En la ciudad subvertida

En la ciudad subvertida
Por:

La exposición Saturnino Herrán y otros modernistas (en el MUNAL hasta el domingo 24 de febrero) y la sorpresiva aparición de un retrato de Ramón López Velarde de 1916, así como una acuarela de 1912 para la portada 400 de Revista de Revistas, permiten trazar el itinerario del pintor aguascalentense como alumno y profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes (hoy Antigua Academia de San Carlos) y por la calle de Mesones, donde vivó sus últimos seis años. También llevan a esbozar el ambiente político y cultural que vivió entre 1904 y 1918, año de su muerte.

Hijo de Josefa Guinchard y de José Herrán y Bolado —tesorero estatal, diputado, dramaturgo e inventor—, Saturnino nació el nueve de julio de 1887 en la capital de Aguascalientes. Muy pequeño demostró su habilidad para dibujar y pintar. Tomó clases con el pintor chiapaneco José Inés Tovilla y en 1902 con su excéntrico paisano, Severo Amador. En enero de 1903, su padre se trasladó a la capital del país con el fin de perfeccionar un combustible artificial, pero lo sorprendió la muerte. En 1904, doña Josefa y su hijo decidieron radicar en la Ciudad de México. Saturnino ingresó a las clases del catalán Antonio Fabrés y de Germán Gedovius, en la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), situada en Academia 22, atrás de Palacio Nacional. Existe una fotografía donde aparece con Fabrés al lado de sus compañeros José Clemente Orozco y Diego Rivera, entre otros. Inició sus colaboraciones gráficas para la revista Savia Moderna (1906).

[caption id="attachment_872219" align="alignnone" width="696"] Labor, óleo sobre tela, 1908. Fuente: munal.mx[/caption]

En 1908 pintó Labor (1908), bajo la influencia del artista inglés Frank Brangwyn, quien sería determinante para los paneles de la Escuela de Artes y Oficios para Hombres. En sus búsquedas en el archivo de este plantel, Ricardo Morales López —grabador, docente y especialista en técnicas de impresión del siglo XIX— encontró la documentación sobre las dos pinturas destinadas al salón de actos del exconvento de San Lorenzo, en Belisario Domínguez esquina Allende, actualmente Archivo Histórico de la ESIME-IPN. Según los oficios, Herrán comenzó a trabajar en ello hacia mediados de mayo y terminó el 12 de agosto de 1910. Cobró mil quinientos pesos. Morales López también encontró en 2013 una fotografía de los paneles del enorme salón, hoy desaparecido.

Con motivo de las Fiestas del Centenario, celebración emblemática del porfiriato, Saturnino participó en los festejos de la ENBA con el tríptico La leyenda de los volcanes (1910) —única pintura que colgaría en su estudio—, además de los óleos Vendedoras de ollas (1909) y Los ciegos (1910), obras alejadas de la moda parisina imperante. Después de recorrer la exhibición, Justo Sierra, titular de Instrucción Pública y Bellas Artes, prometió que  los decorados de los edificios públicos “ya no serán obras de extranjeros, sino de artistas mexicanos”. El prometido muralismo no se concretó por la inoportuna renuncia de Porfirio Díaz.

EL PINTOR Y HUERTA

[caption id="attachment_872218" align="alignright" width="261"] Vendedoras de ollas, óleo sobre tela, 1909. Fuente: munal.mx[/caption]

El viernes 2 de febrero de 1912, con Francisco Madero en la presidencia, Herrán se hizo novio de Rosario Arellano González Salas, sobrina del general José González Salas, Secretario de Guerra y Marina. Al ser derrotado por fuerzas de Pascual Orozco en Rellano —entre Chihuahua y Durango—, González Salas se suicidó el 25 de marzo, temeroso de que al regresar a la capital fuera reprendido por Madero.

En su “Anecdotario” recopilado en Saturnino Herrán: Jornadas de homenaje (UNAM, 1989), el nieto del pintor, también de nombre Saturnino Herrán, recordó que el estudio estaba en Mesones número 82 y constaba de “dos departamentos”: el taller y la habitación. También mencionó que a las tertulias celebradas ahí asistían Ramón López Velarde, Federico Mariscal, Manuel Toussaint, Pedro de Alba, Enrique González Martínez, Enrique Fernández Ledesma y Alberto Garduño, entre otros. Aún existe esa construcción de tres pisos, en la esquina con 5 de Febrero.

La calidad pictórica de Saturnino comenzó a ser reconocida fuera de Academia 22. En septiembre de 1912, a un mes de la muerte del paisajista José María Velasco, fue entrevistado por El Spagnoleto (¿el Dr. Atl?) para El Ahuizote (1912-1913), publicación de caricaturas antimaderistas donde Orozco ridiculizó a Madero. Herrán recordó que Justo Sierra le dio mil doscientos pesos (trescientos menos de lo que estipulaba el contrato) por los paneles de la Escuela de Artes y Oficios para Hombres. Comentó que por esos días pintaba un tercer panel, más grande que los anteriores, cuando los burócratas maderistas suspendieron su trabajo. Concluía “su obra magna”, La ofrenda (fechada en 1913), y preparaba Los siete pecados capitales. Para estar a tono con El Ahuizote, la revista le publicó una autocaricatura, además del boceto La lujuria.

"Tras la aprehensión de Madero, Victoriano Huerta asumió la presidencia. La ENBA reabrió sus instalaciones y en octubre de 1913 Saturnino fue nombrado profesor de Claroscuro".

En un clásico San Lunes, el 20 de enero de 1913 falleció de una cruda su paisano José Guadalupe Posada, a quien aparentemente no conoció. El domingo 9 de febrero inició la Decena Trágica, en la que estuvo involucrado el pintor Joaquín Clausell; el cuartelazo fue encabezado por Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, y Manuel Mondragón, padre de Carmen, futura poeta y pintora Nahui Olin. Saturnino debió sufrir noches y días de bombardeo y metralla. Su estudio-departamento estaba cerca de la línea de fuego, aunque no se reportaron daños importantes ni en Mesones ni en la ENBA.

[caption id="attachment_872214" align="alignleft" width="249"] El último canto, lápiz de color y acuarela sobre papel, 1914. Fuente: warting.com[/caption]

Tras la aprehensión de Madero, la tarde del martes 18 de enero Victoriano Huerta asumió la presidencia. Entre marzo y abril, la ENBA reabrió sus instalaciones y en octubre de 1913 Saturnino fue nombrado profesor de Claroscuro. Días después, el periódico El Diario publicó la nota “La fiesta bufa celebrada ayer en la Escuela de Bellas Artes fue todo un éxito”, ilustrada con una enorme fotografía (¿de Antonio Garduño?) en cuyo pie se hacía burla de los “murillos” (en alusión al pintor español Bartolomé Esteban Murillo) metidos a actores. El texto narraba en detalle la “churrigueresca fiesta” (adelantándose años al teatral happening y al performance), un evento antipictórico que debió disgustar a Saturnino, quien creía en el poder de la representación de la pintura.

En enero de 1914, La Semana Ilustrada cubrió la exposición del oaxaqueño Armando García Núñez en la ENBA. En El Diario del viernes 17 de abril, dos fotografías ilustran la noticia de que “Fue inaugurada solemnemente la Exposición de Labores Escolares y Bellas Artes”. Victoriano Huerta aparece con jaquet, sombrero de copa y sus característicos lentes oscuros. Extiende la mano derecha a un irreconocible artista. El pie de la fotografía, realizado con plumilla, acota: “El presidente felicitando a Saturnino Herrán”.

Pocos días después de ese éxito promocional, el viernes 24 de abril de 1914, el pintor se casó con Rosario Arellano González Salas en la parroquia de San Miguel Arcángel, muy cerca de Mesones. Su esposa ya había posado para el carboncillo Chayito, en 1913. Además, Herrán la habría de pintar en 1914 luciendo un mantón de Manila, la dibujaría en un solemne retrato a lápiz acuarelado en 1916 y en un dibujo estilizado en 1918.

Al realizar un reportaje sobre las mejoras a la ENBA y la incorporación de la Escuela de Artes y Oficios para Señoritas a un edificio anexo, el fotógrafo de El Imparcial (¿Agustín V. Casasola? ¿Abraham Lupercio?) captó a Saturnino de espaldas, de traje y luciendo botines, mientras dibujaba a un anciano disfrazado de evangelista bíblico. En otra fotografía, alguien (¿Germán Gedovius?) aparece con una modelo semidesnuda. En la edición impresa se advierte la jocosa pantaleta añadida por el negativero del periódico huertista, para no ofender a los lectores.

[caption id="attachment_872212" align="alignnone" width="696"] Friso Nuestros Dioses (acción indígena), óleo sobre tela y madera, 1918. Fuente: retos.educatic.unam.mx[/caption]

¿ES HERRÁN “LA TEHUANA”?

Como señala Olga Sáenz en El símbolo y la acción: Vida y obra de Gerardo Murillo, Dr. Atl (El Colegio Nacional, 2005), el 10 de octubre de 1914 su biografiado fue nombrado director de la ENBA. No tardó en suspender las clases de desnudo, lo que afectó a Gedovius. A principios de diciembre, las pugnas revolucionarias se dividieron entre los carrancistas y los convencionistas. Los aliados de Carranza marcharon a Veracruz para establecer ahí su gobierno, mientras que en la Ciudad de México los convencionistas de Eulalio Gutiérrez realizaban varias reformas, entre ellas la educativa, a cargo de José Vasconcelos.

Durante 1914, Saturnino pintó óleos con personajes populares o míticos como El gallero, Los ciegos, El último canto, El pordiosero y dibujó Nuestros dioses, El bebedor, La indita, El Cristo de las granadas, El último canto (boceto), Las tres edades y el cartel Exposición Saturnino Herrán. También pintó el óleo La tehuana (150 x 75 cm), que según el historiador de artes plásticas Fausto Ramírez plasma a Rosario, la esposa de Saturnino, pero el exagerado bozo de la mujer ha provocado numerosos comentarios. El 19 de diciembre pasado, admirando esa pintura en el MUNAL, escuché a una señora preguntarse en voz alta: “¿Por qué Saturnino se pintó de mujer?”. En enero de 2011, primero en su blog y luego en su columna, Avelina Lésper planteó la misma interrogante. Si es correcta, esta lectura abre una ruta que nadie ha querido explorar, la cual podría explicar los numerosos afeminados que Saturnino dibujó, así como la pose del protagonista de El quetzal (1916), donde un hombre muestra complaciente su trasero mientras esconde el rostro y el ave centroamericana.

"Si es correcta, esta lectura abre una ruta que nadie ha querido explorar, la cual podría explicar los numerosos afeminados que saturnino dibujó, así como la pose del protagonista de El Quetzal (1916)"

Entre marzo y julio de 1915, los habitantes de la Ciudad de México sufrieron una terrible hambruna. Los panaderos agregaban aserrín al salvado de los pambazos e incluían polvo de olote con yeso en la masa de maíz. Las tiples de los teatros se disputaban los mendrugos que les obsequiaban sus admiradores. El hambre y la falta de dinero también tocaron las puertas de Mesones 82. El nieto del pintor recuerda que cuando se escuchaba el silbato del vendedor de camotes, su abuela se lamentaba: “¿Quién tuviera un tlaco [moneda ínfima] para comprar un camote?”.

En agosto la normalidad volvió a la capital. Por esos días, Saturnino Herrán dibujó Estudio para el friso de Nuestros Dioses (carboncillo), Herlinda (lápiz acuarelado), Como Cristo (sepia), La criolla del mantón (lápiz acuarelado) y pintó dos óleos: De feria y la inconclusa tela Bugambilias (129 x 79 cms).

AMIGO DE LÓPEZ VELARDE

[caption id="attachment_872216" align="alignright" width="230"] El quetzal, óleo sobre tela, 1916. Fuente: warting.com[/caption]

En enero de 1916, Revista de Revistas informó sobre la aparición de un nuevo libro de poemas: La sangre devota, de Ramón de López Velarde. El semanario gráfico reprodujo la portada, a cargo de Saturnino Herrán. En este año pintó también los óleos La criolla del mango (un semidesnudo), otras Bugambilias (de 31 x 56), Estefanía, El quetzal, Doña Margarita y realizó en sepias Sin lágrimas y En el panteón, y con lápiz acuarelado Retrato de Don Artemio de Valle Arizpe, Estudio para retrato de Consuelo y Alberto Pani, además de otro retrato hasta hace poco desconocido.

A mediados de 2018 trascendió que el arquitecto, coleccionista y galerista Ricardo Castillo tenía un retrato inédito de Ramón López Velarde, amigo y contertulio de Saturnino, firmado con el monograma SH y fechado en 1916. Es un carboncillo (de 23.5 x 16.5 cm sobre papel) que ahora se encuentra enmarcado en la Galería Castillo, en contraesquina del MUNAL. Llama la atención el copete encanecido del bardo zacatecano, que no aparece en ninguna fotografía. “Es el reflejo de la luz de la galería”, me explica la mamá del galerista, aunque le comento que López Velarde sí tuvo esos cabellos albinos. En uno de sus últimos retratos fotográficos de perfil, aparecido en 1936 en Revista de Revistas y fácilmente localizable en internet, se alcanzan a ver algunas canas, pero no mechones.

ÚLTIMOS AÑOS

Saturnino realizó la portada del número uno de Pegaso (marzo-julio de 1917), fundada por Enrique González Martínez, López Velarde y el lúbrico Efrén Rebolledo. Por esas semanas debió de pintar La criolla de la mantilla (óleo sobre tela, 94 x 100 cm), que representa a una mujer semidesnuda, cubierta con una larga mantilla negra. Fausto Ramírez asevera que la modelo es la bailarina andaluza Tórtola Valencia, pero si ese cuadro realmente está fechado en 1917, entonces la retratada no es Tórtola porque ella debutó en la Ciudad de México hasta enero de 1918. En cambio, de junio a octubre de 1917 la danzarina española La Argentina (Antonia Mercé) enloqueció a tandófilos y poetas al presentarse en los teatros Colón y Fábregas. Sin embargo, su alegre cara no coincide con la sonrisa que muestran sus rostros fotográficos. Su dislocado brazo derecho indica que el pintor realizó un ensamble en la tela. El cuerpo desnudo seguramente corresponde a una modelo de la ENBA.

"Con sólo catorce años de intermitente actividad pictórica, Herrán se convirtió en referente indispensable de la pintura mexicana de las primeras dos décadas del siglo XX".

En mayo de 1917, la compañía cómico-dramática de Virginia Fábregas se presentó en el teatro que la actriz adquirió en 1907. Entre su repertorio estuvo El cardenal, de Luis N. Parker, La ráfaga, de Bernstein, y la melodramática y siempre gustada La mujer X, entre otras piezas. Saturnino debió asistir al teatro de la calle de Donceles porque pintó a la señora Fábregas como La mujer X y en su caracterización en la obra El cardenal.

En agosto, Bona-Fide (José D. Frías) publicó “Un gran pintor: Saturnino Herrán”. El colaborador del semanario y Carlos Muñana, fotógrafo de planta de El Universal Ilustrado, acudieron a Mesones 82. Bona-Fide se sorprendió (al igual que el escritor y editor Julio Sesto) de que las pinturas del artista no estuvieran colgadas, sino apiladas contra la pared. Esto le facilitó el trabajo a Muñana para fotografiar Comadre cuando me muera, La criolla y El estudio para un cuadro. También captó el rostro triste del pintor.

[caption id="attachment_872215" align="alignleft" width="263"] La criolla del mantón, lápices de color y acuarela sobre papel, 1915. Fuente: browpicz.pw[/caption]

En septiembre de 1918 internaron a Saturnino Herrán en el hospital del doctor Luis Rivero Borrel, ubicado en Santa María la Ribera 56. A pesar de que el cirujano lo operó de una úlcera en el esófago, el pintor falleció a las 22:20 horas del martes 8 de octubre de ese año. Días después la Universidad Nacional, entonces dependiente de la Secretaría de Instrucción Pública, organizó la primera exposición individual del artista en el Palacio de los Azulejos. Fue inaugurada por el presidente Venustiano Carranza.

Con sólo catorce años de intermitente actividad pictórica y sin concretar una exposición individual, Saturnino Herrán se convirtió en referente indispensable de la pintura mexicana de las primeras dos décadas del siglo XX y en Patrimonio Artístico por derecho propio. La actual exposición en el MUNAL permite apreciar su trabajo en el taller de la calle de Mesones, frente a las pinturas de Diego Rivera, Roberto Montenegro (el iniciador del muralismo en 1921), David Alfaro Siqueiros (con una temprana obra de 1913), Ángel Zárraga, Alfredo Ramos Martínez, Francisco Goitia y Antonio Fabrés, estos dos últimos sus maestros en la ENBA. El conjunto ayuda a valorar el talento descomunal del joven Saturnino.