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FREUD SEGÚN ROBERT BAZLEN

En 1947, el seminario Omnibus le encargó a Bazlen escribir un breve “retrato de Freud”, empresa hoy casi imposible:

“Genialidad implica unilateralismo, implica monomanía. El descubrimiento de un mundo nuevo crea la obligación de no ver los otros mundos. Tener en cuenta a los demás permitiría, es verdad, perspectivas más amplias, pero a costa de la pérdida de esa concentración, de ese impulso, de esa intensidad demoniaca que el genio necesita para cumplir con su objetivo único. Ello comporta con frecuencia ir más allá del límite, querer explicarlo todo desde una única perspectiva parcial. […]

“Freud, inclinado sobre el microscopio, descubre los bacilos del alma. Descubre el alma. Pero es un científico decimonónico, y cree que el enigma del alma se resuelve únicamente observando sus bacilos. Es un científico, se niega a ser considerado un filósofo y, sin embargo, de su obra, nacida en ese clima, deriva una implícita filosofía, una visión de vida, un programa, un ideal humano: el del Hombre del Alma Pasteurizada, el cual, en un mundo ya sin símbolos, y en virtud de su sexualidad normalizada, segrega libido necesaria para hacer carrera. […]

“Son indudablemente ciertos la grandeza de la personalidad de este científico y el carácter monumental del escritor. Una mirada incorruptible y cauta, un empirismo feroz, religioso, una lealtad de procedimiento que no descarta ningún contraargumento antes de haberlo analizado cuidadosamente, una honestidad, responsabilidad, ecuanimidad, etc.; una habilidad didáctica que hace llegar al discípulo, convencido, al punto al que el maestro lo quería llevar, un gran gesto despótico que defiende lo que cree haber conquistado definitivamente −en los grandes momentos, un pathos intelectual y una solemnidad de dicción que bastan, por sí mismos, para dar la medida de este hombre y de su tiempo”.

Roberto Calasso, Bobi, trad. Edgardo Dobry, Anagrama, 2026.

NO ERES DIOS

El poder empuja al crimen, la locura, la corrupción, porque se presta a la confusión de identidades. Lo que Max Weber llamó patrimonialismo (la indistinción entre el erario y el bolsillo de los hombres de Estado) es sólo una de las confusiones posibles. Antes de ser rapiña, irresponsabilidad, injusticia, la corrupción es una impostura: intencionada o no, útil o no a los intereses de la persona que abusa del poder. La impostura puede ser simplemente mañosa, pero puede ser trágica: como una posesión de la otra personalidad, que se apodera de la persona física y la arrastra a creerse lo que no es (como en la obra El gesticulador de Rodolfo Usigli). También puede ser cómica.

A principios del siglo VI antes de Cristo, Solón estableció el derecho de cualquier ciudadano a exigir una auditoría política y pecuniaria de las autoridades: algo muy útil para ayudar a los conciudadanos en el poder a conservar el sentido de la realidad. En el siglo XVIII, Montesquieu y Kant propusieron otros dos principios útiles: la división de poderes y la transparencia del Estado, que fueron reforzados con la crítica de Voltaire, la Enciclopedia, la literatura panfletaria y la prensa. Todos estos señalamientos dicen lo mismo: No te aloques, no eres Dios. Te respetamos como persona y respetamos tu investidura, pero te vamos a ayudar a que no te creas lo que no eres.

Gabriel Zaid, El poder corrompe, Debate, 2019.

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DIRIGIR UNA ORQUESTA

Cuando el gran director de orquesta italiano Riccardo Muti subió a recoger el premio en el Lincoln Center de Nueva York como “Músico del año 2010” entregado por la prestigiosa publicación Musical América, pronunció uno de aquellos típicos discursos suyos repletos de ingenio, ironía y humor. Dirigir una orquesta no consiste sólo en llevar el tempo, o marcar el compás, como dirían los más antiguos. Para Muti, dirigir una orquesta va mucho más allá. El problema está en intentar explicar qué es lo que hace un director. En el mundo de la música todos hacen algo concreto, algo fácilmente identificable. El compositor escribe las notas en el pentagrama, el libretista escribe sus versos sobre el papel, los instrumentistas tocan sus instrumentos, los cantantes cantan... El director de orquesta no se limita a llevar el tempo, eso puede hacerlo cualquiera. Muti, llevado por una pasión sin trampa ni cartón, explicaba de manera magistral que el director de orquesta tiene la dificilísima tarea de extraer de los músicos los sentimientos que tienen a buen recaudo en sus almas. Extraer sus sentimientos y sus emociones, no las notas. Hacer música es muy difícil. Un director de orquesta, con sus ojos, con su cuerpo, con sus brazos, con sus manos, con su corazón, tiene la casi imposible tarea de conseguir que los músicos que dirige le entreguen todas las emociones de su alma mientras tocan para que, sin dejar nunca de ser absolutamente fieles al compositor, consigan interpretar la música tal y como el director la tiene en su cabeza.

Ramón Gener, El amor te hará inmortal. Música, memoria y vida, Plaza Janés, 2025.

LAS EMOCIONES DEL PINTOR

La expresión exige imaginación rica e inspiración ardiente, así como el arte de suscitar fantasmas, de animarlos, de exaltarlos. La disposición, tanto en poesía como en pintura, supone cierto temperamento de juicio y de imaginación, de calor y de prudencia, de embriaguez y de sangre fría, cuyos ejemplos no son comunes en la naturaleza. Sin este equilibrio riguroso, el artista será extravagante o frío, según que el entusiasmo o la razón predomine. […] ¿De qué sirve, pues, que muelas los colores, que tomes el pincel, que agotes todos los recursos de tu arte, si llegas a afectarme menos que una gaceta? Sucede que esos hombres carecen de imaginación y de inspiración, son incapaces de alcanzar alguna idea vigorosa grande.

[…] Si el gusto es algo caprichoso, si no existe ninguna regla de lo bello, ¿de dónde vienen entonces esas emociones deliciosas que surgen tan súbitamente, tan involuntariamente, tan tumultuosamente, del fondo de nuestras almas, dilatando u oprimiéndolas, y que obligan a nuestros ojos a llorar de alegría, de dolor, de admiración, sea frente a algún fenómeno físico, sea ante el relato de algún elevado rasgo moral? ¡Apage, Sophista!, jamás lograrás persuadir a mi corazón que hace mal en estremecerse, a mis entrañas que hacen mal en conmoverse.

Diderot, Ensayo sobre la pintura, trad. Armando D. Delucchi y Jorge O. Demarchi, Casimiro, 2021.

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EL INSTRUMENTO DE LA PENALIDAD

El punto ideal de la penalidad hoy día sería la disciplina indefinida: un interrogatorio que no tuviera término, una investigación que se prolongara sin límite en una observación minuciosa y cada vez más analítica, un juicio que fuese al mismo tiempo la constitución de un expediente jamás cerrado, la benignidad calculada de una pena que estaría entrelazada a la curiosidad encarnizada de un examen, un procedimiento que fuera a la vez la medida permanente de una desviación respecto de una norma inaccesible y el movimiento asintótico que obliga a coincidir con ella en el infinito. El suplicio da fin lógicamente a un procedimiento impuesto por la Inquisición. El sometimiento a “observación” prolonga naturalmente una justicia invadida por los métodos disciplinarios y los procedimientos de examen. ¿Puede extrañar que la prisión celular con sus cronologías ritmadas, su trabajo obligatorio, sus instancias de vigilancia y de notación, con sus maestros de normalidad, que relevan y multiplican las funciones del juez, se haya convertido en el instrumento moderno de la penalidad? ¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?

Michel Foucault, Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, trad. Aurelio Garzón del Camino, Siglo XXI, 2003.