Museos, a un año de pandemia

Al margen

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Kadir Celep, Sin título (Museo del Louvre, París).Fuente: unsplash.com
Por:
  • Veka Duncan

El próximo 18 de mayo se celebra el Día Internacional de los Museos, fecha impulsada por el Consejo Internacional de Museos (ICOM por sus siglas en inglés) para reflexionar sobre el quehacer museístico, concientizar a los públicos sobre las problemáticas que enfrentan estas instituciones, y difundir su labor a través de actividades y publicaciones en redes sociales. Cada año se establece una temática a discutir y éste, por supuesto, estará dedicado al impacto de la pandemia en el sector.

Bajo el eslogan “El futuro de los museos: recuperar y recrear”, el ICOM ha propuesto cuatro ejes para este debate: la transformación digital; la relevancia social de los mismos y su sustentabilidad; la acción climática; los nuevos modelos de negocio. De cada uno se desprenden, a su vez, diversos cuestionamientos que han cobrado mayor fuerza a lo largo de este año de encierro, en el que todos han trabajado a puerta cerrada. Si bien muchos son temas añejos y deudas pendientes, su presencia en esta edición del Día Internacional de los Museos pone de relieve una realidad del todo innegable: el Covid-19 podría representar un punto de inflexión para las instituciones culturales.

“EL PRIMER IMPACTO [de la pandemia] en los museos fue darse cuenta de que sí necesitan tener su acervo en línea,” me compartió el pasado 3 de mayo Elia Carreño en una conversación en YouTube. La especialista en medios digitales para instituciones culturales se refería a las mexicanas, pero lo mismo es cierto alrededor del orbe. Desde los primeros meses del confinamiento global se ha especulado sobre el camino por el que la pandemia llevará al sector; todavía no hay un plan de vuelo para la nueva normalidad, pero un cambio que ha sido continuamente discutido es, precisamente, el de la presencia digital de los museos.

En mayo de 2020, el ICOM había señalado que ésta era una de las tendencias en aumento, como parte de un primer informe sobre el estado de los mismos frente al cierre. La encuesta también resaltó el poco interés que la mayoría había mostrado hasta entonces por esas áreas, pues el 55.7 por ciento de los 1,600 museos encuestados no tenía personal dedicado de tiempo completo a las actividades digitales. Para octubre de 2020, un segundo informe aseguraba que la mayoría de ellos buscaba aumentar su oferta digital y repensar sus estrategias en línea. En ese momento, los servicios digitales que más habían crecido eran las colecciones en línea y las redes sociales, pero también hubo un incremento de exposiciones y eventos virtuales. La única disminución fue en los boletines. Este cambio es sintomático de que los museos están al fin replanteando sus redes sociales: el cierre de las visitas presenciales los obligó a usarlas como un verdadero canal de comunicación con sus públicos y ya no meramente como un escaparate de anuncios.

LOS MUSEOS se han dado cuenta de que las redes sociales deben ser un espacio de discusión y ésta debe seguir aun tras la reapertura, pues el público quiere ser parte de la conversación dentro y fuera de las salas. El ICOM propone que esta comunicación entre público e instituciones sirva también como apoyo para el sector educativo, igualmente golpeado por la pandemia. De esta manera, las exposiciones en línea, los eventos virtuales, las colecciones digitalizadas y las redes sociales pueden generar un nuevo ecosistema, paralelo al espacio de exhibición físico en el que cohabiten espectadores, estudiantes, curadores, directivos y todo tipo de profesionales a través de conversaciones horizontales.

La transformación digital que resalta el ICOM nos lleva a otra de las reflexiones que proponen para este 18 de mayo: la relevancia social de los museos. El impacto de las redes sociales ha ocurrido en ambos sentidos, no sólo los museos se han acercado a nosotros a través de éstas, sino que, a medida que la conversación pública se ha centrado en la paridad de género y el racismo, las instituciones han comenzado a cuestionar cómo han perpetuado dinámicas misóginas y colonialistas en nuestras sociedades.

El cierre los obligó a usar las redes sociales como un canal de comunicación y no un escaparate de anuncios

Esto coincide con otra tendencia que se ha discutido a raíz del cierre de los museos: la revisión de las colecciones. Por ejemplo, la National Portrait Gallery de Inglaterra anunció en marzo de este año que como parte de su remodelación incluirán a más personajes femeninos y mujeres artistas en sus salas. El hecho de que la equidad sea ahora prioritaria nos muestra que estos dos temas coyunturales, el empuje de la cuarta ola del feminismo en redes sociales y el confinamiento, están permeando en los museos. Sin públicos presenciales ni exposiciones temporales que montar, los curadores han tenido tiempo de revisar las bodegas con nuevas miradas e investigar los lienzos que durante décadas han quedado en el olvido.

A esto se suman también esfuerzos por descolonizar las salas y colecciones, con algunos, como el Rijksmuseum de los Países Bajos, que han creado exposiciones para señalar el vínculo entre sus grandes maestros y la esclavitud, o con la restitución de los bronces de Benín, que estaban en museos alemanes, al pueblo de Nigeria.

Finalmente, el ICOM también ha puesto en la agenda la búsqueda de nuevos modelos de negocio. Los museos son instituciones sin fines de lucro, pero la pandemia ha resaltado la necesidad de actualizar los mecanismos de procuración de fondos. Para un sector continuamente precarizado, el confinamiento podría tener consecuencias devastadoras. El propio ICOM ha calculado que diez por ciento de los museos podrían cerrar como consecuencia del Covid-19 y, por otro lado, es preocupante ver la cantidad de instituciones que han tenido que recurrir a la venta de sus colecciones para sobrevivir, desde el Colegio Real de Arte de Londres hasta el Museo Metropolitano de Nueva York.

ES IMPOSIBLE SABER a dónde irán a parar los museos tras la pandemia, pero por lo pronto el camino parece estar marcado por una mayor presencia digital, más apertura al diálogo con el público, una renovada voluntad por involucrarse socialmente y un replanteamiento de origen sobre sus modelos de financiamiento.