Manuela Zárate. Narrar a partir del barro

Manuela Zárate (Venezuela, 1994) es una artista visual y ceramista que utiliza su oficio para transmitir la relación del medio con el cuerpo, la feminidad, la vida misma. Sus piezas son inusuales, divertidas, incluso irónicas. En conversación con Diego Torres, la artista habla de cómo surgen las ideas transformadas en objetos que muchas veces reproducen la vida diaria venezolana: “La cerámica ha estado desde el inicio de la humanidad junto al lenguaje y la comida; es un puente entre el lenguaje y lo cotidiano”.

Audiencia
Audiencia Foto: © Manuela Zárate

El pequeño hogar de Manuela Zárate en Caracas posee objetos que casi son habitantes: hay cerámicas policromadas sosteniendo a sus plantas; en sus paredes, donde reposan con forma de cuadros; en su cocina, donde sirven como tazas, teteras y cafeteras. Son seres de barro con una utilidad muy concreta, pero que poseen una estética que ella les ha impregnado con apoyo de los colores. Hay una identidad más clara. Y en medio de ese ambiente destacan las piezas que han nacido para sobrevivir más por sus significados que por su función. Gran parte de su trabajo está cargado de narrativas, ironías y reflexiones. Por eso, su obra ha llegado hasta galerías venezolanas e internacionales.

Manuela Zárate ha desarrollado una obra que, aunque se mantiene en la cerámica, podría ser considerada escultórica: su primera exposición, Guiso (Galería Abra, Caracas, 2021) creó un conjunto de alimentos de barro que aludían a aspectos culinarios del país, y también… a la corrupción habitual de las élites políticas. Después llegó Picar la torta (Beatriz Gil Galería, Caracas, 2023), que con la excusa del reparto de un pastel de cumpleaños venezolano (al que se le llama “torta”), hace un repaso por la historia petrolera, el despilfarro de recursos y la desigualdad. Entre otras interpretaciones, porque su arte nace y se desarrolla a partir de ambigüedades.

MANUELA CRECIÓ EN UNA FINCA en una zona fronteriza entre Venezuela y Colombia. Vivió allí sus primeros nueve años de vida. Todas las vacaciones las pasaba en una casa familiar en la isla de Margarita. Su madre, historiadora, la llevó a recorrer pueblos del país, donde conoció a alfareros, bailarines, músicos y artesanos de todas las ramas. “Y sigo relacionada con eso, a pesar de no vivir en el campo.” Se mudó a Caracas siendo una preadolescente, donde se graduó años después de un bachillerato tipo técnico especializado en artes. Allí comenzó su formación como ceramista. A los 17 años creó su taller en la casa de su abuela. Y después, realizó una licenciatura en UNEARTE.

Al principio, su interés estaba en la cerámica de tipo utilitario. “Parte de mi interés fue el diseño, y los objetos utilitarios. Siempre me interesó hacer cosas que funcionaran y fueran parte de la vida cotidiana de las personas.” Pero el tiempo y la práctica le enseñaron a pensar en conceptos que podían ser expresados mediante el uso del barro y la pintura con la que recubría las obras. Hoy, desarrolla ambas vertientes. Animales, escenas cotidianas, cuerpos, paisajes, seres provenientes de sueños,plantas: los símbolos que pueblan su universo son diversos. Manuela, con susonrisa irónica característica, es capaz de pasar mucho tiempo respondiendo cada pregunta.

HAY COSAS DIVERTIDAS QUE PUEDEN ABORDARSE AL TOMAR EN CUENTA QUE LA CERÁMICA HA SIDO TOMADA COMO UN ARTE MENOR, Y ESO ME INTERESÓ COMO UN ACTO DE REBELDÍA

Empezaste haciendo cerámica utilitaria, que todavía haces. ¿Esa relación entre ambos tipos te ha servido para construir tu discurso?

Llevo bien esa relación. Entender el material cuando tiene que funcionar para algo te permite resolver objetos escultóricos mucho mejor. Tengo más libertad en la creación de formas. Empezó a fluir todo cuando entendí el material con más profundidad. Hay cosas divertidas que pueden abordarse al tomar en cuenta que la cerámica ha sido tomada como un arte menor, y eso me interesó como un acto de rebeldía: tomar algo y sacarlo de una mirada limitante. La cerámica ha estado desde el inicio de la humanidad junto al lenguaje y la comida; es un puente entre el lenguaje y lo cotidiano. Ha estado desde antes de que fuéramos una civilización. Con la cerámica se guardaban alimentos; está ligada a la evolución de la humanidad. Es como la agricultura.

Península
Península ı Foto: © Manuela Zárate

Haber empezado sin la pretensión de ser artista. Hacer objetos hermosos y funcionales me permitió ser artista después porque, a partir de aprender y adentrarme en los conceptos del mundo del arte, de su formalidad, me dio un lenguaje nuevo que se apoderó de mi pensamiento. Surgieron nuevas inquietudes, así que sólo tuve que explorar discursos en mi interior. El arte utilitario tiene normas: en su función, en su peso, en sus acabados. No son productos del azar y son importantes para que el objeto se pueda defender. Esas normas me hicieron entender el material en una complejidad que me permitióexplorar formas. Mi escultura es una exploración constante de formas.

¿Los dibujos son para agregar una capa de narrativa a tu trabajo?

Me encanta pintar sobre el volumen. Ha sido una de mis aproximaciones. Termino de pensar las formas con colores. Son como dos campos que siempre estoy disfrutando. Sí, disfruto completar el volumen con color o con dibujo. Puede ser con colores, palabras o dibujos. Es como un mundo libre. Hago lo que sienta que le hace falta. Los dibujos de las cerámicas no son independientes; por lo general, antes de hacer una obra, hago un boceto de la escultura y construyo ideas previas de lo que quiero conseguir, así sea una pieza escultórica o un objeto utilitario.

Turistas
Turistas ı Foto: © Manuela Zárate

La cerámica involucra todos los lenguajes: dibujo, volumen, cuerpo. Es un oficio muy complejo y debes aprender a hacerlo todo. Cada proyecto tiene sus propias implicaciones. Por ejemplo, este pie es cerámica, pero tiene dibujos de un camino. Entonces se completa una narrativa. O, por ejemplo, en esos “cuadritos” de la pared se ve que hay pasajes ligados a las minas de la Amazonía venezolana y peruana, aunque parezcan cuadros abstractos; entonces una crítica a la minería ilegal se traslada a un adorno.

El cuerpo femenino aparece en varias de tus piezas, pero no parece haber erotismo. ¿Qué dirías al respecto?, ¿dirías que el barro es como una metáfora del cuerpo?

El barro es un ser, hay una materialidad que se transforma, como un cuerpo. No sé si el barro sea un ente femenino; creo que es no binario, pero contiene de todo, te contiene a ti y te permite hacerlo todo. Esapodría ser su condición más femenina: te permite dar vida a otras cosas. Allí puede haber un acto de mi masculinidad reflejándose en el barro, como si estuviera fecundándolo. Pero no sabría quién usa a quién para fecundarse.

La torta
La torta ı Foto: © Manuela Zárate

Lo erótico no está, ni siquiera lo encasillaría. Lo irónico y lo femenino, cuando lo represento —porque yo represento cuerpos masculinos y femeninos—, lo hago irónicamente para narrar algo más. O para hablar de las diferentes formas de percibir el cuerpo y las formas, pero que no sea desde el canon tradicional. Yo ya sé cómo se representan los cuerpos y lo bello, lo clásico. Quiero ser parte de la corriente que lo deconstruye.

Cuerpos, demonios, fauna local, íconos venezolanos… ¿Tú privilegias la narrativa sobre cualquier otro elemento?

Sí, totalmente. Para mí, la función de crear es contar cosas, generar recuerdos a partir de lo que he vivido y de las cosas que me generan inquietud y que quiero compartir. Son los elementos que terminan convirtiéndose en una obra. Yo uso dos estrategias literarias: crear obras a partir de párrafos o de oraciones. Mis esculturas son textos, pueden ser párrafos. Mi obra nace de la palabra, de escribirla. Creo que allí se parte de lo narrativo como ejercicio para producir la obra.

Las cosas que hago son relatos. Hacer una cerámica tiene una relación con escribir un libro o escribir una canción. Hay una carga narrativa de su tiempo y de la persona. La producción de arte es un dispositivo para narrar sobre el tiempo que vivimos, contarnos a nosotros mismos.

HAY UNA DOBLE FACETA DEL ESPÍRITU FESTIVO VENEZOLANO, QUE NOS DEJA MANTENERNOS EN PIE, NOS DA ÁNIMO, ALEGRÍA, Y NO LO HEMOS PERDIDO DEL TODO. NO NOS HAN LOGRADO QUITAR LA ALEGRÍA

Sé que es un medio muy diferente, pero… ¿te vinculas con la caricatura política?

Mi arte puede rozar esas estrategias, pero no roza la caricatura porque no reduce el lenguaje. Es muy barroca mi obra. Entonces es un opuesto. Hay un exceso de elementos. Es eso lo que disfruto construir: imágenes fijas que estén cargadas de elementos o que complementen la narrativa de la obra. Pero sí hay un tema de leer la realidad y la contemporaneidad con cierto humor, sátira e ironía que me puede acercar al mundo de la caricatura. Pero no me gusta lo literal. Me gusta crear ideas abiertas donde haya espacio para pensar y completar.

Casi siempre hay significados, pero me gusta la ternura, el juego, lo inocente, lo irónico, lo misterioso. Trato de cruzar distintas sensaciones y que una obra no se limite a generar una sola. Me gusta lo que podemos entender, pero que no es evidente; e inclusive, lo familiar y cercano. Eso es parte de los ingredientes de mis pasiones mágicas. Y estudiar a Venezuela y al mundo, sacar fuentes de lo que sigue apareciendo como una necesidad para seguir produciendo. Hubo una primera fase de mi obra que se enfocaba en entender Venezuela, y ahora estoy en una etapa que es más de narrativas que surgen de esa traducción de cosas locales, pero también relacionadas con el mundo entero.

Los venezolanos hemos sufrido muchísimas pérdidas. ¿Tus cerámicas tienen una carga de nostalgia?

Sí. Es eso que te conté al principio: de moverse, viajar, de haber nacido en el campo y de estar siempre en movimiento. Yo he sido muy nómada por mi historia familiar, y estoy experimentando las distancias desde muy pequeña, las distancias con las cosas que quiero. Construir la historia personal se conecta también con la historia de un país. Al tener una mamá historiadora comprendí eso; siempre estoy procesando lo que me ocurre. Gracias a eso existe una voluntad para que las cercanías se conviertan en algo más. Es mi medio para conectarme con los demás y hacer la historia del país.

Entre las funciones de la cerámica está la de ser un “fósil narrativo”. Conocemos lahistoria de la humanidad a través de ella. Yo propongo eso en mi obra: ideas, postulaciones de una Venezuela que he vivido, que es compleja, llena de dificultades, pero bellísima. Por ejemplo, “Picar la torta” fue una instalación que recreaba el espacio del exterior al interior de una casa en un encuentro festivo. En este caso, la temática es lo nacional, y es una torta que tiene una narrativa relacionada con los pozos petroleros y el territorio venezolano. Entonces, la torta significa el territorio.

Y hay un factor cultural complejo de la venezolanidad que nos ha permitido llevar la tragedia de este período histórico, lleno de pobreza, desigualdad, limitaciones y complejidades. Hay una doble faceta del espíritu festivo venezolano, que nos deja mantenernos en pie, nos da ánimo, alegría, y no lo hemos perdido del todo. No nos han logrado quitar la alegría. Pero, a su vez, ese mismo valor que nos sostiene es el mismo rasgo que nos ha llevado al punto en el que estamos:el derroche. Muchas veces compartimos sin pensar qué pasará luego, sin una visión de crecimiento. Somos una cultura minera del exceso. Y, además, hay una gran nostalgia, porque es la repartición, es un reír llorando. Seguimos vivos mientras vemos cómo hay un desmembramiento de nuestro territorio y nuestra cultura. Nos toca ver estrategias para resignificarnos.


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