El espíritu de Montaigne cámara en mano

En el número 294 de El Cultural, Alberto Ruy Sánchez publicó un texto notable en torno a la libertad
y “la invención indómita” del ensayo, género literario concebido por Michel de Montaigne.
Esta vez traslada sus aptitudes al espacio visual que la fotografía es capaz de elaborar en casos
como el de la colección Luz Portátil, una propuesta que anima la editorial Artes de México. Cada volumen
es un festín donde la mirada, en efecto, ensaya, crea. Estas páginas son un atisbo y una invitación a su riqueza.

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Tatiana Parcero, Cartografías.Foto: Especial
Por:
  • Alberto Ruy Sánchez

Entre todas las artes de América Latina y muy particularmente de México, la fotografía sobresale por su diversidad y consistencia, calidad y cantidad, experimentación y rica tradición.

La fotografía es actualmente, tal vez junto con la poesía, la más vital de las artes latinoamericanas. Todo esto acompañado de una gran insuficiencia en los canales para difundirla dentro y fuera del continente. No sólo existe un desconocimiento de los jóvenes prometedores o de los nuevos valores. Son muchísimos los fotógrafos de inmenso talento y ya con obra sólida que no han tenido ni siquiera la difusión impresa que ameritan.

Como las ediciones dedicadas exclusivamente a la fotografía son muy aisladas y generalmente a cargo de instituciones que no toman riesgos ni provocan nuevos proyectos, se concentran en unos cuantos grandes prestigios o en muestras colectivas. ¿Cómo dar voz y espacio por lo menos a una parte sustancial de esa efervescencia creativa? La respuesta de Artes de México es una colección dedicada al ensayo fotográfico y no a la personalidad de un fotógrafo. Queremos llevar a otro nivel el reto y hacer libros que no sean necesariamente retrospectiva de los autores o catálogos de una muestra.

Los primeros treinta y dos títulos de la colección Luz Portátil son el arranque y la consolidación de un proyecto editorial único en su género. Pedro Tzontémoc vino con la iniciativa y la adoptamos y adaptamos inmediatamente reorganizando el interés y la atención que desde siempre la revista y la editorial Artes de México han dado a la fotografía en sus páginas y en sus libros, especialmente en la colección Libros de la espiral.

Maritza López, Laberintos caligráficos.Foto: Especial

Hemos creado con Luz Portátil un ámbito impreso donde ciertos fotógrafos con ideas sólidas, con gran fuerza estética en su obra y tenacidad puedan pensarse como ensayistas visuales. Retomar la idea de Montaigne, creador del concepto de ensayo como experiencia y como ámbito para lo escrito y llevarlo a la fotografía. En el ensayo quienes lo escriben siempre mezclan los géneros: los ensayistas cuentan historias, se rinden ante el asombro y reflexionan. Con frecuencia se confunde al ensayo con un tratado. No lo es. Podría decirse que es justamente lo contrario y que llega a las ideas desde la experiencia de quien escribe.

Con mucha frecuencia el fotógrafo se hace consciente de la idea que está explorando algún tiempo después, a mitad del camino o casi al final. Si partiera de un concepto se empobrecería su búsqueda ensayística. Podría decirse que es a través de los sentidos, con la primacía de la vista, que se abre camino su reflexión.

Crear una colección de ensayos fotográficos es abrir un espacio donde los autores de la cámara puedan compartir con una amplia audiencia de lectores muy distintos su manera de estar en el mundo y su forma peculiar de mirarlo. Es decir, su manera de ensayarse, como si cada artista visual y su realidad visible e invisible fueran sustancias químicas en un experimento, en un ensayo, del cual se obtendrá la serie de imágenes armónicas, coherentes y sorpresivas que constituyen la composición de cada libro. El espíritu de Montaigne cámara en mano.

El reto de hacer y editar un ensayo fotográfico es mucho más interesante e intenso que la presentación de una simple antología de un autor o que una muestra retrospectiva de su obra. El ensayo es más exigente y a la vez más noble por lo que produce.

Pedro Tzontémoc, El ser y la nada.Foto: Especial

EL FOTÓGRAFO ENSAYISTA tiene que mostrar tenacidad en su búsqueda de ciertas imágenes sin dejar de estar disponible y abierto a los caprichos del azar. Es necesario que con una serie de fotografías sostenga un discurso, haga una composición elocuente, sin que ellas se conviertan en simples ilustraciones de aquello que argumentan. Imágenes que, como decíamos, lleguen a las ideas, nos permitan acceder a ellas sensorialmente.

Es importante que cada fotografía tenga valor de manera independiente y al mismo tiempo sea parte indispensable del conjunto. Cultivar el instante y a la vez la sucesión.

El ensayo fotográfico exige distancia y empatía, coherencia e invención, ligereza y profundidad. Por todo esto, no cualquier conjunto de imágenes relacionadas entre sí o de un autor sobre un mismo tema constituyen por consecuencia un ensayo. Es difícil ser ensayista de la imagen como es difícil ser creadores fotográficos.

El ensayo fotográfico no necesariamente tiene que circunscribirse a ser un relato visual realista y tampoco tiene que ser sólo documental o, lo contrario, sólo invención. Es precisamente parte de su rigor estar abierto a lo posible, a la multiplicidad de acercamientos o distancias con lo inmediato que un fotógrafo pueda desarrollar.

Alicia Ahumada, El bosque erotizado.Foto: Especial

Eso sí, se requiere un punto de vista intensamente personal y propositivo, una manera de mirar que sea única y pueda decirnos algo distinto, que vea más que nosotros, sus lectores, que nos lleve sensorialmente ahí donde, sin la ayuda de esa sucesión de imágenes, nunca hubiéramos podido llegar. Que nos lleve a sentir y pensar lo inusitado. Lo que vieron otros ojos. Un buen ensayo fotográfico de hecho multiplica nuestra mirada.

Por lo anterior se deduce ya que como editores nos interesan entonces más las ideas y las realizaciones interesantes, vengan de quien vengan, que el renombre del fotógrafo. Ese vendrá con el tiempo si no lo tiene ya. O no vendrá. Nos interesa la autenticidad, autonomía de pensamiento, profundidad y sobre todo la calidad de su ensayo a través de imágenes.

CADA ARTISTA de la cámara está acompañado por un autor que no necesariamente diserta sobre el fotógrafo sino que muchas veces va a su lado en una complicidad de escritura que enriquece a cada libro haciéndolo también deseable y significativo desde el punto de vista literario. Cada volumen tiene un atractivo doble. En esta colección se reúnen algunos de los más interesantes escritores mexicanos de varias generaciones presentando poemas, cuentos, ensayos, diarios, ejercicios para pensar desde la imagen y crear lúdicamente mundos paralelos.

En treinta y dos volúmenes vemos a mujeres y a hombres explorar tanto el sentido de la existencia como la transexualidad, el abuso contra la mujer tanto como las posibilidades de lo visible, la crueldad hacia los animales como la empatía con el microcosmos, la marginalidad como la intimidad, la anormalidad como el erotismo de la naturaleza, la sanación como la fugacidad urbana.

Asistimos a una reflexión entre los paralelos femeninos de México y la India, las transformaciones de China, un lúcido desciframiento de la otredad japonesa, una lectura caligráfica del Cairo, una composición de experiencias extremas en la India.

Nos encontramos tanto con la actualidad tremenda de nuestra relación compleja y destructiva con la naturaleza como con los retos inmediatos que nos presentan las ciudades. Las fotografías siempre lúcidas y desafiantes de Luz Portátil, imponen temas y puntos de vista que para muchas personas son inusitados pero en realidad cada uno de ellos es urgente. Del abuso machista a la transexualidad, de la crueldad con los animales a la visión radicalmente distinta de un bosque ritualmente erotizado, de una ciudad que desaparece, de la intimidad transgredida o vuelta espectáculo, de la naturaleza maravillosamente microscópica, del cuerpo y su elocuencia.

Es importante que cada fotografía tenga valor de manera independiente y sea parte indispensable del conjunto. Cultivar el instante y la sucesión

ARTISTAS DE LA IMAGEN y sus cómplices en la escritura nos llevan a enfrentarnos tanto con la sexualidad como con la muerte. Nos llevan a pensar en imágenes sorprendentes tanto la naturaleza del color como los límites de lo visible, la indefinición de lo que vemos o el hiperrealismo, la ilusión pura y la extrañeza inquietante. Se trata sin duda de un catálogo impresionante de autonomía inventiva, de anticonformismo y creatividad.

En fin, un México y un mundo variado y sorprendente, mirados a través de agudeza y apertura inusuales. Más una reflexión constante, implícita y algunas veces explícita sobre lo que vemos, de qué manera vemos y cómo lo compartimos a través de la imagen y la letra.

En la historia de la fotografía mexicana cada uno de los volúmenes de Luz Portátil está destinado a ser un hito, una herramienta de divulgación indispensable, una marca profunda, una huella inusual de imágenes e ideas. En su tiempo breve de existencia ya ha modificado el canon de la fotografía contemporánea y ha establecido una gama más amplia de relaciones entre la literatura de todos los géneros y la imagen fotográfica.

A través de cada uno de los títulos de Luz portátil y del conjunto que ya forman, Artes de México reitera su voluntad de introducir y mantener ante la creatividad de México “un deber de lucidez”: insistir en la importancia y el goce de la reflexión sensible, en el elogio creativo de la luz de las ideas.

Realidades y deseos