Duna, ¿la adaptación definitiva?

En el número anterior de El Cultural, nuestro crítico de cine Naief Yehya dedicó su columna
a la más reciente versión para la gran pantalla de la novela de Frank Herbert.
Este nuevo acercamiento repasa el camino, a menudo fallido, de las diversas adaptaciones
de esa historia, justo cuando la nueva puesta en escena de Denis Villeneuve —primera parte de lo
que apunta para consolidar un hito cinematográfico— se exhibe todavía en salas de la capital y del país.

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DunaFuente: reactor.cc
Por:
  • Ramiro Sanchiz

Primer intento. En 1971 el productor Arthur P. Jacobs busca adquirir los derechos de producción de una adaptación cinematográfica de Duna, la novela publicada por Frank Herbert en 1965. Se mencionan varios nombres de directores, se empieza a escribir un tratamiento, pero no pasa nada.

Segundo intento. En 1974, Alejandro Jodorowsky planea su propia Duna, con un equipo de producción que incluiría a los artistas H. R. Giger, Jean Giraud (Moebius) y Chris Foss, la música de Stockhausen, Magma y Pink Floyd y, más espectacularmente todavía, las actuaciones de Salvador Dalí, Geraldine Chaplin, Orson Welles, Gloria Swanson y Alain Delon. Otra vez no pasa nada, pero el proyecto se vuelve una leyenda: Giger diseña el xenomorfo de Alien, Moebius y Jodorowsky publican su célebre historieta El Incal y, más o menos, todo el cine posterior de ciencia ficción aprende algo de interés de esa producción fallida.

Tercer intento. En 1976, Dino De Laurentiis compra los derechos y le encarga al propio Frank Herbert el guion, a Ridley Scott, la dirección, y a Giger, los diseños de arte. Scott propone dividir la larga novela en dos películas, pero finalmente se desvincula del proyecto y dirige Blade Runner. Otra vez, nada.

Cuarto intento. Es 1981: De Laurentiis y su hija Raffaella renuevan su propiedad de los derechos de la novela y, después de ver El hombre elefante, se entusiasman con la idea de contratar a David Lynch como director. Tres años después se estrena la película: Lynch prepara un filme de tres horas, que es masacrado por los Laurentiis. Para el director, el resultado es la peor película de su carrera, pero con el tiempo esta Duna se vuelve un placer culposo y una suerte de clásico de culto.

Quinto intento. Saltamos al año 2000. El director John Harrison prepara una miniserie en tres episodios para el canal de cable Sci-Fi Channel, y además una secuela, Children of Dune (Hijos de Duna), basada en un libro posterior de Frank Herbert. Hay cierto éxito de crítica y dos Emmys, pero si la miramos hoy, la serie se parece más a una convención provincial de cosplayers que a lo mejor de las visiones de Lynch junto a los Laurentiis.

Sexto intento. En 2017, Denis Villeneuve (La llegada, Blade Runner 2049) es confirmado como el director de una nueva Duna, que —como aquella idea de Ridley Scott— quedará dividida en dos películas. La producción comien-za en 2019 y la pandemia retrasa el estreno hasta la segunda mitad de 2021.

COMPLEJIDAD Y ESPLENDOR

¿Se trata de la adaptación definitiva? Es difícil de responder, al menos hasta que no se materialice la segunda parte. En cualquier caso, la película de Villeneuve, en relación a la novela original de Frank Herbert, es más exhaustiva y respetuosa que cualquiera de las otras adaptaciones. Está claro que un universo ficcional de la complejidad del imaginado por Herbert y los autores que abordaron esta saga posteriormente no es tarea fácil para quien acometa la tarea de llevarlo al cine. Resulta tentador encontrar métodos simples y directos, a la vez que poco elegantes, para ofrecer al espectador la información que necesita. Al mismo tiempo es difícil evitar las malas decisiones acerca de qué explicar y qué no. En este sentido, Villeneuve hace una tarea magnífica, pues evita salidas fáciles (en la película de Lynch se abusaba del recurso de permitirnos escuchar qué están pensando los personajes) y logra que quien no haya leído la(s) novela(s) de Herbert se abra camino por la tra-ma. De hecho, incluso aquello que no queda realmente explicado opera a nivel de sugerencia, incluso de misterio, en secuencias de esplendor visual y sonoro casi abstracto.

EL ESTILO VILLENEUVE

A nivel de producción, otro punto a favor de Villeneuve es haber tomado como inspiración las hermosas ilustraciones de Moebius para la versión de Jodorowsky, en especial el vestuario, las armaduras y los trajes de combate. A la vez, en la arquitectura y el diseño de las grandes naves espaciales Villeneuve deja entrever un estilo que podemos pensar como suyo propio, o al menos una conexión con los paisajes posturbanos de Blade Runner 2049 y la presencia ominosa de la nave extraterrestre en La llegada.

Completan la propuesta, como cabía esperar, un par de homenajes a la versión de Lynch —en particular aquellas escenas cuya coreografía y diálogo se vuelven una versión ligeramente acelerada de sus equivalentes en la pelí-cula de 1986. Asimismo figuran no pocas referencias a clásicos del cine, como Apocalypse Now, con un gran antagonista que se nos presenta por primera vez de una manera que remite a la aparición del personaje interpretado por Marlon Brando en la película de Coppola.

Duna, un disfrute visual de principio a fin, propone ciencia ficción del futuro remoto, de una humanidad que se ha diversificado entre poderes psíquicos, computadoras biológicas y ecologías radicales, llevada a la gran pantalla sin concesiones, sin insultar la inteligencia de los espectadores ni dejando de rendir tributo al lenguaje cinematográfico en su especificidad más sobrecogedora de sonido y visión.

Repitamos la pregunta: ¿acaso se trata de la adaptación definitiva de uno de los más grandes clásicos de la ciencia ficción? Digamos que sería una verdadera lástima que no viniera la tan esperada segunda parte para confirmarnos un rotundo sí.