
EL CAMINANTE Y LA SOMBRA
EL CAMINANTE: Observo que he sido muy descortés contigo, querida sombra, aún no te he dicho cuánto “me agrada” oírte, y no sólo verte. Tú ya sabes que me gusta la sombra tanto como la luz. Para que un rostro sea bello, una palabra clara y un carácter bondadoso y firme, se necesita tanto la sombra como la luz. No sólo no son enemigas, sino que se dan amistosamente la mano, y cuando desaparece la luz, la sombra se marcha detrás de ella.
LA SOMBRA: Pues yo aborrezco la noche tanto como tú; me gustan los hombres porque son discípulos de la luz, y me alegra la claridad que ilumina sus ojos cuando esos incansables conocedores y descubridores conocen y descubren. Yo soy la sombra que proyectan los objetos cuando incide en ellos el rayo solar de la ciencia.
Friedrich Nietzsche, El caminante y su sombra, trad. Eduardo Ovejero y Maury, Edeida, 2024.

Y muy tarde comprendí
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EL MIEDO Y ATRAVESAR LA TORMENTA
Resulta tremendo hablar de una pasión y hacerlo empezando por el miedo, una palabra que tiene una carga tan negativa. Pero creo que no se puede comprender la vida ni la trayectoria de un bailarín si no se conocen el trabajo, el reto y el esfuerzo que debe afrontar para salir a bailar a un escenario combatiendo algo como el miedo, que para cualquiera de nosotros representa a la vez un freno y un aliciente.
Frente al miedo siempre hubo una salida, una luz, y cada vez que emergí lo hice más fortalecido. Esa es una de las lecciones más poderosas que ofrece la vida: no hay tormenta que dure para siempre, pero mientras estamos dentro, no queda otra que atravesarla. ¿Cuántas veces he estado ahí? No lo sé. Pero sé que es el agujero más profundo, oscuro. Todo lo que ocurre se tiñe de negativo. La mente se va inmediatamente al peor escenario posible. Sólo cuando todo termina es cuando puede surgir el aprendizaje, el crecimiento, al recoger los pedazos.
Quienes tenemos la fortuna de dedicarnos a lo que amamos jugamos con una carta ganadora para atravesar ese estado. Por muy en el fondo del hoyo que estuviera, cuando entraba al estudio o salía a escena, todo desaparecía. Como si me sumergiera en un baño calmante o me metiera en una máquina del tiempo que borrara los pensamientos tóxicos. Nada silencia mejor al miedo interior que aquello que exige presencia absoluta. En esos momentos mi respiración se aquieta, siento el cuerpo, cada músculo, la sangre. Como si los órganos se liberaran de estar atrapados, bloqueados por la incapacidad de lo que me ocurre.
La danza siempre es escuela de vida. Y la danza es exigente. Porque la vida es exigente. Y la exigencia no se produce sin cierto temor, sin librar batallas que asustan.
Joaquín de Luz, Nazareth Castellanos, El cerebro en danza. Movimiento Cuerpo Mente, La Huerta Grande, 2016.

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LA INTIMIDAD DE LA FORMA
—Maestro, le dijo Porbus, he estudiado, sin embargo, ese cuello sobre el desnudo. Pero, para nuestra desgracia, hay efectos verdaderos en la naturaleza que no son posibles en el lienzo…
—¡La misión del arte no es copiar la naturaleza, sino expresarla! ¡No eres un vil copista, sino un poeta! —gritó con fuerza el anciano, interrumpiendo a Porbus con un gesto despótico—. De otro modo, un escultor se liberaría de todos sus trabajos al modelar una mujer. Pues bien. Trata de modelar la mano de tu amante y de colocarla ante ti. Encontrarás un horrible cadáver sin ninguna semejanza y te verás obligado a buscar el cincel del hombre que, sin copiártela exactamente, te representará su movimiento y su vida. Tenemos que captar el espíritu, el alma, la fisonomía de las cosas y de los seres. ¡Los efectos! ¡Los efectos! ¡Bah! Los efectos son los accidentes de la vida y no la vida misma. Una mano, ya que he tomado ese ejemplo, una mano no pertenece solamente al cuerpo, sino que expresa y prolonga un pensamiento que hay que captar y reflejar. Ni el pintor, ni el poeta, ni el escultor deben separar el efecto de la causa, los cuales dependen invenciblemente uno de la otra. ¡La verdadera lucha reside allí! Muchos pintores triunfan instintivamente sin conocer ese tema del arte. ¡Dibujáis a una mujer, pero no la veis! No es así como se llega a forzar el arcano de la naturaleza. Vuestra mano reproduce, sin que os deis cuenta, el modelo que habéis copiado de vuestro maestro. No descendéis lo suficiente en la intimidad de la forma; no la perseguís con suficiente amor y perseverancia en sus rodeos y sus huidas. La belleza es una cosa severa y difícil que no se deja alcanzar así. Es preciso esperar sus horas, espiarla, apretarla y abrazarla estrechamente para forzarla a la entrega.
Honoré de Balzac, La obra maestra desconocida, trad. Esteve Serra, José J. de Olañeta, 2011.
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ABRAZAR EL INSTANTE
Puedo salirme del círculo que la cuna ha trazado en torno a mí; pero ¿puedo eliminar también de mi memoria todos esos conceptos quiméricos que la educación y las arraigadas costumbres han sembrado en él y que cientos de miles de mentecatos han ido consolidando cada vez más firmemente? Cada cual quiere ser íntegramente lo que es y nuestra existencia no es otra cosa que aparentar ser felices. Como no podemos serlo a su manera, ¿tenemos por ello que dejar de serlo? Si ya no podemos obtener la alegría directamente de su más pura fuente, ¿no podemos acaso engañarnos con un placer artificial?, ¿no podemos acaso recibir de la mano que nos ha robado una leve compensación? […] Cuando todo se hunde delante y detrás de mí, el pasado con su triste monotonía queda a mis espaldas igual que un reino petrificado, cuando el futuro no me ofrece nada, cuando veo todo el círculo de mi existencia encerrado en el estrecho espacio del presente, ¿quién me tomará a mal que, fogoso e insaciable, acoja en mis brazos el instante, este flaco regalo del tiempo, igual que a un amigo al que veo por última vez?
Friedrich Schiller, Narraciones completas, trad. Isabel Hernández, Debolsillo, 2006.
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LA FORTUNA DE LOS HERMANOS NOBEL
Bakú había sido creada por una sola dinastía. Suecos por su origen, rusos por inconveniencia e internacionales por instinto, los Nobel ganaron su primera fortuna vendiendo minas terrestres al zar Nicolas I, pero en 1879, el año en que se encontró el primer “pozo” de petróleo en Bakú, los hermanos Ludwig y Robert Nobel fundaron la Compañía Petrolera de los Hermanos Nobel en la ciudad conocida principalmente por el antiguo templo de la religión zoroástrica en el que los magos se cuidaban de que permanecieran encendidas las sagradas llamas alimentadas con petróleo. Las primeras perforaciones ya habían dado comienzo; los empresarios encontraban chorros espectaculares de petróleo. Los Nobel empezaron a comprar tierras, especialmente en la zona que acabaría convirtiéndose en la Ciudad Negra. Alfred Nobel inventó la dinamita, pero el invento de su hermano Ludwig, las cisternas de petróleo, fue casi tan importante como el suyo. Los Rothschild de la rama francesa siguieron a los Nobel a Bakú. En la década de 1880, la Compañía Petrolera del Mar Negro y el Mar Caspio del barón Alphonse Rothschild, era la segunda mayor productora y sus obreros vivían en el poblado industrial llamado la Ciudad Blanca. En 1901, Bakú producía la mitad del petróleo del mundo y el Premio Nobel, creado ese mismo año, se financiaría con sus beneficios.
Simon Sebag Montefiore, Llamadme Stalin. La historia secreta de un revolucionario, trad. Teófilo de Lozoya, Crítica, 2018.

El oficio del hambre

