René Goscinny, un genio de cien años

Astérix, el Galo apareció por primera vez el 29 de octubre de 1959. La historieta cómica creada por René Goscinny y Albert Uderzo se ha traducido a más de cien idiomas y es el cómic francés más popular del mundo. Entre sus personajes han aparecido Julio César, Brutus y Cleopatra. Astérix & Obelix contra César, dirigida por Claude Zidi, fue la primera adaptación al cine con actores reales y se estrenó en 1999 con intérpretes como Gérard Depardieu, Christian Clavier, Roberto Benigni y Laetitia Casta.

René Goscinny y Albert Uderzo, 1970. Foto: Especial

La fecha fue 23 de octubre de 2025, hace casi un año, el día en que se publicó en todo el mundo el nuevo número de Astérix, el Galo. Historieta que ha sido traducida a decenas de idiomas y apareció en diferentes formatos en Estados Unidos, España, Argentina, Japón y demás países del orbe. Ya se sabe el título desde hace tiempo, Astérix en Lusitania, la primera vez que los irreductibles galos cruzan Los Pirineos para llegar hasta Portugal.

Normalmente las historietas, en Francia llamadas bande dessinée, o simplemente BD, se venden en puestos de revistas, tiendas de “tabaco” o en librerías especializadas; pero en esa ocasión es especial, fue el número 41 del título más exitoso de la historieta francófona. Por lo que estuvo en todos lados, lo mismo en librerías, en los “Tabac”, que en supermercados y en casi cualquier sitio que pudiera tener un expendio hecho de cartón con una gran pila de cómics con el nuevo número.

IVÁN FARÍAS ı Foto: Especial

Incluso, antes de salir, todos supimos que, ni por equivocación sería tan memorable o histórico como los números publicados desde los años setenta y hasta inicios de los ochenta. La razón es muy sencilla, por más talentoso que sea el guionista Fabcaro y el dibujante Didier Conrad, los actuales continuadores de las historias, no son Albert Uderzo y mucho menos, René Goscinny, los creadores originales.

Y es que hablar de Goscinny es hablar de uno de los grandes escritores populares, uno que todo lo que tocaba lo convertía en una obra con profundidad y mucho humor, que podía hablarle lo mismo a los niños, que a los padres del mismo. La obra del guionista francés ha influido en decenas de personajes de la historieta europea y sudamericana. Incluso, figuras que podrían parecernos tan lejanas a sus temas como Jean-Pierre Dionnet y Jean-Luc Fromental, creadores de la revista de ciencia ficción y fantasía Metal Hurlant. En la nueva edición del libro Goscinny et nous, los testimonios dan cuenta de la poderosa influencia que ejercía la pluma del guionista.

René Goscinny, un genio de cien años │ Asterix et Obelix ı Foto: Especial

Había algo en la forma de contar y crear personajes que simplemente lo hacía destacar en un grupo de exitosos artistas, como lo fueron los que se reunieron alrededor de la revista Pilote, que acabarían conformando lo que se llamó la Escuela Franco-belga, creadores de la “línea clara”, una forma de dibujar y contar historietas, que brindarían personajes como Tintin, Les Schtroumpfs (Los pitufos), Lucky Luke, además de varios creados por Goscinny, como el ya mencionado Astérix, el Pequeño Nicolás e Iznogoud.

EL PEQUEÑO GALO EN BUENOS AIRES

Proveniente de una familia judía ashkenazi, que acabó huyendo de Polonia, cuando a principios de siglo XX fue invadida por Rusia, René Goscinny nació hace 100 años, en un entorno donde el humor y la cultura son bien recibidos. Su familia materna era dueña de una famosa imprenta, la Beresniak, que participó en la Resistencia editando textos en ruso, desde libros comunes y corrientes, hasta panfletos contra los nazis durante la ocupación, y libros prohibidos durante la época soviética, como El archipiélago Gulag de Alexander Solzhenitsyn.

Sin embargo, la familia del futuro guionista acabaría emigrando a Argentina, mucho antes de la ocupación nazi, cuando su padre consiguió un próspero trabajo en Buenos Aires como bioquímico. Ahí, pese a vivir en otro país, acabó recibiendo una educación muy francesa en el liceo francés. Si bien convivió con sus compañeros bonaerenses, la realidad es que vivía en un mundo muy cosmopolita. La hija del guionista, Anne, quien también es escritora, lo explica muy bien en una entrevista que concedió al diario La Nación: “No sé muy bien qué lengua hablaba con sus padres. Porque mi abuela hablaba en ruso, mi abuelo hablaba polaco, entre los dos hablaban en yiddish. En la escuela hablaba francés y en la vida de todos los días hablaba español”.

René Goscinny y Albert Uderzo, 1970. ı Foto: Especial

Estar en el continente americano salvó a la familia de los pogromos y de la inestabilidad que surgió una vez que el imperio nazi comenzó a extenderse por Europa, y claro, cuando estalló la guerra, incluso les salvó la vida. En las cartas provenientes de sus familiares, se cuenta cómo la imprenta familiar fue saqueada y cómo gran parte de la familia fue a dar a los campos de concentración, y posteriormente fue asesinada.

Antes de esto, Goscinny y su familia hacían felices y largos viajes transatlánticos a Francia, en los que se reforzaba el conocimiento de su patria a la distancia. Y al mismo tiempo, él conocía la historieta argentina, como Patoruzú, innegable influencia para personajes posteriores como Oumpah-Pah o Astérix. Creada por Dante Quintero en 1928, cuenta la historia de un indígena tehuelche que debido a su gran fuerza, hace justicia dentro de sus tierras. También sería influido por la tira cómica francesa Les Pieds nickelés, exitosa historieta que se basaba en gags cortos, llenos de ingenio, que tenía como personajes principales a tres ladronzuelos y estafadores que utilizaban el argot de aquel momento para comunicarse. Desde luego, también por la historieta de aventuras estadunidense, por personajes como Tarzán o Superman y, desde luego, por Disney, empresa a la que intentó pertenecer varias veces.

WORLD PRESS ABRIRÍA UNA OFICINA EN PARÍS, EN LA QUE TRABAJARÍAN GOSCINNY Y UDERZO, ADEMÁS DE UNA PLÉYADE DE GUIONISTAS Y DIBUJANTES. FINALMENTE RENÉ DEJARÍA SUS PRETENSIONES DE SER DIBUJANTE Y SE ABOCARÍA ÚNICAMENTE AL GUION

UN VERANO EN NUEVA YORK

Sin embargo, no todo sería tan idílico. Luego de terminar su bachillerato, su padre muere de una hemorragia cerebral dejando a la familia a su suerte. Su madre comienza a trabajar y él acepta pequeños trabajos en agencias de publicidad como dibujante y copy. En ese momento, Goscinny más que escritor, quería ser dibujante y pensaba que tenía talento. Sin embargo, como él mismo aceptaría después, una vez que se enfrentó a gente verdaderamente talentosa, entendió que lo suyo era el guión.

Como las cosas no mejoraban en Buenos Aires, decidieron irse de la ciudad y viajar a Nueva York, gracias a la ayuda de su familia extendida, que los acabó recibiendo en la Gran Manzana. La guerra ya había terminado en Francia, luego de la liberación en verano del 44, pero las hostilidades con Japón continuaban. Tal vez sería esa la razón por la cual decidió no hacer su servicio militar en Estados Unidos, lo que le otorgaría la ciudadanía en ese país, así que prefirió irse a Europa y enrolarse en el ejército francés, donde acabó sirviendo en el sur, en la región alpina de Aubagne.

René Goscinny, un genio de cien años │ Asterix el galo ı Foto: Especial

Una vez que terminó su servicio, Goscinny regresó a Nueva York con la ilusión de hacer carrera en la industria del cómic estadunidense. Sin embargo, su tipo de humor, en capas, que requería de ciertas referencias, y su dibujo poco prolijo, obtuvo rechazo tras rechazo. Disney estaba muy lejos de integrarlo a su equipo, el cual, como ya señalé, era uno de sus sueños. Habrá que recordar que en ese momento, en Nueva York, estaban reunidos varios de los mejores dibujantes y guionistas creando personajes históricos que acabarían incorporándose a la cultura popular, como Batman, Superman, Submarinero, y Capitán América, entre otros muchos. Casi todos ellos estaban relacionados con la aventura y la acción. Lo que proponía como dibujante no era requerido, ya que su dibujo, como después le diría Jijé, uno de los padres de la historieta franco-belga, era inferior a la de los demás alumnos con los que trabajaba, como Morris o André Franquin, pero en cambio sus guiones eran poseedores de un humor particular que relacionaba juegos de palabras y una muy afinada y satírica visión de la sociedad.

Sería en una agencia de publicidad donde Goscinny conocería a Harvey Kurtzman, quien posteriormente, en 1952, fundaría la revista Mad. Es curioso como este humor irreverente, paródico, lleno de juegos de palabras, poco tiempo después acabaría desplazando a los cómics superheroicos.

BÉLGICA, LA PATRIA DE LA BANDE DESSINÉE

Derrotado, con decenas de rechazos en su haber, René Goscinny decide irse a buscar trabajo a Bélgica, a Bruselas, que en ese momento era la capital de la historieta europea. El ecosistema editorial de aquel momento de postguerra era boyante. Además de los suplementos dominicales en los grandes periódicos, existían decenas de revistas que ofrecían gran variedad de títulos, personajes y artículos para el lector. Algunas se reunían alrededor de un nombre famoso, como Tintín o Spirou, otras aparecían por unos pocos números y luego desaparecían, casi siempre cuando su principal patrocinador, una marca de chocolates o alguna entidad gubernamental, retiraban su apoyo y la publicidad no era suficiente como para continuar su publicación.

La manera en que funcionaba el mundo de la historieta era a través de pequeñas agencias editoriales, eso sí nombradas con pomposos nombres como World Press, que intentaban simular tener presencia internacional. Es en esa a la que Goscinny se integra, luego de que el editor Georges Troisfontaines, le diera su visto bueno. Ahí conocería a quien sería su compañero de vida profesional, Albert Uderzo.

World Press abriría una oficina en París, en la que trabajarían Goscinny y Uderzo, además de una pléyade de guionistas y dibujantes. Finalmente René dejaría sus pretensiones de ser dibujante y se abocaría únicamente al guion. Sin embargo, la intención de conquistar el mercado estadunidense no cambiaría. Tan es así que en 1953 Georges Troisfontaines le propone trasladarse a Nueva York y montar una revista centrada en la televisión estadunidense, se llamaría TV Family, y parodiaría la vida local, centrándose en la televisión. Sería ahí que propondría, junto a Uderzo, una especie de proto Astérix, llamado Oumpah-Pah. El personaje, obviamente no le gustó a ningún editor, pese a que los diálogos fueron traducidos por su amigo Harvey Kurtzman y los bocadillos rotulados por el gran Milton Caniff. Tal vez la propuesta no encajaba con el ego estadunidense que no veía con buenos ojos que un indio enorme golpeara a los hombres blancos que intentaban apoderarse de su reserva y sus ritos ancestrales.

René Goscinny, un genio de cien años │ Asterix en Lusitania ı Foto: Especial

Finalmente, el experimento en Nueva York con TV Family fue un rotundo fracaso financiero, aunque para Goscinny fue una gran escuela. Regresó a Francia a dedicarse en exclusiva a la escritura. El trabajo era agobiante y poco remunerado. Los dibujantes entregaban semanalmente entre cinco o seis placas y los guionistas, decenas de guiones. Muchas veces a los guionistas no se les daba crédito, como le sucedió varias veces al propio Goscinny, ya que lo que interesaba era su dibujo. Además, a imagen y semejanza de sus contrapartes estadunidenses, la empresa editora era la propietaria de los derechos y el usufructo posterior de la creación de los artistas.

En Estados Unidos eso llevó a la ruina a los creadores, por ejemplo, de Supermano al no acreditado co-creador de Batman, Bill Finger, mientras las empresas a las que pertenecían se hacían multimillonarias. Esas condiciones laborales, la presión por la entrega, hacía que guionistas y dibujantes estuvieran en una precaria situación, llevando una vida poco saludable. Se dice en broma que el desayuno francés consiste en café y cigarro, pero en el caso de ellos era cierto. Es por eso que en 1956 Goscinny, Uderzo y el dibujante belga, Jean-Michel Charlier, propusieron la creación de un sindicato para creadores. Sin embargo, tres de los convocados acabaron traicionando a sus compañeros y avisando a los autores, lo que provocó el despido de Goscinny de World Press.

En solidaridad, Uderzo también renunciaría, y junto al antiguo jefe de prensa de la agencia, Jean Hébrard, y los dibujantes Sempé y Jean-René Le Moing, crearon una agencia dual de creación de historietas y publicidad.

El pequeño Nicolás ı Foto: Especial

LA VUELTA A FRANCIA

Goscinny tenía una capacidad increíble para mejorar la obra de sus compañeros, aportando cosas que ellos no veían, creando personajes memorables, agregando ese humor ácido que a través del detalle culto, pero simple, hacía que las historias tuvieran otro nivel. René, más que proponer pautas para que los dibujantes las crearan, creaba mundos en los que los dibujantes se sentían cómodos. Era como un diálogo en el que Goscinny proponía algo y el dibujante respondía, luego René contestaba y el otro también, así en un vaivén en el que el ganador siempre era el lector.

Pongamos por ejemplo, a Morris, el autor en solitario durante muchos años de Lucky Luke. Si bien había tenido éxito, cuando Goscinny comienza a guionizarlo, es cuando obtiene su mejor época. Y es que el galo aprovecha la fascinación que ambos tienen por la época del lejano oeste para agregar personajes recurrentes como Los hermanos Dalton, para parodiar westerns clásicos y hacer de Luke un verdadero justiciero que no mataba, sino que era “más rápido que su sombra”.

Otro ejemplo es su colaboración con Sempé, quien ya tenía el personaje de un niño llamado Nicolás. Cuando Goscinny comienza a crear los textos para él, el personaje infantil adquiere una nueva profundidad que simplemente opaca al anterior, al grado que prácticamente se vuelve irreconocible. La industria editorial franco-belga, estaba enfocada principalmente en la infancia, y por esa razón Goscinny escribió la historia de piratas y aventureros, pero fue el Pequeño Nicolás el personaje que simbolizó muchos recuerdos de su infancia en el liceo francés.

Goscinny, al mismo tiempo que ofrecía un relato dirigido a la infancia, con su inocencia y su descubrimiento del mundo, hacía una crítica a la vida de los adultos, desde los ojos diáfanos de un niño.

En Iznogoud, por ejemplo, hizo mancuerna con el sueco Jean Tabary, quien le permitió hacer todos los juegos de palabras que antes le censuraban. La historieta era una parodia de Las mil y una noches y al mismo tiempo un homenaje a las animaciones de Tex Avery, donde la muerte vale poco y los personajes, no importa qué cosas horribles experimenten, regresan al punto de partida en la siguiente aventura.

René Goscinny, un genio de cien años │ Au revoir René Goscinny ı Foto: Especial

ASTÉRIX, EL GALO

Fuera del sistema de agencias, con su trabajo independiente y con varios años de experiencia, en pleno pico creativo, Goscinny y Uderzo reciben la propuesta de Radio Luxemburgo para crear una revista dedicada a los jóvenes, en la que podrían crear nuevos personajes. La revista se llamaría Pilote y uno de los personajes sería Astérix que traería la fama y la fortuna.

En un principio era un título más de los que creaban al alimón, sin embargo había algo especial en él. Si bien los guiones eran de Goscinny, lo que implicaba los juegos de palabras, las situaciones, los chistes anacrónicos, los guiños históricos a la realidad de su tiempo, Uderzo aportaba muchas cosas desde la ilustración. Su dibujo, con el paso del tiempo, se había alejado del realismo para volverse más caricaturesco y cinético, y por absurdo que esto parezca, realista históricamente, ya que mostraba reproducciones de ilustraciones romanas clásicas, además de las formaciones militares reales.

RENÉ, MÁS QUE PROPONER PAUTAS PARA QUE LOS DIBUJANTESLAS CREARAN, CREABA MUNDOS EN LOS QUE LOS DIBUJANTESSE SENTÍAN CÓMODOS

Goscinny, desde el guion, deseaba hacer al mismo tiempo una parodia y un homenaje a Francia, por lo que utilizaron a los galos, hasta ese momento un periodo histórico poco reconocido dentro del país, para hablar de la Francia del presente a través del pasado. Eso lo supo reconocer de inmediato el público, que pronto convirtió a los personajes de la aldea de irreductibles en favoritos. Y luego, al llegar a otros países, la historieta se convirtió en un fenómeno pan-europeo. Todos esperaban el número donde les tocara aparecer.

Goscinny y Uderzo terminaron fundando una empresa de animación llamada como la mascota y compañero de Obelix, Idéfix, además de que participaron en diferentes películas de acción real, hasta que finalmente, y luego de la muerte de Goscinny, se dedicó a ellos en un exitoso parque de atracciones en París.

LA MUERTE DE UN GENIO

Los años de estrés, de mal comer, de fumar en exceso, fueron mermando la salud de Goscinny. Un día, cargando unas pesadas maletas sufrió un infarto al miocardio, del cual lo lograron salvar. Varias semanas después, y como una mala broma, durante una prueba de esfuerzo, sufrió un nuevo infarto del que no pudo sobrevivir. A los 51 años y por la nula vigilancia médica, desapareció uno de los guionistas más influyentes del arte secuencial. El escándalo fue tal que se hizo una ley con su nombre, misma que exige que durante dichas pruebas haya una unidad de rehabilitación y un cardiólogo.

Si bien Goscinny nació hace 100 años y murió hace casi 50, su obra sigue vigente, no sólo en la aldea gala que sigue resistiendo al imperio romano, sino en el Pequeño Nicolás, que sigue analizando con visión quirúrgica a sus compañeros, o en el enloquecido visir Iznogud que sigue deseando ser emir, o bien tantos otros personajes que pasaron por su pluma.

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