LA CANCIÓN #6

Francisco Barbas y el ritmo de Texas

Francisco Barbas y el ritmo de Texas Foto: Cortesía del autor

El estado de la estrella solitaria es tierra de gigantes macizos como Lightnin’ Hopkins, T-Bone Walker, Stevie Ray Vaughan, Johnny y Edgar Winter, Gary Clark Jr. y los tres de ZZ Top: Billy Gibbons, Dusty Hill y Frank Beard. El bataco sin barba colgó las baquetas y el sombrero a los 77 años. De los tres reyes magos del rock solo queda uno. No se mencionó la causa de su enfriamiento, pero sospechamos que tarde o temprano la velocidad del rol en las giras le iba a echar el guante. En sus brazos pulsaba la historia musical de Texas bajo el influjo de drogas más duras que el trío. Vivió para contarlo, desintoxicado y arrepentido cuando supo los millones que se había chutado por las venas y la nariz. Sin embargo, su legado como el motor del que quizá sea el grupo más canijo y popular del rock texano tampoco se puede medir en términos de billetes ni sustancias.

Beard y Hill fueron cómplices rítmicos como dupla batería-bajo desde que eran chavitos en la secundaria. Cambiaban de banda como de sombreros, hasta que Beard introdujo al estupendo Gibbons. Así se armó el ZZ Top en 1969 como un trío de boogie / blues / country / rock sureño y rockabilly. Beard logró domar y condensar esos ritmos entre Rio Grande Mud y Tres Hombres, concretamente en la clásica “La Grange” de 1973. Levantaron tanto polvo con esta canción, y después con “Tush”, que se convirtieron en tres estrellas del rock en menos de lo que cantó el gallo. Pero ninguno abrazó la vida rockstar de los 70 como Beard: cocaína y anfentamina para trabajar, heroína para descansar y suficiente LSD para catalizar la vida en el camino. Para arriba, para abajo y en espiral. Y todo bien hasta que, en 1976, después del disco Tejas, el grupo se detuvo porque Beard se tomó no uno ni dos, sino tres años para ir por sus cabras al monte.

EN 1979 REGRESARON CON DEGÜELLO y otro esquinazo, “Cheap Sunglasses”. A partir de entonces, el grupo nunca se presentó sin sus lentes oscuros, sombreros vaqueros y barbas de 52 centímetros; salvo Beard, pese al apellido. Entonces, en 1983, ya entrados en la era MTV, ocurrió el parteaguas de ZZ Top: Eliminator. Un disco clásico, cuatro mega jitazos, máxima rotación de sus videos –con el Ford Coupé rojo de 1933 y las zztopettes– y más de diez millones de copias. El mundo giró alrededor de “Gimme All Your Lovin’”, “Legs”, “Sharp Dressed Man” y “Got Me Under Pressure”. Pero algo no funcionaba en el interior de Beard. Atrofiado por el exceso, perdía su toque mágico. Por eso el disco que les dio la fama cósmica corre sobre ritmos programados y sampleos de su bataca. Eso dio origen a otra historia, cuando Gibbons pasó en el Eliminator por Al Jourgensen y Paul Barker de Ministry para agradecerles porque se pirateó sus programaciones.

Beard cambió la emoción y el vértigo de las drogas por las carreras de coches GTU, corría en Daytona y en Sebring al volante de su Porche. Continuó con ZZ Top hasta la muerte con una quincena de discos de estudio / en vivo, levantando más jitazos como “Sleeping Bag” en Afterburner. En Top Descanse.

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