Dusty Hill en vivo

El corrido del eterno retorno

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ZZ Toptkrehearsal.com
Por:
  • Carlos Velázquez

ZZ Top, con Stevie Ray Vaughan, cambiaron el blues texano para siempre. Se desmarcaron de la escuela de Chicago y consiguieron otorgarle una personalidad agreste y ranchera. Que reflejaba a la perfección el paisaje. En ZZ Top suena el desierto con todo lo que éste implica: misterio, soledad e inmensidad. Además de vacas, un sol inclemente y una troca desplazándose por un camino de terracería.

ZZ Top optó por una formación de power trío. En la que Dusty Hill jugó una posición determinante. Era sin duda una de las mejores segundas de la historia de la música. Le inyectó al cancionero de la banda una personalidad inusual. Billy Gibbons, alias El Reverendo, era el vocalista principal, pero en Dusty tenía a un gemelo fantástico que le aportaba unas armonías de ensueño. Además de ser su comparsa bailarina encima del escenario. Con esa danza a la Hoot Kloot, el comisario.

Durante gran parte de su carrera, ZZ Top fue una banda vigorosa. Sobre el escenario desplegaban una energía incombustible. No paraban de saltar en una suerte de coreografía al más puro estilo de nado sincronizado. Además de su sonido, la mayor atracción, era una máquina de pasos de baile. Nunca Cream o The Jimi Hendrix Experience o cualquier otro trío de la historia presumieron este tipo de dotes. Y ésta es una de las características que convirtieron a ZZ Top en una banda especial.

Además de lo anterior, su look era una declaración de principios que contrastaba con su proceder en concierto. Era de suponerse que dos tipos barbones y de botas vaqueras fueran lo suficientemente rudos para no permitirse el baile. Pero a ZZ Top el estereotipo les valía madre. Ésta es una actitud que socava por completo el machismo inherente al ser texano.

En ese mismo tenor, ZZ Top llevó las cosas al extremo al volverse en contra de lo que supone era una banda de blues eléctrico. Modificaron su sonido e hicieron un movimiento de lo más arriesgado: forraron sus instrumentos de peluche, en un gesto que podría haberse interpretado como poco masculino, pero que llevó a la banda a otro nivel. Ahí demostraron que no le tenían miedo a nada. Y esa valentía fue altamente recompensada por la generación MTV.

Pese a su apariencia, ZZ Top es una banda que jamás se ha acartonado. Ha pasado por distintas etapas. La búsqueda del sonido que definió su primer álbum, luego la consolidación de la banda en Tres Hombres, de donde salió la catedralicia “Jesus Just Left Chicago” y el himno entre los himnos La Grange, uno de sus mejores discos, si no el mejor. Para dar un salto monumental hacia Degüello, ese coqueteo con el industrial que cristalizó en el experimento sensacional que es “Manic Mechanic”. Y luego su paso natural hacia Eliminator, que le regaló al mundo “Legs” y “Gimme All Your Lovin’”.

La versatilidad de la banda es incuestionable. Y eso los sitúa como los putos amos del rock texano 

La versatilidad de la banda es incuestionable. Y eso los sitúa como los putos amos del rock texano. Y lo más importante, no importa qué tan pop suenen en Eliminator, nunca han perdido de vista su raíz: el blues. Y en la historia de este género son un referente. Entre los cientos de enormes blues que han existido, “Blue Jean Blues” es un ejemplo perfecto de cómo debe sonar esa tradición.

La primera canción que escuché de ZZ Top fue “Mexican Blackbird”, viene en Fandango! Debía tener 12 o 13 años. Y desde entonces he profesado un profundo amor por la banda. Luego caí bajo el encanto de Tres hombres, como era de esperarse. Y recuerdo la emoción el día que pude hacer mi primer road trip por Texas y pasar por La Grange, el pueblo que originó la canción. Degüello es también un disco que marcó mi existencia. Me parece perfecto de principio a fin.

Y es quizá el disco que más he escuchado de la banda.

No sé si sea por haber nacido en Coahuila, pero desde que nací, en mi ADN ya estaba mi amor por ZZ Top. Por eso la muerte de Dusty Hill me dolió cabrón. Estoy convencido de que si no hubiera escuchado a ZZ Top de niño mi libro La Biblia Vaquera no habría existido. Y tampoco La marrana negra de la literatura rosa habría sido escrita sin ver a ZZ Top girar ciento ochenta grados sus instrumentos forrados de peluche en MTV.

Tuve la fortuna de ver a Dusty Hill en vivo. Y la pandemia me impidió volver a verlo una segunda vez. Pero llevo en el corazón el recuerdo de ese concierto.