Las Cuatro Estaciones son los conciertos más populares del Barroco y se los debemos al violinista, sacerdote, empresario de la ópera y compositor, Antonio Lucio Vivaldi. El más prolífico de su tiempo con cerca de novecientas obras, muchas de las cuales siguen perdidas. Impulsor de la Escuela de Venecia, donde nació en 1678, Vivaldi se dedicó a los géneros de la sonata, la ópera y especialmente al concierto y su evolución sinfónica. Como compositor fue pionero de la llamada música programática y como violinista virtuoso introdujo formas libres e “imposibles” de improvisación como la cadenza solista de violín.
LO QUE ME ATRAE DE VIVALDI, más que los ataques armónicos y las melodías fantásticas, es la velocidad que adquiere la belleza en sus piezas. Creó el speed barrocko. Todavía no escucho a ningún músico de su época alcanzar la rapidez, la explosividad y la vitalidad de sus conciertos solistas, briosos y ligeros. La belleza es efímera. Todo se lo debía a su mánager, a Giovanni Battista Vivaldi, su progenitor y violinista en la Orquesta de San Marcos. Y al compositor Giovanni Legrenzi. Para dedicarse a la música, Vivaldi tomó la senda del sacerdocio a los 25 años. Sólo ofició misa dos o tres veces, por el asma, enseguida entró como maestro de violín al orfanato Pio Ospedale della Pietà, célebre por su escuela de música. Trabajó ahí durante cuarenta años, enseñando teoría musical y ejecución instrumental, además de escribir los conciertos para su orquesta. En 1713 se metió al negocio de la ópera, el espectáculo musical de moda en Europa. Le fue muy bien con sus más de cincuenta óperas en el teatro San Ángelo.
También tuvo sus becas: la del papa Benedicto XIII, la del emperador Carlos VI y la del príncipe Felipe de Hesse-Darmstadt, gobernador de Mantua en Lombardía, donde Vivaldi vivió tres años. Ahí escribió los celebérrimos conciertos para violín de Las Cuatro Estaciones, parte de los doce conciertos de Il Cimento dell’ Armonia e dell’ Invenzione. Las estaciones se basan en cuatro sonetos de Vivaldi en los que describe los campos de Mantua: la naturaleza, las personas y los animales que son interpretados con los instrumentos y sonidos de cada temporada. Una obra musical que sentó las bases de la música programática / sinestésica, evocadora de ideas, imágenes y sensaciones. Son la puntita del iceberg, se le conocen más de ochocientas obras: sonatas, composiciones vocales e instrumentales, conciertos para violín y cuerdas.
Pero tuvo el peor de los finales. Murió de manera anónima en la absoluta pobreza de una infección. Por si fuera poco, su música pasó de moda, cayó en el olvido durante el Clasicismo y el Romanticismo. Su redescubrimiento se le atribuye a Johann Sebastian Bach, quien transcribió doce conciertos de violín para órgano solista. Y al violinista / compositor austriaco Fritz Kreisler, quien compuso el Concierto para Violín en Do Mayor al estilo Vivaldi y lo hizo pasar como si fuera del genio veneciano. Este concierto fue la chispa que despertó el interés por Vivaldi en el siglo XX.