El legado del rey de Nueva York

En 1997, el hip hop se vistió de duelo, en particular el nacido en las calles neoyorquinas, al morir
uno de sus representantes más notables. Inmenso de cuerpo, estrábico, pero con raudales de ritmo y creatividad,
Big Poppa o simplemente Big contribuyó de manera decisiva a que esa ciudad mantuviera el rango
de capital del rap. La aparición de un documental sobre su vida ofrece el pretexto para revisar las claves
de su aporte musical, así como la relación con su madre y el papel que jugó Puff Daddy, otra figura clave de este género.

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Big Poppa (1972-1997).Fuente: warp.la
Por:
  • Javier Ibarra

Biggie: I Got a Story to Tell (2021) es un documental que destaca por los videos caseros grabados por D. Roc, uno de los amigos más cercanos de Christopher Wallace, mejor conocido como The Notorious B. I. G., Biggie Smalls, Big Poppa, Biggie o simplemente Big. Grabaciones nunca antes vistas nos acercan de forma íntima al rey del hip hop neoyorquino y le dan mayor fuerza a esta película de Emmett Malloy, quien tardó cuatro años en terminar el proyecto, previa autorización de Voletta Wallace (madre de Big) y Sean Combs, alias Puff Daddy (su representante y productor).

El documental parte de recuerdos de amigos, familiares y gente allegada al músico muerto a tiros el 9 de marzo de 1997 en Los Ángeles, California, cuando tenía 24 años. Permite comprender de dónde surgió quien cantaba “It Was All a Dream” y cómo empezó a convertirse en la leyenda de Brooklyn.

EL GRAN BIG POPPA

Big no sólo destacaba por su talento para rimar, su flow influenciado por el toasting de los DJs jamaicanos y la batería bebop de Max Roach con Clifford Brown; también por su voz que encajaba con su gran tamaño o porque su tío Dave Wallace, un cantante de reggae, fue parte de su motivación para que se convirtiera en el MC (cantante de rap) que mejor representaría a Nueva York.

Desde chico llamó la atención su gordura; además padecía estrabismo. Sin embargo, el hip hop le dio la confianza de vestir de forma estrafalaria y no cohibirse en sus primeras batallas de rap, aun sabiendo que podrían atacarlo por ser bizco. Eso lo llevó a la música, hasta convertirse en leyenda.

LOS PRIMEROS AÑOS

Siendo adolescente, Voletta Wallace decidió emigrar de Jamaica a Estados Unidos. Buscaba un mejor futuro para los hijos que soñaba engendrar, pero sólo tuvo al icónico The Notorious B. I. G. El padre del muchacho resultó ser casado y los abandonó, de modo que la madre jamás dejó de ver al chico como a su niño consentido, que mandaba a estudiar en colegios católicos y al que todo el tiempo sobreprotegía.

En las épocas en que Christopher comenzaba a salir, su madre le prohibió ir a la calle Fulton, zona de Brooklyn con alto índice de venta y consumo de drogas, atracos, muertes. Ella era amante del western y el country; no le gustaba el rap y menos entendía el impacto que la carrera musical de su hijo tenía en la cultura pop, así que se mantuvo alejada. Aun así, su relación era especial.

Venía de una familia disfuncional de inmigrantes y se hizo amigo de otros como él. Gracias a ellos se relacionó con el hip hop

Big venía de una familia disfuncional de inmigrantes y se hizo amigo de otros como él. Gracias a ellos se relacionó de lleno con el mundo del hip hop, se hizo fan del rapero Big Daddy Kane y comenzó a hacer rimas.

A fines de los ochenta, los gangsters de su barrio usaban ropa de marca, lucían joyas y conducían autos de lujo. A los 16 años Big comenzó a vender crack; su amigo Chico le dijo que era algo muy sencillo. Con el tiempo, el hijo mimado de la señora Wallace ganó mucho dinero fácil en las esquinas de Brooklyn. El asesinato de Olie, un original gangster que no se cansó de motivarlo para que se dedicara a hacer música y dejara el mundo ilegal, hizo que Big se comprometiera con el rap e invitara a sus amigos a hacer canciones juntos y conquistar el mundo.

EL EFECTO PUFF DADDY

Una de las figuras más reconocidas del hip hop neoyorquino supo pulir el talento de Big a partir de 1992: Puff Daddy. A la fecha, él sigue asegurando que su amigo es el mejor rapero de todos los tiempos.

Cuando lo oyó por primera vez le costó trabajo descifrar aquel estilo único. Al conocerlo le pidió que improvisara ahí mismo, para saber si era real lo que había oído en el demo. Ya convencido lo firmó en su sello Bad Boy Records, para grabar la canción “Party and Bullshit”, incluida en la película Who’s the Man (1993); también le presentó al productor Easy Mo Bee, con quien en sus inicios trabajó y fue una especie de figura paterna para Big.

Como señala el documental, Puff y Big se convirtieron en Martin Scorsese y Robert de Niro: lanzaron el importantísimo álbum de rap noventero Ready to Die, repleto de la carga emocional del Brooklyn de aquel entonces. De hecho, ahí también comenzó a verse la mano de Puff como representante y productor; las bases de canciones como “Big Poppa” y “Juicy” fueron obra suya.

BROOKLYN STYLE, BABY

Desde los años sesenta Brooklyn estaba tomado por la criminalidad; en los ochenta y noventa, mientras Big vivió en sus calles, siguió siendo una zona peligrosa para niños y adolescentes de color, por la gran cantidad de droga que se traficaba y los tiroteos a cualquier hora del día.

Mientras raperos como Snoop Dog o Dr. Dre arrasaban en las listas de popularidad con su gangsta rap, apegado a lo que vivían en California, Big trajo su estilo y sus letras neoyorquinas, por lo que esa ciudad pudo continuar siendo la cuna del rap. Él retomó el espíritu que décadas atrás se originó en las calles, con fiestas clandestinas llenas de baile y donde el estilo musical de rimar encima de canciones viejas se hizo su propio espacio.

Aunque Big murió trágicamente, con Ready to Die (1994) y Life After Death (1997), disco que Big estaba promocionando, su legado recuperó la llama del hip hop anterior a él. Por eso hay murales en Brooklyn que lo inmortalizan y su barrio no deja de celebrar que alguien como ellos logró trascender más allá del ghetto