LOS IMPRESENTABLES

Monomanía por el robo: Juan Yáñez, el primero de la casta

Monomanía por el robo: Juan Yáñez, el primero de la casta
Monomanía por el robo: Juan Yáñez, el primero de la casta Foto: Cortesía del autor

Una vieja historia mexicana, antigua y terriblemente actual, habla de un hombre muy cercano al presidente, involucrado en una gran red de desfalcos, robos y evasiones.

Tal pareciera que, desde la tarde de junio de 1839 en que murieron ahorcados en la plaza de Mixcalco el coronel Juan Yáñez y sus cómplices, una leyenda negra se instaló en la administración pública de México. Porque desde entonces, si no es el hijo es el compadre, la nuera, la esposa, los primos o los amigos.

Yáñez era el jefe del Estado Mayor Presidencial del presidente Antonio López de Santa Anna y se robaba hasta los rebozos. Conocemos su historia porque la escribió Manuel Payno y se publicó por entregas en la ciudad de Barcelona entre 1888 y 1892 bajo el nombre de Los bandidos de Río Frío. Novela naturalista, Humorística, de costumbres, de crímenes y de horrores. El personaje principal de la segunda parte de esta monumental novela, Relumbrón, está fielmente basado en el coronel Yáñez. Su sistema estaba basado en la violencia, el espionaje y el amparo del poder político. Toda la primera parte de la novela gira en torno a Evaristo, un despiadado asaltante de caminos, quien pasará a formar parte de la banda de Relumbrón poco después de ser nombrado capitán de rurales, una fórmula probada desde entonces.

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RELUMBRÓN TENÍA INFORMANTES en todas las casas ricas de la Ciudad de México, un crupier corrupto en las casas de apuestas, cuadrillas de bandidos en las principales vías de comunicación y una casa de acuñación de moneda falsa. Habiendo urdido su plan, Relumbrón confiesa así sus creencias privadas a uno de sus cómplices, su idiosincracia de leyenda. Escribe Payno:

La mitad de los habitantes del mundo ha nacido para robar a la otra mitad, y esa mitad robada cuando abre los ojos y reflexiona, se dedica a robar a la mitad que la robó y le quita, no sólo lo robado, sino lo que poseía legalmente. Ésta es la lucha por la vida. Las excepciones se contarán en muy corto número. […] Estamos hablando sin máscara, y la máscara de la honradez es la que usan de preferencia los que más roban.

En su famoso artículo de 1985, “Bandidos de ayer y hoy”, José Emilio Pacheco escribió: “La diferencia del Porfiriato y el Neoporfiriato es que el Porfiriato convirtió en policías rurales a los bandidos y el Neoporfiriato convirtió en bandidos rurales a los policías”. Casi doscientos años después otro presidente López, encumbrado como gran líder moral, firmó un libro titulado así Neoporfirismo: hoy como ayer donde su idea panfletaria de la historia condenaba el saqueo del país por sus gobernantes. Pero en mala hora le salieron varios hijos Relumbrones, compadres, nueras, hermanos y amigos. Como hoy, hace doscientos años nadie creyó a Santa Anna su ignorancia absoluta sobre los negocios del subalterno. Hoy como ayer: “El plan es ganar dinero por todos los medios posibles, robar en grande, ejercer, si usted quiere, el monopolio del robo”.

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