Carlos López, praxis de la errata

Esgrima

Carlos López
Carlos LópezFuente: premiodepoesiaeditorialpraxis.com
Por:
  • Ricardo Venegas

El editor y coleccionista de erratas es de origen guatemalteco y vive en México desde hace cuarenta años. Carlos López estudió las licenciaturas en Letras Hispánicas, Historia y Estudios Latinoamericanos, además de la maestría en Letras en la UNAM. Es fundador de Editorial Praxis y autor de los volúmenes de ensayo Sólo la errata permanece (2012), Pasión por el libro (2011), El que a yerro (2009), Helarte de la errata (2005) y Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo de la palabra (2003), entre otros. Además tiene libros de calambures, como A veces arde Roma (2010), y de palíndromos, entre ellos Ají traga la lagartija (2013) y La roca coral (2002). Compiló las antologías Consejos para escritores (2017), Desde el fondo de la tierra. Poetas jóvenes de Oaxaca (2012) y tres tomos de la Poética de Carlos Illescas (2001), por citar algunos. Como poeta ha escrito Corteza de la otra orilla (2012), Almendranada (2011), Bellotas de agua (2000) y Fuego azul (1997). Son de reciente aparición sus títulos Herrar es de humanos (2019) y Puntadas de escritor (2020).

Carlos, ¿cómo se gestaron tus libros recientes?

Herrar es de humanos es una recopilación de horrores, errores, erratas de famosos a los que les preocupa todo, menos su forma de comunicarse. Desde hace veinte años recojo erratas notables (las cotidianas se generan por millones, no alcanzaría una vida para recopilarlas), con jiribilla, las que dejan girando la cabeza. He publicado cuatro libros sobre el tema y tengo preparado otro, porque el mundo tiene mucho sentido del ridículo. El libro también reúne erratas involuntarias de creadores o endosadas a estos por los editores. ¿Tiene sentido acopiar los yerros? Sí, cuando hacerlo sirve para pensar en las posibilidades lúdicas de la lengua, romper el cerco de la (aparente) perfección o asumir nuestra condición de seres errados.

Por otro lado, Puntadas de escritor compendia relatos de situaciones o anécdotas jocosas de autores e ideas sobre el humor. El ingenio de quienes escriben la literatura universal nos acerca a su cotidianidad y nos cuestiona la solemnidad con la que los vemos. Algunas de las historias son minificciones; otras son reflexiones filosóficas, existenciales, con gracia imaginativa.

Naciste en Guatemala, pero has hecho tu trayectoria en México. ¿Cómo ha sido la experiencia?

En los casi cuarenta años viviendo en México he pasado de todo. Llegué cuando le faltaban dos años en la presidencia a José López Portillo. Era tan cínico.

Me tocó vivir el show del fin de sexenio y el principio del insulso periodo de la renovación moral, como la llamó Miguel de la Madrid, un tipo al que daba pereza oír; era tan anodino. Él inició el régimen neoliberal que sumió al país en la miseria y la oscuridad. Desde entonces México se empezó a centroamericanizar,  con la proletarización de las capas medias. Mi experiencia laboral nació en ese contexto político, de crisis permanente. Eso fortaleció mi conciencia política y me abrió mundos: las letras, la pintura, la música, el cine, la historia.

Entre tus facetas como editor y poeta, ¿en cuál has centrado tu mayor interés?

La edición absorbe la mayor parte de mi energía: editar durante 38 años me enseñó más que la universidad. Ahí comprobé que la práctica es el conocimiento. Muchas normas que guían mi trabajo como editor las he creado a partir de errores de los libros que he leído y corregido. Hay luz en la oscuridad, diamantes entre la basura.

¿Podrías compartirnos cómo nació Praxis, tu editorial?

Fue por necesidad, de un impulso. En 1981 perdí mi trabajo en el Instituto Nacional de Administración Pública. La esposa del cantante Emmanuel, Mercedes Alemán —que sustituyó en sus vacaciones al secretario ejecutivo del Instituto—, me despidió por tener las manos fracturadas. Puse un anuncio clasificado donde solicitaba una IBM Composer Electrónica. A los pocos días me habló un hombre para decir que tenía una máquina como ésa y costaba 165 mil pesos; no me dijo que estaba en el Monte de Piedad, descompuesta. Con ahorros la pagué y al fin conseguí echarla a andar. Subarrendé un cuartito en el primer piso de una casa en la colonia Villa de Cortés. Ahí empecé a prestar servicios editoriales. Me costó mucho ponerle nombre y todavía no me gusta cómo se llama.

Herrar es de humanos es una recopilación de horrores, errores, Erratas de famosos a los que les preocupa todo, menos comunicarse

En México existen importantes antologías poéticas de connacionales…

Son el género literario más criticado; todas tienen un sesgo. Susana González Aktories hizo su tesis doctoral en España sobre la tradición de antologías poéticas en el país. Considero a José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis los antologadores más serios de poesía. Es difícil mencionar a los mejores poetas de México, pues son muchos, pero varios de ellos no aparecen en antología alguna.

¿Convives con los autores de tu generación, la de los años cincuenta?

No veo a nadie. Tuve relación con gente más vieja o más joven que yo; los viejos ya se murieron. Hoy sólo me comunico con los más jóvenes y son los mejores, traen una fuerza impresionante. Creo que, a pesar de la gran abundancia de editoriales y medios, la mejor poesía está inédita.

¿Cómo edita un editor, que también es poeta, sus propios poemas?

Con pena, pero de vez en cuando no está mal que uno publique lo que escribe y corrige con esfuerzo. Las editoriales no son casas de beneficencia, primero ven el interés económico. Una rápida mirada al catálogo de las editoriales grandes demuestra que la poesía no les interesa. Es un género que no se vende; los poetas, sí. Hay personas que jamás han trabajado. Desde que tuvieron edad pidieron la beca de Jóvenes Creadores; luego, la de Creadores Artísticos y después, la de Creadores Eméritos. A eso agrega los premios, que se reparten siempre los mismos.

¿Es redituable editar poesía en México?

No en lo económico, pero editar es un vicio. Sé que lo debo hacer, no sé para qué. Para muchos sí es negocio. Las autodenominadas editoriales independientes surgieron por el dinero recibido del Conaculta. Lo cierto es que la poesía es cercana al ser humano, sólo hay que descubrirla. Sin ella no podemos vivir. Nos acompaña, nos reconforta.