Alberto Achar, una vida de creer en los libros

Esgrima

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La librería pionera, en 1971.Foto: Cortesía de Gandhi
Por:
  • Julia Santibáñez

En 1971, comprar El laberinto de la soledad era como ir a la ferretería: en el mostrador lo solicitabas, un señor iba por él y te lo traía. Ningún placer involucrado. Entonces nació un concepto rompedor: Gandhi, sobre Miguel Ángel de Quevedo. Ahora se cumplen cincuenta años de la inauguración de ese primer local y “estamos de fiesta, pero la celebración no es sólo nuestra, también de lectores, editores, escritores. Todos somos cómplices en el poder transformador de la lectura”, subraya Alberto Achar, director comercial de la cadena y sobrino de Mauricio Achar, creador de aquella primera librería. Así, las 43 sucursales en el país celebran con muchas promociones y descuentos, firmas con autores como Roberto Calasso, Cristina Rivera Garza y Emiliano Monge, más un volumen conmemorativo en diciembre, entre otras. Conversamos al respecto.

¿Cómo cambió Gandhi la manera de vender libros?

Mauricio Achar, fundador de nuestra primera tienda, era un tipo soñador, romántico, convencido de que la lectura nos marca. Se arriesgó a abrir un local donde se pudiera caminar entre ejemplares, tocarlos, cachondearlos, además de incluir una cafetería como punto de encuentro y sitio de talleres, eventos, obras de teatro. También ofrecía títulos inconseguibles, traídos del extranjero. Tuvo muy buena acogida; todos los escritores pasaron por ahí, lo hicieron su guarida. Al darnos cuenta de que teníamos un concepto ganador empezamos a replicarlo en otros espacios y con acercamientos novedosos, por ejemplo, en 1996 nos convertimos en la primera empresa mexicana en vender libros por internet.

¿Cuál fue el origen de las campañas en anuncios espectaculares, como aquello de “Leer, güey, incrementa, güey, tu vocabulario, güey”?

En los noventa vimos que la gente nos percibía como un lugar inalcanzable, sólo para intelectuales, a algunas personas casi les daba miedo entrar. Quisimos acercarnos, cambiar esa imagen elitista tanto de Gandhi como de la lectura, relacionar ambos conceptos con valores como humor, mexicanidad, observación social. Funcionó, así que seguimos creciendo y hemos añadido valores agregados a la experiencia, entre ellos tarjetas de regalo, más de quinientos eventos al año, la revista Lee+ y el podcast Desde el librero, lanzado en pandemia.

¿Cómo explican el bajo nivel de lectura en México?

Lo hemos investigado, nos interesa porque existen unas ochocientas librerías en el país mientras, con casi la mitad de nuestra población, Argentina tiene 2,120 y España, cuatro mil. El problema parte de varios factores: no se lee en casa porque papás e hijos están pegados a la pantalla, desconocen la aventura de leer; en general en las escuelas no hay maestros que amen los libros o no son contadores de historias, entonces imponen textos que los chavos no entienden y rechazan; los programas de gobierno creen que con tener siete mil bibliotecas públicas se generan lectores en automático y no, es necesario crearlos; finalmente, no se ha entendido que las librerías son parte del patrimonio cultural del país, necesarias para generar ciudadanos más conscientes.

¿Ustedes se enfocan en crear un público lector o más bien se dirigen a quienes ya aman leer?

Al cambiar la percepción sobre los libros, creo que definitivamente hemos contribuido a que gente que antes no se hubiera acercado se dé cuenta de que son muy disfrutables; también, claro, ofrecemos una buena respuesta a quienes de por sí gozan la lectura.

Hace unos 25 años casi no existían libros infantiles, mientras hoy es un segmento importante; el auge de la literatura escrita por mujeres también es contemporáneo. ¿Qué novedades visualizan en las preferencias de los lectores?

Nuestros títulos son reflejo de los intereses de la sociedad. Por ejemplo, el área infantil crece cada año y seguimos apostando por ella, pero es un hecho que, independientemente de mi preferencia personal, cada vez cobran más fuerza los títulos de influencers y líderes mediáticos. Aunque antes era algo que me hacía enojar, entendí que si muchos llegan a los libros a través de Yuya o Luisito Comunica, quizá luego sigan su camino con otro tipo de contenidos.

Nada reemplaza el encuentro cara a cara con un librero cómplice, terapeuta, amigo. Esa relación
no la puede suplir un algoritmo

¿Qué impacto tuvo la pandemia en su operación?

Ya abrimos las sucursales y estamos en proceso de recuperarnos del daño, aunque nos vimos obligados a cerrar Gandhi Oportunidades, donde estuvo la primera librería. Era un local que habíamos convertido en espacio de rebusque, si bien no resultaba un negocio rentable. Fue doloroso y al mismo tiempo dulce darnos cuenta de lo memorable de ese símbolo para tanta gente: el anuncio del cierre tocó los corazones de miles, les hizo recordar encuentros, anécdotas, amigos que conocieron ahí, lecturas que cambiaron sus vidas.

¿Percibieron cambios en los hábitos de lectura de la gente por la pandemia?

Sí, el más importante fue el repunte de la compra en línea: las ventas se fueron al doble, tuvimos meses con crecimiento de hasta cuatrocientos por ciento. Hoy recibimos 2.5 millones de visitas mensuales. Personas que no buscaban títulos en la red se habituaron a hacerlo y siguen en ello, además de visitar las tiendas. Con el encierro también se construyeron nuevos lectores: el tiempo desocupado y el cansancio de las pantallas los empujaron hacia los libros. Además muchos que ya disfrutaban leer lo frecuentaron más, tanto en impreso como en electrónico; en ese sentido tenemos cinco millones de e-books y estamos apostando por los audiolibros. Sin embargo, sabemos que nada reemplaza el encuentro cara a cara con un librero cómplice, terapeuta, amigo. Esa relación humana no la puede suplir un algoritmo.

La narradora estadunidense de ciencia ficción Ursula K. Leguin escribió: “Leemos para descubrir quiénes somos. Lo que otra gente, sea real o ficticia, hace, piensa y siente es una guía fundamental para entender lo que somos y lo que podemos llegar a ser”. ¿Qué te lleva a pensar esta idea?

Me parece muy precisa y yo tengo una cita similar de Herman Hesse, no recuerdo si de El lobo estepario o de Demian: dice que el camino más doloroso es el que te lleva a ti mismo. Aunque los libros no implican dolor, sí te acercan al centro de ti, te ofrecen un vocabulario para procesar tus ideas de manera distinta, conocerte de otra forma, desarrollar la capacidad de imaginación para visualizar ideas diferentes a las tuyas y, todo eso, a final de cuentas, te permite ser más consciente y más libre.