL

Parasubidas

El Cultural No. 564 Foto: Especial

A diecisiete mil metros de altura todo se veía minúsculo. El ruido del avión era tan intenso como mis nervios. No me preparaste para la experiencia, me obligaste a lanzarme sin previo aviso. El salto fue fenomenal, la caída libre, salvaje. Euforia, ritmo cardiaco acelerado. El cerebro registró el vacío, no había suelo. Se abrió el paracaídas, todo se condensó en ese instante. Vino el silencio, el silbido del cielo, el descenso fue placer puro. Floté entre el viento. En el aterrizaje tuviste la delicadeza de no romperme los huesos. Tú, la inconsciente, me llenaste de adrenalina para después apartarme en la nada.

Así me tratas, me condenas a una montaña rusa eterna.

Me vulneras, me llevas hasta la cima de las sensaciones para luego dejarme caer a tu inframundo emocional. Te pido una pausa, una tregua, un respiro, no me haces caso. Oscilas entre la excitación y la abstinencia.

Me enredas en amoríos, te entregas por completo y luego huyes despavorida, inventando ridículas salidas de emergencia. Con la comida es igual. Hay días en los que me alimentas como si quisieras reparar todos los años de descuido. Otros me matas de hambre, inanición absoluta. No escuchas el temblor de las manos, el hueco en el estómago, el cansancio. Sientes todo o lo ignoras.

CARGO TUS EXCESOS SIN PASARTE LA FACTURA. Soy quien aprieta la mandíbula cuando callas, endurece la espalda cuando finges fortaleza, se inflama cuando no digieres una pérdida, acelera el corazón antes de que admitas el miedo. Soy territorio que experimenta el mundo, casa que incendias para comprobar si el extintor funciona, recipiente que inundas para poner a prueba los límites, espacio que crees dominar.

Me das pastillas para dormir, pero te seducen las noches en vela. Dices que es cuando piensas mejor, pero son las ideas obsesivas las que empiezan a desfilar. Te pido respeto, buen trato y placer, me obligas a permanecer alerta, los párpados pesan. Y tus sueños. Los escribes de madrugada en ese estado cercano a la manía en el que todo parece urgente. Las palabras salen disparadas y tus dedos apenas consiguen seguirles el ritmo. Amanezco con los músculos tensos, los ojos irritados, y tú llamas inspiración a mi agotamiento. Antes de que salga el sol me ejercitas sin piedad, correr, cargar, resistir. Después me dejas sin movimiento. Exiges disciplina cuando te conviene y abandono cuando ya te aburriste.

Piensas, piensas, vas sobre la misma página, repites la escena, la misma conversación. Ensayas respuestas que nunca dirás, fabricas futuros improbables, corriges un pasado imposible de cambiar. La cabeza nunca apaga la luz. Yo tenso los músculos, agudizo los sentidos y te acompaño en ese maratón al que llamas existencia. Somos uno, cuerpo y mente, y tú me manipulas a tu antojo como si fuera algo aparte, tu enemigo, un juguete de tus esperanzas y trastornos.

Soy tu cuerpo, me usas, te sostengo en tus extremos, en el cielo y el infierno, hago lo que sea para no vivir una existencia plana. Saltemos otra vez, juntos, querido lector, ahora con parasubidas, a ver adónde llegamos.

* Me dejaste en desvisto.


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