Los farsantes. El arte de la novela negra

En esta novela, escriben los editores de Moho, “el misterio comienza desde el principio: Un manuscrito titulado Morir para contarlo y un asesinato abren la puerta a un acertijo que se irá describiendo con paciencia y sin temor a la sorpresa. Un aspirante a escritor se ve envuelto en una trama que su ambición teje a causa de una novela que no escribió y que sin embargo escribe”. Andrea Magaña ahonda en las características de la novela negra y reseña Los farsantes, un libro que renueva ese género ambientándolo en la Ciudad de México.

Los farsantes. El arte de la novela negra Foto: Especial

A lo largo de la historia de la literatura, la novela negra ha gravitado en la periferia de las letras. Considerada durante mucho tiempo un género menor, vinculado al entretenimiento, al misterio y a la resolución de un crimen. Sin embargo, ha sabido ganarse un lugar propio dentro de la tradición literaria. Desde el siglo XIX se acercó a las clases populares y encontró lectores. Pero su alcance va más allá, ya que explora la condición humana, se acerca a la realidad y se convierte en una forma de mirar aquello que ocurre en los márgenes de la sociedad.

Quizás el género de la novela negra ha logrado sobrepasar los prejuicios que lo acompañan porque ofrece la posibilidad de asomarnos a vidas ajenas y, aún más divertido, invita a participar dentro de la trama.

EN MÉXICO, ESA TRADICIÓN tiene nombres que no siempre ocupan el lugar que merecen. Y el autor de Los farsantes, Ernesto Anaya Adalid, recupera a la novelista y ensayista duranguense María Elvira Bermúdez, considerada una de las primeras narradoras y teóricas mexicanas del género policiaco. Su presencia, dentro de Los farsantes, resulta significativa, y nos lleva a recordar que la novela negra en México tiene una historia que también ha producido escritores e ideas particulares sobre el género.

Es precisamente en este territorio donde aparece Los farsantes, la primera novela del género publicada por Moho. Durante la presentación del libro, Guillermo Fadanelli recordó que Roger Caillois pensaba que era posible que el género hubiera surgido de las pesquisas de Joseph Fouché, el gran detective, espía y tirano de la Revolución Francesa. En contraposición, mencionó que Borges situaba el nacimiento de la novela criminal en Inglaterra, por ser los ingleses legalistas y empíricos. También destacó que más allá de las distintas genealogías aparece un elemento fundamental: la confianza en que un crimen puede ser resuelto mediante la razón, la observación y la indagación. La novela negra nace de esa fascinación por convertir el misterio en un problema que puede ser descifrado.

Porque Los farsantes es una novela que parece preguntarse qué sucede cuando las reglas del género se encuentran con la realidad mexicana. Desde las primeras páginas, el misterio se instala alrededor de un manuscrito titulado Morir para contarlo y de un suicidio. A partir de ahí, Anaya construye un relato en el que la investigación se cruza constantemente con la escritura. La trama refuerza este cruce.

LOS CAPÍTULOS SE ALTERNAN: uno corresponde a un escritor con aspiraciones literarias, que enfrenta la ficción desde la impostura; y otro, a un perito en balística a punto del retiro, también con deseos de convertirse en novelista, enfrentándose a la página en blanco desde sus propias reglas. La siguiente paradoja es el corazón de la historia: apropiarse de una ficción ajena para convertirse, poco a poco, en su verdadero autor.

La transformación de los personajes tiene algo que me recuerda a la picaresca y al delirio. A partir de ellos, el autor analiza algunas reglas de la novela policiaca y también de la creación literaria, mucho más incierta.

En ambos casos aparece el mismo problema: escribir cuesta. Ernesto Anaya, muestra que para escribir hay trabajo, sacrificio, obsesión y también una buena dosis de sufrimiento. Porque enfrentarse a la escritura implica enfrentarse con uno mismo. Hay que sentarse frente a una página y producir algo de la nada. “Porque para escribir ficción […] hacen falta huevos.” La frase, aparentemente provocadora, contiene buena parte del espíritu de la novela: para crear hay que atreverse a mentir, a preguntar, a investigar y a ser curioso.

LOS FARSANTES ES UNA NOVELA QUE PARECE PREGUNTARSE QUÉ SUCEDE CUANDO LAS REGLAS DEL GÉNERO SE ENCUENTRAN CON LA REALIDAD MEXICANA

En Los farsantes, la impostura es una condición de la creación. Los escritores también son farsantes; toman sus referencias y las transforman en algo propio. En este sentido, esta novela indaga sobre el arte de inventar, la necesidad de transformar la realidad en relato y de encontrar una verdad que quizá no podríamos alcanzar de otra manera.

Los personajes de Anaya lo expresan con contundencia: “La ficción es más poderosa que la verdad y por eso la buena ficción no envejece, porque es como una bala que penetra la carne dejando una historia a su paso”. La cita funciona como una poética de Los farsantes, porque la novela no es una evasión de la realidad, sino una manera de transportarnos en ella. Somos los lectores quienes tenemos el reto de navegar esta historia.

La Ciudad de México, sus cantinas y sus vivencias terminan formando parte de ese mismo juego de ficción y realidad que atraviesa todo el libro. Nadie parece ser completamente quien dice ser. Nosotros incluidos.

Y el autor lleva esa idea hasta las últimas consecuencias. Porque cuando se trata de buscar sentido, cualquier método parece válido: la investigación policial, la literatura, el azar, las cartas, el oráculo o incluso el hallazgo de una pachita de whisky en la escena de un suicidio.

Si algo nos deja la lectura de Los farsantes es la certeza de que la literatura puede ser una mentira, pero una mentira capaz de revelar una verdad. Al final, ¿qué otra cosa hacemos los lectores y los escritores sino creer, por un rato, en una buena mentira?


Google Reviews