Ponga en una licuadora a un ex yonqui de 72 años, un trío de músicos que parecen extras de Los Croods, guitarras pesadotas, actitud maldita, letras oscuras y obtendrá la fórmula Pentagram.
¿Se puede ser un viejo decrépito y triunfar en el mundo del metal? Bobby Liebling es la prueba viviente de que sí es posible. Su vida es una lección para todos. La enseñanza es brutal. No importa lo acabado que estés, o que creas estar, puedes renacer de las cenizas por más meadas que te hayan caído encima. La vida de Bobby es un libro de superación personal. Único sobreviviente de su banda, es un renacido más cabrón que Dicaprio. Ha conseguido sobreponerse al oso pardo de la adicción, a la desintegración de su grupo y al fracaso comercial. Y gracias a un golpe de suerte, pero también a esa cualidad de no dejarse vencer, ha levantado a Pentagram y, a su edad, sale de gira como si nada. Algo así sólo Leonard Cohen.
El aspecto físico de Bobby Liebling es espectral. Parece el Muertho de Tijuana pero más desahuciado. Con unos ojos saltones como los que se les hacen a los que padecen hipertiroidismo. Y una nariz de chile en nogada de Sanborns. Aunque también luce como el hermano mayor de Arturo de Córdova. En roquero, por supuesto. Con su mata canosa y larga y un copete de hueso. Dedos en los anillos. Y una voz que suena a ultratumba. Es, en toda regla, una atracción de circo. Pero no cualquier circo, el circo del metal. Y cada día reúne más adeptos. Que quieren ser testigos del macabro milagro de su existencia. Con todo lo que se metió ya era para que estuviera muerto. Con menos de eso cualquiera se empacha.

El sueño de Quito
EL ÉXITO DE SU REGRESO ES UN ENIGMA. La mayoría se lo atribuye a su aspecto. Que se viralizó en Internet. Lo que lo puso en el radar de una nueva audiencia. Pero a mí me gusta más achacárselo a la perseverancia. Y a las ganas diabólicas de seguir haciendo ruido, aunque vayas por tu séptima década de rocanrol. Y por supuesto, a la música. A ese sonido malnacido que a los true les evoca Black Sabbath. Pentagram, con su sonido sucio y potente, es una revancha. La venganza personal de Bobby, a quien ahora la vida le continúa sonriendo, después de todos esos años que pasó chupando alfombra, crack, heroína, lsd, etc.
La primera vez que pude ver a Pentagram, me los perdí. Por estarme metiendo periflais. ¿Acaso Bobby Liebling no habría hecho lo mismo en sus años salvajes? Estaba en Monterrey. Para cuando llegué al Café Iguana había terminado el concierto. Ocurrió el año pasado. Así que cuando anunciaron la gira de este 2026 comencé a lamerme los colmillos. Tocarían en mi ciudad. En Towers de las Manzanas. Pero de último minuto cambiaron las fechas y las difirieron para días más tarde. Y lo mismo me ocurrió en Ciudad Godínez. Pero por suerte, fuera de calendario ofrecieron un último toquín en el Café Bizarro y me lancé con el Mike y otra palomilla.
A ver, el éxito de Pentagram no es monstruoso, no llenan el GNP, pero hicieron sold out. Metieron a 300 canijos en un foro pequeño. Pero decía, su buena fortuna no es nada despreciable, de nuestra república nopalera se van a ir hasta Turquía en noviembre. ¿Ah vedá? Ya quisieran ese alcance muchas bandas pinchurrientas de aquí. Y como éramos un chingo de perrada para el espacio y queríamos buen lugar, nos formamos en la calle desde las siete de la tarde. La emoción era la misma que si esperáramos ver a Marilyn Manson. Pero ya adentro, el ambiente era más del tipo Arena México. Así que esperamos a Bobby como si fuera uno de esos rudos que el público aborrece y admira al mismo tiempo.
Pentagram se tardó más de una hora en salir, para entonces la cerveza caliente, junto con el calor, habían creado el ambiente propicio para la defenestración. Esos son los conciertos que más disfruto, aunque pareciera un puto sauna. Cuando la gente está a unos metros de la banda. Cuando tienes la sensación de estar más en un ensayo que otra cosa. Pentagram subió al escenario y Bobby parecía que se iba a deshacer. Pero no lo hizo. Al contrario, le daba fachos al Jagger Maister como si fuera su jarabe para las flemas, porque después de cada buche tosía y tosía. La máquina de viento, esa que hizo famoso al Bobby al agitarle la melena, no fue colocada, pero nadie la extrañó. Como es de cajón en un lugar tan reducido, el sonido se saturó, pero increíblemente la banda sonó bien. Eso sí, demasiado ruidosa, como lo esperábamos.
EL PERSONAJE QUE ES BOBBY nunca termina de configurarse. Su voz de barítono es lo más parecido a la voz del Emperador de Star Wars. Pinche Bobby Palpatine, luce malvado en el escenario, pero está impregnado de cierto humor involuntario. Hace unos gestos que más que causar miedo te dan risa. Tiene un millón de tablas, sabe cómo hacer que el público haga de él un objeto de estudio. Tiene tantos tics al cantar que o tiene parkinson o son heridas de sus batallas contra las drogas. Y entonces parece el Loco Valdés del metal. Está cagadísimo, sí me lo imagino en Ensalada de Locos. Tiene esa misma vibra setentera.
El guitarrista tiene tatuada en el antebrazo derecho la bruja que aparece en la portada del primer disco de Black Sabbath. Eso me alucinó durante toda la hora que la banda nos reventó los oídos. Con una hora bastó, no se necesitaba más. Y no creo que Bobby aguantara mucho más. De repente pegaba unas boqueadas tratando de jalar aire. La altura de Ciudad Godínez tampoco hace caricias. Pero la banda estaba tan entregada que el viejo decrépito lo dio todo. Y seguro que acabando se lo llevaron a la cruz roja o a meterlo en un sarcófago.
Una de las nalgóticas del público le aventó un brasier al Bobby. Lo recogió y lo mostró orgulloso. Era colosal. Seguro la medida era tamaño sandía de Tlahualilo. Dijo: “íbamos a tocar una canción más, pero por esto serán dos”, y volvió a enseñar el brasier.
CON SU MATA CANOSA Y LARGA Y UN COPETE DE HUESO. DEDOS EN LOS ANILLOS. Y UNA VOZ QUE SUENA A ULTRATUMBA
Confieso que antes del 2023 jamás había escuchado hablar de Pentagram. Pero desde ahora Bobby es mi ídolo. Como abusador de sustancias, no puedo sino sentir admiración por alguien que ha conseguido superar una adicción tan bestial. Ojalá Pentagram regrese el próximo año. Entonces Bobby tendrá 73. No sé cuánto tiempo más pueda cantar con la misma intensidad. De lo que estoy seguro, es que se morirá en el escenario. Y ese será el final más chingón al que un muppet puede aspirar.


