LOS ORÍGENES
Entre las mitologías del mundo, es un lugar común encontrar que la miel ha sido un regalo de los inmortales a los seres humanos, ya sea de las manos de Melisa quien velara sobre un pequeño Zeus dándole un brebaje hecho con agua y miel, o de Aristeo quien enseñara a los humanos el arte de la apicultura. Un poco más al sur encontramos las lágrimas de Ra de la mitología egipcia, que al caer del cielo a la tierra se convirtieron en abejas productoras de miel, razón por la cual los egipcios veían a la miel como “oro líquido”, una fuente de energía divina en forma física dispuesta por el consumo humano.1 En el norte del viejo mundo el hidromiel de los escandinavos fue originalmente un regalo de Odín a los dioses y a los hombres; un brebaje fantástico que supuestamente otorgaba a todo aquel que lo consumiera el don de la elocuencia, la poesía y la sabiduría. En los textos védicos de los hindúes, la miel es uno de los cinco elíxires sagrados de la inmortalidad. Entre los pueblos prehispánicos 2 también posee un carácter sagrado aunque en este caso se usaba más bien como moneda, dejando el papel del elixir divino más bien al aguamiel y al pulque. No es por azar que la miel también sea un alimento altamente valorado en el reino animal, apreciado notoriamente por los osos y otros seres entre los cuales destaca el tejón de miel, quien es famoso por tener un gusto mortal por el elixir amarillo, al punto de ser capaz de engullir la miel hasta las últimas consecuencias, pues lo hace mientras es atacado por la furiosa colmena que le cobra la vida a cambio de su deleite.
Un producto de supremo valor para los hombres, capaz de servir como fuente de energía incluso en los páramos helados de la Era del Hielo, en caso de haber sido almacenado de manera apropiada para la vida nómada de la era. Pero este era un alimento ofrecido sobre todo a los héroes, para el común de los mortales, la dieta del recolector habría tenido que bastar en un primer momento en la llamada “etapa de pureza” que encuentra ecos en la tradición judeocristiana y el jardín del Edén. Un periodo de equilibrio con la naturaleza del cual es fácil inferir una dieta más bien vegetariana para los seres humanos, una etapa perdida en los albores de la prehistoria humana antes de la llegada de Prometeo.

Tartini y la Sonata del Diablo
EL ARTE DE DOMAR A LA NATURALEZA
La historia de la alimentación humana tiene su primer capítulo con la “invención” del fuego, lo anterior podríamos referirlo como un prólogo; la dieta omnívora trae considerables riesgos así como ventajas para una especie en expansión, y es parte de los retos que representa la entrada a una nueva área geográfica. Los seres humanos no son los únicos primates que pueden hacer uso de esta dieta, pero nuestros parientes lejanos establecen un equilibrio en su zona con el paso del tiempo, que se traduce en el conocimiento de qué alimentos son peligrosos y otros detalles, mientras que para los humanos en migración por el mundo, la única herramienta para descubrir qué alimentos son nocivos es el método de prueba y error. Brevemente mencionemos que los chimpancés cazan a otros animales con el fin de consumir su carne a pesar de tener una dieta principalmente herbívora (incluso las vacas suplementan ocasionalmente su alimentación con serpientes por los minerales que contienen. Fotos de esto se han viralizado recientemente y ha sido documentado en artículos de la agencia ABC al respecto). 3 La supervivencia siempre es más adaptable que las rígidas categorías que utilizamos para organizar nuestra comprensión del mundo.
La dieta carnívora sólo pudo alcanzar la madurez gracias al fuego 4, como se mencionó antes, lo cual permitió a los humanoides prehistóricos seguir a las manadas de la megafauna del pleistoceno en los límites de los glaciares que cubrían el norte de Europa, creando núcleos poblacionales primigenios. Esto marca un gran contraste con el proceso agrícola que se dio donde los pastos salvajes de las regiones bañadas por ríos dieron origen a una cultura agrícola, como Mesopotamia, la selvática India y las incontables planicies inundadas de Asia-Pacífico y, por supuesto, África con sus enormes ríos, entre los que destaca el Congo y el Nilo, en una época en la que elSahara era un paraíso, al menos comparado con el infranqueable desierto que es hoy en día.
En cada una de estas regiones nuestros ancestros encontraron una especie de pasto salvaje que se convertiría en la base del alimento de la región: en Mesopotamia hace unos 30 mil años aparece el Triticum monococcum, conocido como escaña o escanda menor siendo uno de los primeros trigos salvajes que empezaron a ser consumidos de manera sistemática. Hace diez mil años sucedió otro gran descubrimiento; en las planicies inundadas de Asia, los nómadas prehistóricos encontraron una gran variedad de pastos acuáticos, y uno de ellos fue el arroz. Hay otros casos notables que es necesario mencionar brevemente con respecto a qué alimentos fueron la base de las civilizaciones que vendrían después. El maíz destaca como una planta “hecha por el hombre”: la selección artificial llevada por los nativos dio como producto las mazorcas a las que estamos tan acostumbrados hoy en día, que se diferencian considerablemente de las que produce el maíz salvaje. Ya fuera por limitaciones geográficas o alguna otra razón no evidente, en las tierras de América del Sur la propagación de estos cultivos no fue posible, por lo tanto los nativos buscaron otras alternativas empeñando sus esfuerzos en la domesticación de tubérculos que eventualmente darían origen a lo que hoy reconocemos como papas. Por último, respecto a América, en la zona de los grandes lagos al norte del continente, encontramos otra especie de arroz salvaje (Zizania palustris, aunque hay otras especies americanas). Para concluir es necesario hablar de África, donde el proceso de domesticación de estos pastos salvajes fue más tardío, y tuvo dos puntos de focalización con el mijo (mijo perla) en el oeste y el sorgo al este del continente. Es importante mencionar que la expansión de estos cultivos fundamentales estuvo muy relacionada con el clima, particularmente en los cultivos resistentes al frío como el trigo, la avena y el centeno originarios de Mesopotamia, pilar de la civilización europea.
EN LAS PLANICIES INUNDADASDE ASIA, LOS NÓMADAS PREHISTÓRICOS ENCONTRARON UNA GRAN VARIEDAD DE PASTOS ACUÁTICOS, Y UNODE ELLOS FUE EL ARROZ
Por su parte, la doma de animales salvajes y el origen de la ganadería es otra de las grandes proezas del hombre prehistórico. El uro (Bos primigenius) es el ancestro salvaje directo de las vacas y toros domésticos. Perteneciente a la megafauna del pleistoceno, tenía presencia en la mayor parte del viejo mundo, con los restos más antiguos encontrados en Italia y datados a unos 500 mil años de edad. La coexistencia de esta estirpe con diversos homínidos dio origen a una de las relaciones más valiosas para el hombre antiguo, lo cual se expresa en la sacralización de la vaca en tantas culturas, pues sus dones eran muchos: la leche y sus derivados, la carne, las pieles y sobre todo, la fuerza de trabajo.
La domesticación de animales marca el inicio de una nueva era, donde la principal moneda de cambio eran las cabezas de ganado. Generalmente, esta veneración no se traducía en una abstinencia de la carne, sino más bien en un uso ritual del cual todos tomaban parte de una u otra manera. Sin duda su ofrecimiento a la mayoría que no perteneciera a la élite gobernante sería ocasional y por tanto, abstenerse de comer carne daba directo contra el corazón palpitante de estas sociedades. A menos que la sociedad en general lo estigmatizara, haría falta una fuerte justificación moral y lógica para que esta abstinencia fuera tolerable para la comunidad.
LA DOMESTICACIÓN DE ANIMALES MARCA EL INICIODE UNA NUEVA ERA, DONDE LA PRINCIPAL MONEDA DE CAMBIO ERAN LAS CABEZAS DE GANADO. GENERALMENTE, ESTA VENERACIÓN NO SE TRADUCÍA EN UNA ABSTINENCIA DE LA CARNE, SINO MÁS BIEN EN UN USO RITUAL
Los rumiantes no serían las únicas nobles bestias que habrían de prestar sus fuerzas a la especie sapiens sapiens en su expansión por el globo. Desde la simbiosis con los cánidos hasta los gusanos de seda, el ser humano no ha perdido oportunidad de aumentar su “equipo de supervivencia”, lo que para la agricultura primigenia fue muy necesario, pues además de la fuerza de trabajo y las necesidades nutricionales de las plantas y la tierra, estaba el asunto del control de plagas y de animales que pudieran destruir el sembradío. Gatos, comadrejas y serpientes fueron muy valorados por su capacidad de controlar alimañas, en especial los gatos, que a diferencia de las comadrejas y otros mustélidos son menos agresivos hacia el hombre, y en particular hacia los niños.
DE LA SUPERVIVENCIA A LA OFRENDA RITUAL
Marcel Detienne en Los Jardines de Adonis, sostiene que el consumo de carne coincide con las ofrendas a los dioses, ahondando en la conexión simbólica entre su uso y las normas religiosas implícitas en el acto. La caza y la pesca no tienen esta dimensión, o al menos no en la misma medida, pero en el banquete de los dioses, las hecatombes sacrificadas a los seres inmortales a quienes debemos el mundo en el cual podemos existir, a esos seres que se alimentan sólo con los aromas (de acuerdo a los diálogos de Plutarco), todos tienen el deber de tomar parte. Para concluir este punto, en los rituales griegos el incienso y las especias tenían un papel fundamental para hacer la ofrenda aceptable a los dioses, y no está fuera de lugar considerar al hiereus como el cocinero de los dioses. 5

Por lo tanto, la tradición vegetariana como un acto volitivo y no como un simple acto de supervivencia sólo puede provenir de una sociedad establecida en un hábitat estable sin cambios climáticos previsibles, la cual necesita poseer una visión del mundo y del destino de la humanidad que le conceda el respeto de su comunidad, aunque tenga pocos seguidores. En este plano encontramos que no sólo los hindúes buscaron seguir este camino, pues el debate del alma en los animales y la reencarnación no fue exclusivo de ellos, sino que hubo otros movimientos en pos del vegetarianismo en la antigüedad clásica, si bien el caso de la India fue el más exitoso.
En la escena mediterránea encontramos que los sacerdotes egipcios también veían en las vacas a un ser sagrado y el consumo de carne como algo negativo, así como ciertas escuelas filosóficas de la antigua Grecia, particularmente la escuela Pitagórica. Y este punto resulta más bien evidente una vez expuesto, las vacas y toros poseen gran resistencia en los climas cálidos e incluso contra la escasez de agua. En India, el cebú es el único que puede soportar el clima, los camellos se atascan en el lodo de los monzones, burros y caballos requieren mucho más pasto para subsistir, y el búfalo de agua es menos resistente a la sequía. El concepto de la vaca sagrada resultaría una progresión natural para las culturas más dependientes de la agricultura, y esta veneración va mucho más allá del factor práctico, pues tal como menciona el texto sagrado hindú del Rig Veda, “...cuando despuntaron los primeros amaneceres, la gran Sílaba nació en las huellas de la vaca”. 6 Claro que esto es una traducción interpretativa de un texto antiquísimo y varias versiones se han hecho del mismo verso, pero su naturaleza altamente sugestiva nos revela la relación del lenguaje escrito con el estado avanzado de la agricultura y la ganadería que necesitaron de un registro físico para llevar a cabo cuentas y trueques, así como la faceta literaria-mitológica que rompe con la tradición oral desarrollando un nuevo vehículo de enseñanza y transmisión del conocimiento, que de hecho es capaz de sobrevivir a un colapso total, aunque no quede nadie que pueda leer semejante literatura. Este es el caso del lineal A, la lengua perdida de los minoicos, todavía acompañando al minotauro en su laberinto.
Ahora bien, ¿cuál fue la ruptura con el mundo antiguo que trajo el cristianismo al consumir a la vaca sagrada, al supeditar la creación a la voluntad humana? ¿Por qué el rechazo de Roma al poder terrenal de las “herejías” vegetarianas (no exclusivamente, pero sí un factor común) que concedían alma a los seres no humanos? Estas son algunos de los interrogantes que quedan por responder. Mientras tanto habría que recordar algunas figuras insignes que, ayer como hoy, se convirtieron al vegetarianismo, a veces como un acto de conciencia, otras como estandartes de un modelo disidente de vida: Pitágoras, Leonardo da Vinci, Mahatma Gandhi, Leon Tolstoi, Franz Kafka, Mary Shelley, J.M. Coetzee e incluso Einstein en su último año de vida.
NOTAS
1 Gene Kritsky, The Tears of Re: Beekeeping in Ancient Egypt, Oxford University Press, 2015.
2 Particularmente entre los mayas, considerados los mayores productores de miel del mundo precolombino, lo cual ha llegado a nosotros gracias al Códice Madrid, cuyo original se encuentra en el Museo de América en Madrid.
3 https://www.abc.net.au/news/2020-10-28/cow-eating-snake-photos-outback-australia/12822382
4 Colin Spencer, Vegetarianism: A History, University Press of New England, 2002.
5 En el vocabulario homérico, el hiereus es el sacerdote que realiza el sacrificio que ha de ofrecerse a los dioses. Asimismo, es el areter que ofrece la plegaria en lugar del suplicante, fungiendo como intermediario simbólico entre el mundo humano y el divino. Emile Mireaux, Daily Life in the Time of Homer, Allen and Unwin, 1959.
6 Rig Veda 3.55.1, Colin Spencer.

La marca en la pared. Virginia Woolf

