Foto Leonardo Carbajal La Razón
Chamín Correa llegó, el lunes pasado, a la redacción del periódico La Razón con su guitarra al hombro, como un enamorado que va a darle una serenata a la novia. Los reporteros más jóvenes nada sabían del personaje; los mayores estábamos sorprendidos: nos visitaba el fundador del trío Los Tres Caballeros (Cantoral/Gálvez/Correa), productor/arreglista de Olga Guillot, Flor Silvestre, Luis Miguel, Julio Iglesias, Enrique Guzman, Rocio Durcal, Gloria Estefan, Oscar Chávez, Juan Gabriel y Lucho Gatica, entre otros. El mejor requinto de América, grabó —a finales de los 60— los álbumes Bravo! Brubeck y Time signature con el pianista de jazz estadounidense Dave Brubeck.
“Vengo a presentarles a mi hijo Manolo. Acabamos de grabar juntos un disco: yo toco la guitarra y el requinto, él vocaliza algunos temas del repertorio de la canción hispanoamericana. Es su primera grabación, sé que puedo contar con el apoyo de ustedes, aquí estamos”, exclamó en medio de la sala, entre computadoras, diarios, folios y teléfonos. Manolo Correa sonreía tímido al lado de su padre, figura emblemática de la balada romántica y el bolero de México.
¿Qué significa este disco debut al lado de su padre?, inquirimos al primogénito. Es la materialización de un sueño. Me preparé durante muchos años, mientras estudiaba leyes en la universidad, fui tomando clases de canto: mi padre me dijo que primero un título de profesionista y después la música. Grabar con él ha sido un agasajo. No trabajé con mi padre, asumí el trabajo más allá de los afectos padre-hijo: sé que he hecho un disco con una personalidad clave en la historia de la música mexicana.
¿Está usted satisfecho con el trabajo de Manolo en este disco?, preguntamos al intérprete histórico con el requinto, de “El reloj” y “La Barca”. Sí, me siento orgulloso como padre, pero más que todo por el profesionalismo que ha demostrado Manolo en esta placa debut. Lo acompaño con la guitarra y el requinto. Es un disco íntimo, acústico, muy romántico, con temas que van de la bachata a la balada romántica, del bolero rítmico a la balada pop. Me adapté a los nuevos tiempos: ejecuto la guitarra con pasajes armónicos más frescos, quizás más propios para los oídos juveniles de hoy.
Escuchamos a un Chamín Correa desbordado en algunos momentos, incluso explotando fonologías brasileñas en algunos temas… (Nos interrumpe el vendedor de más de 5 millones de copias). Sí, he tocado la guitarra aquí con satisfacción, es el disco, de tantos que he producido, que con más empeño he trabajado. Hay de todo, quise un disco juvenil pero sin descuidar ningún detalle. Tiene usted razón: usamos percusión programada y hay un colorido muy certero y se filtra por ahí algunos retumbos brasileños. Me adapto a los requerimientos vocales que Manolo pedía en cada canción. Me rejuvenecí trabajando con mi hijo. Ambos aprendimos.
¿Cómo fue seleccionado el repertorio? Intentamos que fuera muy variado en un balance entre lo tradicional y lo moderno. Por eso aparecen dos bachatas de Juan Luis guerra —“Burbujas de amor”, “Te regalo una rosa”—, y, asimismo, dos temas de Marco Antonio Solís —“Si no te hubieras ido”, “Tu cárcel”— complementados con el popularísimo “Me va a extrañar”, de Ricardo Montaner. También aparece la notoria salsa pop “A puro dolor”. Obligué a mi padre a irse por otras rutas en el acompañamiento guitarrístico. Y asumió los arreglos con mucho entusiasmo, sobre todo en el popurrí de canciones incluido al final.
Producción musical que es recuento cordial por algunas modalidades de la canción hispanoamericana. Acústicos sobresale por la conformación instrumental de guitarra y requinto, y por una voz elocuente de tesitura vigorosa y atinada pronunciación.
A petición de los redactores, dibujantes, formadores de plana y correctores, padre e hijo desenfundaron la guitarra y concedieron dos temas, “Burbujas de amor” y “Por debajo de la mesa”: la tarde se pobló de gestos inmaculados. Chamín, de 86 años, rasgueó la guitarra como un muchacho; Manolo hizo gala de todas sus potencialidades.
Chamín Correa es fundador de
“Los Tres Caballeros”, junto con Roberto Cantoral y Leonel Gálvez en 1951.
