EL CORRIDO DEL ETERNO RETORNO

La majestuosa y breve vida de Jeff Buckley

La majestuosa y breve vida de Jeff Buckley
La majestuosa y breve vida de Jeff Buckley Foto: Cortesía del autor

Existe una pregunta caprichosa, que mucha gente se formula a modo de reto, juego o acertijo. ¿Si pudieras volver al pasado cuál banda o músico te gustaría ver en vivo? Para muchos es incontestable. Es que imagínate, con el panteón musical que nos cargamos. La tentación de contestar que Elvis, Jimi Hendrix o Beethoven es automática. Pero más allá de lo obvio, nuestra declaración dependerá del humor en que andemos ese día. Flemáticos, exultantes o inconsolables. Esa pregunta me la hago a mí mismo todos los jodidos días. Y la respuesta siempre es la misma: Jeff Buckley.

Los miembros de Generación X, y algunos nacidos en años atrás, cargamos con un dolor muy particular. El vacío que nos dejó la muerte de Jeff Buckley. Amplificada por las de Kurt Cobain y Layne Staley, y la de tantos otros talentosos músicos de la era que murieron. Pero a diferencia de los dos mencionados, Buckley no tuvo la oportunidad de recibir plenamente el reconocimiento que merecía. Sólo lanzó un disco. Mientras que Kurt y Layne tuvieron tiempo para expandir su talento.

No exagero al afirmar que representa una herida colectiva. Gracias a Jeff Buckley he conectado con gente con la que pensé que no tenía nada en común. Tanto de mi época como de las generaciones posteriores. La crítica y el público están de acuerdo en que Kurt Cobain es el mejor compositor de los noventas. El segundo mejor es Jeff Buckley. Pero mucha gente no lo sabe. Porque ni siquiera lo conoce. Porque murió de manera trágica después de sacar su primer y único disco, a la edad de 30 años. No muy lejos del club de los 27.

La talentosa y breve vida de Jeff Buckley desde hace mucho tiempo adolecía de un documental que la acercara a una audiencia más amplia. Amy Berg por fin le puso remedio a ese delay con It’s Never Over (HBO 2025). En la que el círculo de Jeff Buckley cuenta la historia de cómo desde pequeño se construyó a sí mismo como uno de los músicos más sólidos de la segunda mitad del siglo XX. Hasta el mismo David Bowie se rindió ante su arte al confesar que se llevaría Grace a una isla desierta.

Qué tiene Jeff Buckley que nos obsesiona tanto a muchas personas. Lo tiene todo. Era un compositor a la altura de Kurt Cobain, como dije. Lo tiene todo. Era un compositor a la altura de Kurt Cobain, como dije. Poseía una voz que fue comparada con la de Nina Simone, en su intención, aclaro. Era un guitarrista furibundo, como tantos del movimiento grunge, del que fue contemporáneo, pero no parte, a pesar de su estrecha amistad con Chris Cornell. Pero lo que quizá impacta más de los poderes interpretativos de Jeff Buckley era su capacidad para moverse entre la rabia y la ternura. Es un lugar común decir que tal o cual músico es capaz de edificar las más hermosas baladas y después estallar a guitarrazos, sin embargo, en el caso de Jeff Buckley él era el rey de la categoría. Casi casi que él la inventó. Aunque otros detrás ya habían pasado por ahí, él se encargó de que nadie le hiciera sombra. Y combinado eso con la sensualidad que manejaba, era irresistible, para cualquier oído. Incluso he conocido metaleros que odian cualquier cosa que no sea metal pero que ante Jeff Buckley se quitan el sombrero.

LO QUE QUIZÁ IMPACTA MÁS DE LOS PODERES INTERPRETATIVOS DE JEFF BUCKLEY ERA SU CAPACIDAD PARA MOVERSE ENTRE LA RABIA Y LA TERNURA.




IT’S NEVER OVER INTENTA CONSTRUIR UNA VERSIÓN de Jeff Buckley. Pero conforme el documental transcurre nos damos cuenta de que es imposible hacerse una idea de quién fue en realidad. Su vida fue muy corta. Y la mayor parte del tiempo se la pasaba tocando en bares y después de gira. Hasta esa trágica noche en que se metió a nadar con sus Dr. Martens y la ropa puesta y jamás pudo salir del lago. En una presentación para el programa MTV Beach House, Thom Yorke se arrojó a media canción a una alberca con las Dr. Martens puestas. Después dijo en entrevista que sentía que no podría salir por lo pesadas que le resultaron las botas mojadas. Ahora imaginemos a Jeff Buckley, un tipo delgado, en la misma situación y con un pantalón de mezclilla.

A todas luces fue un accidente. Y si algo no era Jeff Buckley es un suicida. Sin embargo, y especularé, había una angustia que no le permitía estar en paz. Era el reto tan grande que le significaría en algún punto volver al estudio y grabar otro disco. Él lo sabía, todos lo sabemos, que no superaría a Grace. Y es muy probable que eso lo haya matado. No quiero decir que se haya ahogado a propósito. De lo que hablo es que la desesperación que le producía aquello le hizo pensar que era una buena idea lanzarse al agua en medio de la noche. Algo estaba buscando destrabar.

DESPUÉS DE SU MUERTE, la disquera lanzó un Frankenstein con grabaciones recolectadas de algunas sesiones. Sketches For My Sweetheart The Drunk posee algunas de las canciones más desgarradoras que músico alguno pueda registrar. Incluso sin el antecedente de Grace, si Jeff Buckley hubiera debutado con algunas de estas canciones sería suficiente para que entrara al mundo del rock por la puerta grande. Pero había un problema, detrás estaba Grace. Ese álbum que ha conseguido amasar una legión de adoradores, entre los que me cuento. Que regresamos a él una y otra y otra vez. Sin jamás acusar signos de agotamiento. Como ocurre con las verdaderas obras maestras, uno puede bucear en sus profundidades hasta el final de los tiempos.

Para entender un poco de dónde provenía Jeff Buckley, más allá de las obviedades, fue hijo de otro gigante Tim Buckley, quien también murió joven, a los 28, en It’s Never Over su madre arroja unas cuantas pistas. Sin embargo, no hay retrato hablado que valga. Y esto no hace que el documental sea fallido. Pero cómo definir a una persona como Jeff Buckley. En un documental, en una biografía o donde sea. El único perfil posible está en Grace. Y ahí es contundente. Es todo lo que traía por dentro. Y es su manera de cantar y es su forma de requintear. ¿Acaso importa algo más?

Una vez que te obsesionas con Jeff Buckley no hay vuelta atrás. Cuando regresaron las tornamesas y me agencié una, el primer disco que me compré fue Grace. Al que he escuchado sin descanso en todos los estados posibles: sobrio, ebrio, drogado, triste, enojado, enamorado, confundido, exultante, etc. Y jamás me he aburrido ni lo he quitado para poner otro disco. Estoy bajo un hechizo. Como todos aquellos que han encontrado en él alivio y refugio. Con esa intensidad de la que sólo es capaz Jeff Buckley.

Vean el documental, compren Grace y levántenle una catedral, y que esta noche la música de Jeff Buckley endulce sus sueños.


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