A sus 32 años, Francisco Córdova es reconocido como uno de los siete creadores emergentes más representativos en la escena de la danza contemporánea en el mundo. Intérprete, coreógrafo y pedagogo, se desplaza por el escenario con una suave combinación que pone al mismo nivel el baile y la maestría acrobática. Su más reciente trabajo, En tercera persona, se presentará el próximo 7 de diciembre en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Se trata de una apuesta escénica que aborda la deshumanización y las identidades, así como la belleza de la oscuridad. El bailarín y maestro de danza es director de la compañía Physical Momentum (con la que celebra once años de trayectoria creativa), del Festival Internacional ATLAS y del programa de entrenamiento Técnicas de Movimiento (TDM) en México y Barcelona. Desde el año 2006 desarrolla su propuesta metodológica Cuerpo-Acción=Movimiento-Relación y La Acción Física como Construcción Escénica, a partir de los cuales ha impartido múltiples talleres a compañías, además de hacerlo en festivales y centros artísticos internacionales en Europa, Asia y Latinoamérica. Se ha hecho merecedor de diversos reconocimientos, residencias y subvenciones artísticas en América Latina y Europa, y ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, dentro de diversos programas.
¿Qué te ha llevado al éxito en el mundo de la danza?
Creo que es mi propuesta. Busco retratar, a través del cuerpo, la parte más bella de las cosas crudas. Intento mostrar las experiencias que en apariencia son más oscuras, pero mi propuesta parte de la estética. Si abstraes la belleza de una situación que se considera terrible u oscura, a la gente no le desagrada. Ése es uno de los perfiles que me gusta explorar y es, además, una de las investigaciones que aún llevo a cabo. Esta línea de trabajo me ha ayudado a generar una especie de claridad en los lugares en los que me presento. Se trata de uno de los sellos que me identifican: buscar lo bello en lo trágico, en lo amargo, en lo más crudo.
¿Cómo combinas tus distintas áreas de trabajo?
La pedagogía como entrenamiento es una de las armas fundamentales para generar calidad dentro de los performances. Se trata de una herramienta que me ha ayudado a construir el perfil de cuerpo que me gusta ver en el escenario. Viajo enseñando pedagogía para la danza en diversos festivales y tengo una lógica muy clara de lo que quiero que se vea.
La pedagogía me ha ayudado a generar un carácter, no sólo del cuerpo, sino también dramatúrgico. En el escenario, el cuerpo debe tener un contenido de vida personal, no únicamente debe notarse la técnica. Si la interpretación está combinada con vivencias siempre será mejor. Esto forma parte de la investigación que he realizado durante once años. Por supuesto, no ha sido fácil entender lo que hago, pero siempre he sabido que me gusta el cuerpo, que me gusta el perfil de obra no solamente violenta, sino de impacto. Me interesa la danza de impacto.
"Si abstraes la belleza de una situación que se considera terrible, a la gente no le desagrada. Ése es uno de los perfiles que me gusta explorar”.
¿Cuáles han sido las dificultades para sobresalir en el mundo de la danza?
Vivir del arte. Es muy difícil lograrlo casi en cualquier disciplina, pero vivir de la danza es una de las cosas más complejas. México es uno de los países más ricos en generar propuestas artísticas y tiene los perfiles de danza más claros y variados: danza contemporánea, clásica, acrobática, activista, reflexiva, folclor. Hay mucha diversidad y etiquetar lo que es la danza en el país es encasillar a la escena contemporánea del país. Creo que hay un gran camino por descubrir, sobre todo en temas como la forma en que exponemos nuestro trabajo artístico en los escenarios.
¿Qué lugar ocupa la danza contemporánea mexicana en el mundo?
Algunos mexicanos están creando cosas maravillosas en otros lugares, aunque muchos no son conocidos y no han tenido los medios indicados para que su trabajo sea visualizado. Yo me siento ahora como uno de los embajadores de la danza contemporánea mexicana, por el hecho de estar en los principales festivales de danza en el mundo, pero sobre todo por el perfil que manejo. Hay otros mexicanos que hacen cosas maravillosas en la danza, si bien su perfil no es conocido.
Me parece que la danza en México tiene una riqueza maravillosa desde muchos lugares y estilos. Lo que se necesita es hacer equipo y consolidar el estilo de la danza mexicana, no solamente en lo que es hoy, sino también en su historia como danza mexicana. También en la exportación de productos nacionales mexicanos, la exportación de nuestras estructuras pedagógicas de mexicanos en el extranjero, que hay muchos, pero no los conocemos. Sin embargo, sé de casos de personajes o compañías u obras muy representativas de lo que la escena mexicana dice en el mundo. Para mí es muy importante venir a mi país y exponer lo que estamos logrando en otras geografías.
¿Qué veremos en la obra En tercera persona?
Es una pieza coreográfica que tiene seis o siete años de vida. Se generó a través de un programa del estímulo de Jóvenes Creadores y tiene tanto música como escenografía totalmente originales. Se realizó a lo largo de un año de proceso artístico y ya ha viajado por más de una docena países, con lo cual ha sido una de las obras más representativas de mi compañía, entre otras cosas, por su alcance.
Ahora bien, al ver En tercera persona el público es testigo de un trabajo plástico, visual y de iluminación muy particular. En el escenario hay cuatro personajes que utilizan máscaras; aunque el público siempre piensa que hay un solo personaje durante toda la obra, la sorpresa es que hay más personajes, pero todos tienen el mismo rostro. La idea es hablar de uno mismo a través de la mirada del otro, es decir, estoy intentando explorar o multiplicar todos los demonios que nos contienen, que nos construyen. Para ello,
lo que hago es multiplicar esos demonios y después los pongo en escena.

