En el mundo del rock, el segundo disco es la prueba de fuego para cualquier banda o solista. Lo mismo podría decirse del escritor. Y si bien Final feliz (Seix Barral, 2026) no es el segundo libro de Joselo, sí es su segundo cuentario. Y qué creen, ha conseguido pasar la prueba con (tomando de referencia la calificación de las revistas musicales) cuatro estrellas de cinco.
En una época en que el cuento no atraviesa por su mejor momento comercial, Joselo apuesta por el género. Uno que sabe difícil, pero estimulante. Pero en eso radica el chiste del cuentista. En construir. En levantar una casa donde antes había un lote baldío. Y, además, sabe, como cualquiera que haya practicado el género, que no existe nada más punk que escribir un buen cuento. Ni nada más extremo. Ni tampoco nada más satisfactorio.
Final feliz reúne una docena de historias en las que su autor edifica una serie de airbnbs para que el lector pueda hospedarse gratis. Porque es su autor, Joselo, quien ya ha pagado la renta por nosotros.

Memoria y haiku
¿Qué es lo que te atrae del cuento?
En mi vida como lector he leído más novelas que libros de cuentos, pero se me ocurren muchas ideas que sólo pueden ser contadas en pocas páginas. Supongo que lo que me atrae de escribir cuentos es ese chispazo de imaginación que me viene a la mente, por ejemplo ¿y si fuera la fe de todos los humanos, lo que hace volar a un armatoste tan grande?, ese chispazo de pensamiento no da para una novela o al menos no una que se me antoje escribir, pero sí para un cuento. Amo esos chispazos y es lo que quiero compartir con el lector. Además, un día descubrí que los cuentos se parecen a las canciones, al menos esas canciones cortas. Crecí escuchando new wave, punk y post punk y esas canciones son cortas y están llenas de hooks que serían los chispazos de los que hablo.
¿Cómo surgió el impulso de escribir final feliz?
En un principio tenía muchas ideas de cuentos que tenían que ver con la familia. Por eso hay un cuento que se llama “Mamá”, otro “Papá”, otro “Papá modelo”, etc. Se me hacía un buen hilo conductor para un libro de cuentos, pero luego a mi subconsciente se le ocurrieron otras ideas, otros caminos. De ahí surgieron los que no hacen referencia a la familia, ni papás, ni mamás. “Los Charlys” fue el último cuento que escribí y aunque parece que no tiene nada que ver con los demás, me di cuenta que sí, es un papá, el protagonista es un papá. La fe también resultó uno de los temas que surgieron. De eso me di cuenta ya que los cuentos estaban terminados.
¿Cuáles consideras tus mayores
influencias narrativas?
Crecí leyendo mucha ciencia ficción y cuando me alejé un poco de ella no me fui al realismo, pues siempre me han gustado los autores que juegan con la realidad, como Julio Cortázar, Etgar Keret, Philip K. Dick, Haruki Murakami, Paul Auster. Me interesa contar una historia de la manera más simple posible, sin hacer experimentos con el lenguaje, pero sí me gusta experimentar con formas de contar una historia, aunque creo que me falta un buen camino por recorrer en ese sentido.
¿Qué papel juega la música en tu proceso creativo?
Yo no me doy cuenta, pero amigos lectores me han dicho que tengo un ritmo especial para escribir, que ahí se nota que soy músico. Yo no lo sé. A la hora de mencionar la música en mis cuentos, siento que es una buena forma de describir a un personaje: qué canciones le gustan, qué escucha. Me parece tan importante, o más, que mencionar cómo está vestido o qué piensa.
Ahora llevas una doble vida: como músico y escritor
Leo obsesivamente desde los 10 años y ya a esa edad quería ser escritor. Se me ocurrían historias para cómics, para películas, pero nunca escribí un cuento o un cómic completo. Cuando me enamoré del rock, por ahí de los 15 años, quise aprender a tocar guitarra para componer canciones: letra y música. Nunca quise ser un virtuoso de la guitarra, yo quería escribir canciones, nada más. Supongo que las letras han estado conmigo siempre. Hubo un momento, ya cuando Café Tacvba era muy famoso, en que sentía que me faltaba algo, que la música no era suficiente para expresarme. Ya tenía mi columna en el Excélsior, pero yo quería escribir ficción, así que me inventé un blog y ahí publiqué un cuento semanal durante un año: 52 cuentos. Se me acercó la editorial Almadía para preguntarme si quería publicar con ellos y ahí empezó mi doble vida.
HUBO UN MOMENTO, YA CUANDO CAFÉ TACVBA ERA MUY FAMOSO, EN QUE SENTÍA QUE ME FALTABA ALGO, QUE LA MÚSICA NO ERA SUFICIENTE PARA EXPRESARME
¿Qué formato se te facilita más?, ¿el cuento o la canción?
Para mí es más fácil escribir una canción, pues el proceso creativo se parece mucho a “echar la hueva”. Normalmente cuando lo hago, estoy sentado en un sillón, recostado, ensoñando, rasgueando la guitarra, creando una secuencia de acordes y balbuceando. Cualquiera que me vea así no cree que estoy trabajando y realmente no lo estoy haciendo, estoy jugando y de repente aparece una idea o la canción completa, parece magia. Para escribir un cuento o un texto, después de que me llega el chispazo, me tengo que poner exigente conmigo mismo y sentarme derecho y escribir. Por lo regular escribo a mano en libretas y luego eso lo paso a la computadora y tengo que corregir una y otra vez. Eso me cuesta más trabajo. Claro, a veces las canciones que compongo no son lo suficientemente buenas y las olvido o desecho, pero no me frustra tanto como escribir un cuento y que éste no me guste o no funcione.
¿Qué Joselo prefieres? ¿El cuentista o el novelista?
Tengo dos novelas sin terminar, eso significa que me siento más libre, o más cómodo, escribiendo cuentos. Pero me encantan las novelas, así que estoy decidido a terminarlas algún día.
¿Qué viene en camino?
En estos momentos estoy componiendo muchas canciones. Y las estoy escribiendo para cantarlas yo. Tengo dos discos solistas: “Oso” y “Lejos” de hace veinte años. Ahora me están dando ganas de salir a tocar esas canciones, junto con las nuevas y varias que compuse para Café Tacvba. Aún no hay planes de regresar a tocar como grupo, cada quien anda con sus proyectos personales. Supongo que pronto me entrarán ganas de escribir cuentos, o terminar las novelas que tengo inconclusas, me estoy dando cuenta que me sucede de manera cíclica. No lo había notado hasta ahora.

La marca en la pared. Virginia Woolf

